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Ellos son los catadores de droga

Ellos son los catadores de droga

REVISTA JET-SET

Con los creadores de Échele cabeza, la rumba capitalina es más segura. Desde hace seis años este grupo de profesionales, menores de 40 años y que se declaran consumidores de sustancias psicoactivas, examinan el éxtasis, la cocaína y el LSD que la gente va a consumir y los alertan de los riesgos. Son pioneros en América Latina en este tipo de análisis.
Los cerebros de Échele cabeza: Julián Quintero, Vanessa Morris y Julián Molina, le piden a la Secretaría de Salud de Bogotá que les devuelva el apoyo que les quitó en diciembre de 2015.
Por: 30/6/2016 00:00:00

Vanessa Morris, Julián Quintero y Julián Molina, los creadores de Échele cabeza, siempre han estado en el ojo del huracán y lo saben. Algunos creen que el proyecto de estos profesionales, de testear las drogas que consume la gente en la rumba capitalina, es una forma de promover el consumo. Para otros, lo que ellos hacen es darles tranquilidad a los usuarios de este tipo de sustancias, quienes no tienen otra forma de saber si lo que les vendieron es real. “Los drogadictos existen con o sin nosotros. Lo que hacemos es brindarles información para que se traben de una manera segura. Nuestra labor como humanistas y personas a las que nos preocupa el país es buscar soluciones a los problemas. Llevamos más de 40 años tratando de encontrarle una salida al tema de las drogas, sin resultado”, dice Julián Quintero, sociólogo de la Universidad Nacional. Ellos son consumidores habituales de este tipo de sustancias y echan mano de su experiencia para hablarles a los jóvenes de los riesgos que corren si se toman una pepa de éxtasis adulterada o se echan un pase de lo que les vendieron como cocaína sin serlo. “La mayoría de campañas de prevención fracasan porque quienes las hacen no se han drogado ni una sola vez. El Estado ya entendió que si van a una fiesta y ponen un stand con un médico, una enfermera y un policía, nadie se le arrima”, recalca Quintero. Durante un tiempo recibieron el apoyo económico de la administración del exalcalde Gustavo Petro, a través de la Secretaría de Salud de Bogotá, pero desde diciembre de 2015 les quitaron los recursos y ahora están buscando financiación. “El servicio que prestamos es gratuito y esperamos que siga siendo así”, dicen casi en coro. Atienden todas las tardes en su sede en el barrio Belalcázar y están presentes en los festivales más importantes de Bogotá como Rock al Parque, Estéreo Picnic y Hip Hop al Parque. Hace dos meses estuvieron en Baum. Allí, una pareja de 19 años, con pinta de ñoños, se acercó sin pudor y sacó de una pequeña bolsa tres pepas rosadas de éxtasis con forma de fantasmas. Detrás, un grupo de cinco amigos mostraron un cartón de LSD estampado con figuras geométricas. Le entregan las pepas y el cartón a un voluntario de Échele cabeza y llenan un registro con datos básicos: su edad, qué sustancia trae, si ya la habían consumido antes, dónde la compraron y cuánto pagaron por ella. Los expertos toman una pequeña muestra de las pepas y el LSD. Mientras tanto, en un laboratorio improvisado en una mesa y a la vista de todos, Vannesa Morris, coordinadora general de Échele cabeza, y Julián Molina, químico farmacéutico de la Nacional, le hacen un examen de colorimetría al MDMA para saber si es tal o no. “El color debería ser negro y en este caso dio naranja, que son anfetaminas”, muestra Molina. Veinte minutos después, los novios llegan por los resultados, y otro voluntario de Échele cabeza les recomienda no consumirlas. Aunque su cara de desilusión es evidente, siguen el consejo. “El 85 % de la gente a la que le sugerimos no tomársela la desecha”, cuenta Molina. Mientras esto ocurre, el grupo de amigos espera ansioso el resultado del LSD. Al saber que dio positivo, celebran como si la selección Colombia acabara de meter un gol: se abrazan, gritan y uno dice: “Hay que seguirle comprando la droga a ese man porque es buena”. El experto les sugiere consumirla con prudencia, tomar mucha agua para no deshidratarse, y no combinarla con alcohol u otras drogas. Con las instrucciones claras, siguen la rumba felices. A pocos metros, tres policías miran la escena sin poder hacer nada, ya que en Colombia está permitido el porte y consumo de la dosis mínima. “Nosotros tenemos los permisos del Fondo Nacional de Estupefacientes para manejar este tipo de sustancias”, dice el químico. Durante la tarde llegan más jóvenes a testear su droga, entre ellos dos argentinos de aproximadamente 30 años, quienes manifiestan su interés en replicar este procedimiento en su país, donde en abril murieron cinco personas por consumir éxtasis en la fiesta electrónica Time Warp. Como ellos, muchos extranjeros quieren que les examinen sus sustancias. “Algunos traen pepas con el sello de una farmacéutica y nos toca decirles que los estafaron”, afirma Julián Quintero. Después de analizar 240 muestras en un solo día, los expertos de Échele cabeza se van a dormir cansados pero con la tranquilidad de haber salvado muchas vidas.

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