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Erin Heatherton cuenta la tortura de ser un ángel de Victoria’s Secret

Erin Heatherton cuenta la tortura de ser un ángel de Victoria’s Secret

REVISTA JET-SET

La modelo denuncia que vivió en carne propia las dietas de hambre y los rigurosos entrenamientos físicos a los que la famosa marca de ropa interior somete a sus maniquíes.
Así de flaca lucía Erin en el show de Victoria’s Secret de 2013. Sin embargo, la marca le exigió bajar más de peso y eso la llevó a una severa depresión.
Por: 21/4/2016 00:00:00

Cuando desfilaba en la célebre pasarela anual de Victoria’s Secret le parecía tener el mundo a los pies de su belleza por obra de los provocadores movimientos de su silueta esbelta y ágil. El ritmo de la música, la vibración de las luces y el estallido de las ovaciones en el hotel Fontainebleau de Miami, o la Lexington Avenue Armory de Nueva York, resultaban embriagantes. Pero la resaca pronto se haría sentir.

“En los dos últimos desfiles que hice para Victoria’s Secret los representantes de la marca me exigieron perder peso. Yo me les quedé mirando como queriendo decir: ‘¿hablan en serio?’”, le contó Erin recientemente a la revista digital femenina Motto, al hablar de la amarga experiencia que llegó a ser para ella tener una de las posiciones más apetecidas en el ámbito del modelaje.

La solicitud de adelgazar le resultó descabellada porque ya estaba hecha una verdadera sílfide (pesa 55 kilos y mide 1,80 metros), gracias a un arduo entrenamiento acorde con las exigencias previas al show que, presenciado cada fin de año por espectadores de 185 países, es el programa de moda de mayor audiencia de la televisión. Para estar a la altura Erin incluso se ejercitaba dos veces al día y eso le pasó factura.

“Me deprimí muchísimo porque trabajaba muy duro y sentía que mi cuerpo se estaba resintiendo”. La obsesión por estar más flaca llegó a tanto que un día se quedó mirando el plato en la mesa y pensó: “Quizá lo mejor sea no comer y punto”. No obstante, tal idea, que pudo ser el umbral al infierno de trastornos alimenticios como la anorexia o la bulimia, marcó un punto de quiebre en su carrera. Erin resolvió no seguir con Victoria’s Secret y aquel 2013 participó por última vez en su espectáculo.

Erin Heather Bubley nació en marzo de 1989 en Skokie, un suburbio de Chicago, en el seno de una familia judía. A los 17 años se fue de vacaciones a South Beach, Miami, donde fue descubierta por el cazatalentos Arri Taylor y con su ayuda se trasladó a Nueva York, para trabajar con la Marilyn Agency en 2006, donde adoptó el nombre con el que es conocida hoy. Pronto se vio modelando la ropa de Diane von Fürstenberg, la primera gran marca que vistió, a la que siguieron Chanel, Prada, Valentino, Carolina Herrera, Etro, Moschino y muchas otras. Con ello vinieron también las portadas en revistas insignia del estilo como Marie Claire, Grazia, GQ y Harper’s Bazaar. A los dos años del inicio de su carrera desfiló por primera vez para Victoria’s Secret, que en 2010 la contrató como uno de su ángeles.

Su decepción con la marca de ropa interior femenina de mayor prestigio y ventas tenía raíces muy personales, pero también éticas. “No podía salir allí fuera, mostrando mi cuerpo y a mí misma a todas esas mujeres que me ven como un referente y decirles que se trata de algo muy fácil y simple y que todo el mundo puede hacerlo”, explicó Heatherton a Motto en las que fueron sus primeras declaraciones sobre su retiro de Victoria’s Secret.

Conocida también por haber sido novia del actor Leonardo DiCaprio, Erin contempló la posibilidad de dejar su carrera, pero lo pensó mejor y decidió, además de seguir, utilizar su fama en aras de una campaña para derribar los cánones de belleza que rigen el modelaje y que ella ahora juzga como absurdos. Está empeñada en enseñarles a sus congéneres a aceptar su figura tal como es, según lo manifestó en un texto que publicó en su cuenta de Instagram. El desequilibrio que sufrió en el gran momento de su carrera, aseguró, “me permitió convertirme en la versión más verdadera de mí misma. En la crisis, le hice frente a la adversidad. Estaba luchando con mi imagen corporal y las presiones para cumplir las demandas de perfeccionismo, pero no soy perfecta. A través de esta lucha encontré la fortaleza para quererme a mí misma”.

Erin no es la primera en hablar abiertamente del alto precio que deben pagar las maniquíes reclutadas por Victoria’s Secret, casa que espera vender este año 7.600 millones de dólares a expensas del estereotipo de que la mujer sexy viste sus creaciones y que para ello debe ser muy delgada. Otro ángel que puso al descubierto el asunto fue la brasileña Adriana Lima, quien en 2011 reveló que en las semanas previas a la pasarela anual también hace ejercicio dos veces al día y que lo sustancial no es el tiempo que pasa en el gimnasio, sino la intensidad de las rutinas, que incluyen levantamiento de pesas, salto de cuerda y boxeo.

Lo más escandaloso de las declaraciones de Lima fue lo que dio a conocer sobre la dieta que siguen ella y sus colegas para llegar súper delgadas al desfile, basada en batidos de proteínas, vitaminas, suplementos alimenticios y cuatro litros de agua diarios. Cuando el momento culminante se acerca, estos hábitos se vuelven más severos, pues las cerca de 50 modelos solo consumen licuados y medio día antes de salir al escenario no beben nada. “Ante la falta total de líquidos, te secas. A veces puedes perder hasta cuatro kilos solo con hacer eso”, concluyó Adriana Lima, quien al contrario de Erin sigue siendo ángel de este extraño cielo de millones de millones, encajes, poca tela y cero calorías llamado Victoria’s Secret.

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