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Mila Vargas es la Midas de los dulces

Mila Vargas es la Midas de los dulces

REVISTA JET-SET

La dueña de la pastelería más famosa de Cartagena, quien ha deleitado con sus postres a personalidades del mundo de la política, la realeza y el espectáculo internacionales, como Bill Clinton, la reina Victoria de Suecia y Benjamin Bratt, llega a la capital para cumplir con un anhelo: abrir la pastelería Mila en su ciudad.
En noviembre de 2015 el Concejo Distrital de Cartagena le otorgó a Mila la Orden Civil al Mérito “Cartagena patrimonio histórico y cultural de la humanidad en el grado de comendador”.
Por: 11/2/2016 00:00:00

Mila Vargas López dice que la adrenalina de restaurantera le llega hasta el punto de no querer parar. Desde 2006, cuando abrió su primera pastelería en Cartagena, ha dejado su huella en sus restaurantes y dulcerías, donde los turistas y locales simplemente ¡se dan gusto! Entrar a la pastelería Mila, Dulces Milagros, El Gallinero o a La Güera Milagrosa es para muchos “la perdición”. Mila es como el mítico rey Midas; ella convierte en oro todo lo que toca, todo lo que prepara, lo que hornea y cocina.

La bogotana de pura cepa, criada en el barrio Chicó y graduada en la Universidad de la Sabana, hacía mucho tiempo que quería tener un sitio en su ciudad. Este deseo por fin se va a cumplir: el 25 de febrero, la pastelera y panadera profesional del Instituto Mariano Moreno, de Buenos Aires, abrirá las puertas de un local con todas las de la ley. En la calle 97A con carrera 9A, detrás del Word Trade Center se servirán, entre muchos deleites, su postre estrella La Porteña, el glorioso pastel de chocolate, la sinfonía de coco, el jugo de uva y las trufas de Baileys con palomitas de la paz que siempre pide el presidente Juan Manuel Santos, cuando va a Cartagena.

Diez años de trabajo fuerte, pero dulce, han sido la escuela de Mila para llegar de nuevo a Bogotá, ahora como una empresaria de alto vuelo. Con la Orden Civil al Mérito “Cartagena patrimonio histórico y cultural de la humanidad en el grado comendador”, ella regresa triunfante. De la tímida negociante que fue engañada por una italiana, quien le pidió una asesoría culinaria que nunca le pagó, ya no queda nada. Ella fue capaz de transformar ese impasse y se quedó en la Heroica con el propósito de montar su propia empresa. Después de empezar en un pequeño local de 40 metros cuadrados y mudarse a otro de 200 en la misma Calle de la Iglesia del centro amurallado, el de Bogotá no podía ser menos: un imponente lugar de 600 metros cuadrados, que reunirá el concepto de su pastelería Mila, con Dulces milagros, y un lounge de champaña Laurent Perrier. Así tenía que ser, ella le pone su toque personal a cada cosa que hace, y quienes la conocen saben que le encanta la champaña, el postre de tres leches y la pizza.

A la capital llegarán los postres que han probado y repetido, la reina Victoria de Suecia, Bill Clinton, Benjamin Bratt, Lina Botero o Jane, la hija de Charles Chaplin, que vive hace 13 años en Cartagena y se muere por el Key lime pie. Entre sus clientes también están Raimundo Angulo, quien es consentido por ella con un cheesecake de frutos rojos dietético, y Sara Saad quien fue la primera que le pidió que le preparara una mesa de postres para su boda, toda una novedad en esa época. Pero Mila no solo es dulce, también le pone sal a la vida de sus clientes. El brunch que descrestó a Eva Longoria, cuando vino a festejar el Año Nuevo 2015, dejará con la boca abierta a más de uno, y lo mejor de todo, sin hambre. Ahora muchos caerán en la tentación, como el usuario de TripAdvisor que comentó: “Hoy almorzando donde Mila, toqué el cielo. Una posta suave, jugosa, con un delicado acento dulce a panela, impecablemente servida con arroz con coco, patacón con suero y una ligera ensalada Mila”. Y es que cada una de sus preparaciones tiene un toque celestial. Según ella, su éxito no hubiera sido posible sin la bendición de la Guadalupana, su Virgen milagrosa a quien siempre le dedica un lugar especial y la honra con flores rosadas. En Bogotá ya le construyó un altar en mármol y su imagen recibirá a los visitantes.

Su devoción mariana, al igual que el amor por la gastronomía, tiene su inicio en los días de infancia en la finca de su abuela materna. A Mila le tranquilizaba rezar frente a la Virgen de Fátima y le encantaba el olor que salía de la cocina. En los tiempos de estudiante fue famosa en el colegio con sus brownies y en la universidad no duraban ni un suspiro los postres que llevaba. De su abuelo paterno, Martín “el Gallino” Vargas, aprendió que esas plumíferas son símbolo de prosperidad, y por eso siempre reposan sus figuras en las vitrinas, en las fachadas y en los delantales. Ante la apertura en Bogotá es evidente que la prosperidad la acompaña y su carrera como restaurantera va viento en popa. Sin ningún reparo y con las manos en la masa, como a ella le gusta andar, Mila ya empezó a pensar en ampliar sus negocios. Miami, México, Panamá y su adorada Nueva York serán sus próximos destinos.

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