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Jineth Bedoya es la voz de las mujeres abusadas

Jineth Bedoya es la voz de las mujeres abusadas

REVISTA JET-SET

La subeditora de El Tiempo, reconocida mundialmente por su lucha a favor de los derechos de las mujeres sobrevivientes de la violencia sexual, acaba de ser galardonada por el Círculo de Periodistas de Bogotá con el Premio al Mérito Periodístico.
El próximo 25 de mayo, Día Nacional por la Dignidad de las Víctimas de Violencia Sexual, vendrán por primera vez al país mujeres sobrevivientes de la violencia sexual en África, Europa y América, invitadas por Jineth.
Por: 24/2/2016 00:00:00

Su figura menuda, que no alcanza al metro y medio de estatura, se agranda cuando empieza a hablar. Jineth Bedoya Lima, la periodista que hace cinco años tuvo la valentía de decir públicamente que fue víctima de abuso sexual, es un huracán de sensaciones y proyectos. Cada día que ha pasado desde el 25 de mayo de 2000, cuando fue secuestrada, torturada y violada por los paramilitares, ha sido un escalón en su lucha por salir adelante. De la depresión que la llevó a considerar el suicidio no queda el más mínimo rastro. Su vida tomó sentido cuando descubrió, gracias al llamado de alerta de Luz Nelly Lima, su mamá, que su misión era ayudar a las mujeres que han pasado por su misma situación. La bogotana de 41 años es la gestora de la campaña No es hora de callar, con la que recorre el país alentando a las mujeres sobrevivientes de la violencia sexual, y por la cual ha recibido el reconocimiento de grandes líderes mundiales como Michelle Obama, Hillary Clinton, Angelina Jolie y la organización de las seis mujeres nobeles de Paz: Jody Williams, Shirin Ebadi, Wangari Maathai, Rigoberta Menchú, Betty Williams y Mairead Corrigan-Maguire, quienes la invitaron a ser parte de la dirección de su campaña mundial en contra de la violencia sexual.

Su secuestro y violación ocurrieron en mayo de 2000, ¿por qué esperó 11 años para contárselo a Colombia? –No era fácil. En 2009 y 2010 ya había hablado públicamente del caso en España, Estados Unidos e Inglaterra. Antes me aferré al periodismo como una manera de escape, pero al dar la entrevista a Manuel Teodoro en Séptimo día me pusieron la verdad en las manos y no me sentí capaz de soportarlo. Casi me cuesta la vida porque la idea del suicidio llegó con muchísima fuerza. Todo coincidió con la audiencia de la Fiscalía en la que identifiqué a uno de los violadores. Esa fue la gota que rebosó la copa. Cuando fui al médico supe que tenía gastroenteritis, desnutrición en grado tres, quistes de amebas en el estómago y que pesaba 39 kilos.

¿Ahora qué momento de su vida está viviendo? –No creo todo lo que he logrado, me sigo sintiendo como la reportera de hace 20 años, pero ya no soy eso. Roberto Pombo, director de El Tiempo, ha sido incondicional conmigo y buscó un cargo para que me pudiera mover, viajar, hacer activismo y periodismo. Al mismo tiempo, con la campaña que lidero, No es hora de callar, hemos conseguido que el país entienda que la violencia sexual es uno de los atropellos más graves que se cometen en Colombia. El presidente Juan Manuel Santos declaró la fecha de mi secuestro, el 25 de mayo, como el Día Nacional por la Dignidad de las Víctimas de Violencia Sexual.

¿Qué piensa de los casos como el que denunció Astrid Cristancho, la exsecretaria del Defensor del pueblo Jorge Armando Otálora? –Hace poco hablé con Astrid y le dije que lo más difícil no iba a ser ese episodio de acoso, sino lo que vendría de la gente. La sociedad no tiene la dimensión de lo que es la violencia contra las mujeres: Te despedazan, dicen que fue por tu culpa, que eres una buscona o trepadora. Las mujeres como ella son extremadamente valientes porque saben que lo que generó la situación no es culpa suya, sino de un sistema machista, patriarcal e intolerante.

Le han contado muchos casos, diferentes mujeres... –No siempre son casos de las mujeres de los Montes de María o del Putumayo, sino de personas a las que uno nunca pensó que les pudiera pasar. Puedo mencionar dos que me impactaron, sin decir los nombres: Uno de una modelo muy conocida que me llamó una noche a pedirme ayuda porque el novio de su mejor amiga, quien también es modelo, la estaba golpeando. Nos fuimos a las 11:00 pm con mis escoltas a tratar de rescatarla y cuando llegamos el tipo le había destrozado la cara. Llamamos a la policía, lo judicializaron y a los 10 días quedó libre. El otro es de una empresaria, también reconocida, que se me acercó en un evento de belleza al que me invitaron el año pasado. “Te he visto en los medios de comunicación, y hoy después de veinte años he tomado la decisión de no seguir con la farsa de mi matrimonio. Siempre lo mantuve de cara a las sociales de las revistas, a pesar que mi esposo me encerraba en la casa y creía que era mi dueño”. La violencia contra las mujeres no tiene estrato social.

¿A qué le sabe el perdón que le pidió uno de sus agresores, el exparamilitar Mario Jaimes Mejía, alias El panadero? –Para mí fue una puñalada porque ese perdón vino acompañado de la petición de una persona que ha hecho mucho daño y que seguramente lo seguirá haciendo. Me dice que no abandone a las víctimas de la cárcel, y ese señor no sabe nada de mi vida después del secuestro. Pero igual no quiero guardar odio; no sería consecuente con lo que les digo a las mujeres: El cambio no se puede hacer desde la rabia porque sería algo construido sobre cimientos de barro.

Ha publicado siete libros, y ninguno es acerca de su secuestro y violación, ¿por qué? –Aún no es el momento de escribir mi historia pero sé que debo hacerlo. El capítulo de apertura de Te hablo desde la prisión (2006) es un pedacito de lo que pasó el día de mi secuestro que usé para contar cuán grave era la corrupción en las cárceles, en donde hasta un periodista podía ser raptado. Debo seguir con el proceso de transformación de mi dolor, no olvidarlo, para poder escribir desde lo positivo. No hay nada que pueda reparar mejor un daño que aprender a transformarlo.

¿Ha guardado algunos escritos en todos estos años? –He hecho una especie de diario en diferentes momentos. Cuando escribí en Barcelona el primer capítulo de Te hablo desde la prisión entré en una confrontación tan fuerte que cuando llegué a Colombia lo rompí todo. Las cosas han cambiado; hoy ya puedo hacer esta entrevista y no terminar consumida en el llanto. Hace cinco años era imposible.

¿Qué es lo más bonito que le han dicho últimamente? –El Premio al Mérito Periodístico que me dio el Círculo de Periodistas de Bogotá, es algo que quienes nos dedicamos a este oficio esperamos recibir. Siento que me lo dieron muy joven, solo tengo 41 años. Pero han venido muchas frases lindas detrás de ese reconocimiento: “Una mujer valiente no puede merecer algo mejor que eso”.

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