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¿Qué pasó con Ernst de Hanover?

¿Qué pasó con Ernst de Hanover?

Revista Jet-Set

El esposo de Carolina de Mónaco llega a los 60 años viviendo la vida loca en Ibiza y reacio a divorciarse de la princesa para no perder la mitad de su fortuna.
El heredero de la que fue una de las casas reales más poderosas de Europa se la pasa de rumba en rumba en Ibiza. Se ve viejo y acabado debido a su fuerte adicción a la bebida, que ya una vez lo llevó al coma profundo. Foto: Look Press Agency.
Por: Edición 27812/3/2014 00:00:00
Su matrimonio con la princesa Carolina lo sacó del anonimato en que vivía, pese a ser el jefe del linaje Hanover, casa que reinó hasta 1918 en el ducado de Brunswick, como parte del imperio alemán. Ernst es además pariente de la reina Isabel II de Inglaterra e incluso ocupó un lugar en la línea de sucesión de ese trono, hasta que renunció a él para poder casarse con una católica, Chantal Hochuli, su primera esposa. Hace cinco años, el príncipe fue descubierto poniéndole los cuernos a la princesa con una joven llamada Myriam Aboussahden en Tailandia, lo que al parecer desató el colapso de una pareja que ya venía mal. Desde entonces, la casa principesca de Mónaco ha guardado silencio: no ha habido un anuncio de separación ni mucho menos de divorcio, por lo cual, como lo dijo recientemente la revista alemana del corazón Bunte, “de pocos matrimonios se habla tanto como de este”.

En los últimos años, mientras que Carolina ha tenido que acudir sola a las grandes citas de la realeza y de su familia, como los dos matrimonios, civil y religioso, de su hijo Andrea Casiraghi (fruto de su segundo matrimonio con el fallecido Stefano Casiraghi) con Tatiana Santo Domingo, Ernst ha permanecido oculto. Ahora, con motivo de su llegada a los 60 años, la prensa europea destapa que él ha hecho de la disoluta isla española de Ibiza el refugio perfecto de una vida relajada, siempre acompañado de jovencitas que podrían lucir como sus hijas por su corta edad, algunas con fama de prostitutas. De acuerdo con Bunte, es un noctámbulo empedernido, que se levanta a las 11:00 de la mañana, para retomar la rumba al caer el día en las casas de los vecinos ricos de Ibiza y de la mano de la amante de turno. En esas francachelas, irónicamente, suele encontrarse con Philippe Junot, el primer marido de la princesa.

La publicación alemana recalca que Hanover empata una borrachera con otra y fue justamente eso lo que aburrió a Carolina de él. A los pocos años de casados, el alcoholismo de Ernst le hizo pasar a la estirada hija de Rainiero III y Grace Kelly los peores osos de su vida: levantó a patadas a un paparazzi que lo descubrió orinando en un sitio público en la Feria de Hanover y protagonizó otras escenas de trompadas en público. Nada fue tan bochornoso para la heredera Grimaldi como tener que asistir sola a la boda de Felipe de Borbón con Letizia Ortiz, en 2004, porque él no pudo levantarse por lo ebrio que estaba.

Un año después, en el mismo hospital donde agonizaba su suegro, Ernst estaba en coma a causa de la pancreatitis que le sobrevino por su afición a la bebida. Se salvó y aunque los médicos le prohibieron siquiera oler el trago, en los mentideros de la realeza se cuenta que retomó el alcohol como si nada y con el mismo exceso. “En los acontecimientos sociales él tomaba una copa tras otra. La pobre Carolina no lo determinaba ni le dirigía la palabra, pero era evidente que esa conducta la molestaba”, dijo un testigo. En 2011, sufrió otro grave ataque de la misma enfermedad.

Aparte de su esclarecido abolengo, Ernst en realidad nunca se ha destacado por nada, asegura Bunte. Y hoy, si puede ir entre Ibiza y su natal Alemania sin preocupaciones, es gracias a su enorme fortuna, calculada en 9 mil millones de dólares y que incluye un tesoro en joyas de arte y propiedades como el castillo de Marienburg, cerca de Hanover. El llamado “príncipe de las palizas” está tan feliz con su estilo de vida medio hippie que ya ha empezado a delegarles a sus hijos Ernst August y Christian, a quienes tuvo con Chantal Hochuli, y adoran a Carolina, algunas responsabilidades en el manejo del patrimonio de su familia. Por lo demás, se dedica a sus dos tiendas de relojes finos, pero eso es más un hobby que un trabajo.

El dinero parece ser la razón por la cual él y Carolina no terminan de definir su situación, ya que un divorcio lo obligaría a darle la mitad de su riqueza. De hecho, hay tanto dinero en juego que pese a los desaires que él le ha hecho, ella declaró a favor de él en el juicio por agresión que se le siguió en 2010 por agredir al dueño de una discoteca en Kenia. Era una manera de proteger la herencia que Ernst le dejará a la hija de los dos, la princesa Alexandra.

El jefe de la casa de Hanover, la cual también reinó en Inglaterra hasta 1901 con Victoria I, dejó a Carolina por otras, casi de la misma manera en que ellos iniciaron su relación: en los años 90, ella era amiga tanto de él como de su entonces esposa, Chantal, quien es heredera de una marca suiza de chocolates, pero un buen día se hicieron amantes y hasta hoy ella sostiene que la princesa de Mónaco le robó a su esposo.
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