Suscríbase

Reciba en su correo nuestras noticias y entérese de lo último de los famosos.

Pablo Felipe Robledo es la cuchilla de los empresarios

Pablo Felipe Robledo es la cuchilla de los empresarios

REVISTA JET-SET

El superintendente de Industria y Comercio se ha convertido en noticia todos los días, debido a su severa gestión contra los carteles empresariales, la cual después de tres años suma un billón de pesos en sanciones. Es adicto al trabajo, estricto en sus apreciaciones y buen conversador. Pudo haber sido tenista profesional, pero hoy le agradece a su padre haberlo desanimado; de lo contrario, su historia sería otra.
Su labor en la Superintendencia ha sido tan severa como mediática, por los temas en que se ha metido y las sanciones que ha impuesto. Tiene fama de ser estricto, obsesivo y trabajador compulsivo, tal vez herencias de sus exjefes Ramiro Bejarano y Germán Vargas Lleras.
Por: 17/12/2015 00:00:00
En 2013, cuando fue nombrado por primera vez personaje del año por la revista Semana, no era ni la cuarta parte del superintendente en que se ha convertido. Por esos días de diciembre, los columnistas lo catalogaban de “valiente” por haberle impuesto una sanción de 87.000 millones de pesos a Claro por “abusar de su posición de dominio”. Estaba recién nombrado en la SIC y empezaba a dar muestras de lo que sería su severa gestión. 
Desde entonces, su labor de sabueso contra los carteles empresariales no ha tenido tregua y han sido tan comentadas sus investigaciones como el monto de las sanciones: cemento, pañales, servilletas, cuadernos y azúcar. Robledo se ha enfrentado sin pestañear a firmas que eran consideradas “intocables”, con la convicción de que lo hace por el bien de los consumidores y, a la postre, para la economía del país. 
Mientras tanto, gana simpatizantes pero también muchos y muy importantes contradictores. Pero él es riguroso y defiende su posición con vehemencia: “Tengo claro que hay unas reglas y leyes que nadie, por poderoso que sea, puede sentirse con derecho a violar. Y eso tiene que tener unas consecuencias”.
Este diciembre, repitió en la baraja de personajes del año en varios medios de comunicación y en una posición importante. Está empoderado y siente que ha valido la pena el esfuerzo. Ya no es el jefe furioso al que le dan las 5:00 de la mañana trabajando, porque tiene claro cómo funciona “la Súper”; confía en su equipo de asesores, goza de una buena relación con los superintendentes delegados y aprendió a llevarse el trabajo para la casa. 
Con su gestión, la Superintendencia ha ganado visibilidad y siente que la prueba del cambio tuvo lugar hace un par de semanas, cuando el presidente de Falabella, Rodrigo Fajardo, lo llamó para poner el almacén a su disposición, porque en las redes sociales se armó una gran polémica debido a los precios de su llamado “Madrugón”. “Esto no pasaba antes. Y cuando estas cosas suceden, la entidad está dispuesta a oír y, si es el caso, a ayudar”. 
Ahora, y solo ahora, agradece que su padre, Gustavo Robledo, se hubiera dado cuenta, cuando era un adolescente, de que no habría sido tan buen tenista porque, en lo que a él respecta, estaba decidido a ser un deportista profesional y la historia hoy sería otra. Al final, no fue tan difícil cambiar el tenis por el derecho.
Estudió en el Externado y confiesa que aunque le iba bien, solo era excelente en una materia: Derecho Procesal. Su profesor era Ramiro Bejarano, el más cuchilla de la universidad, pero terminó eximido de la materia y nombrado en el DAS secretario privado de su maestro. Allí hizo sus primeros pinos como profesional y en el sector público que después abandonó durante 15 años para dedicarse a la docencia y al litigio, hasta que Germán Vargas Lleras lo llamó para ser su viceministro de Justicia. De Vargas, dice, aprendió a trabajar más de lo que ya trabajaba: “Le digo de verdad, yo que he sido un tipo muy trabajador, nunca había trabajado tanto, ni antes ni después de ese año en que fui viceministro. Prácticamente no dormía. Aprendí con él que en la vida no hay que echar globos sino ejecutar”. 
Claro, después del desmayo del vicepresidente en Santander, él y algunos miembros del Gobierno empiezan a mermarle a la actividad, a comer más sano y a pensar seriamente en su salud. Robledo tiene la ventaja de que nunca abandonó el tenis y los fines de semana, sin falta, juega con sus hijos, Martín y Pablo, que son tan dedicados y buenos deportistas como él. 
El superintendente conserva algunos de los amigos que crecieron con él en el colegio de Pereira, donde vivió desde que era un niño porque su padre decidió mudarse con toda la familia de Manizales cuando fue elegido senador. Dicen que tiene buenos tragos, que es un gran conversador, que tiene “tumbao” para bailar y alguna vez, en una encuesta informal entre periodistas fue escogido entre los más guapos de la administración Santos. Él debió haberse sonrojado, porque aunque no lo parezca, en ocasiones se le sube a la cara cierta timidez. 
El próximo año intensificará la batalla contra la publicidad engañosa que empezó hace unas semanas al formular pliego de cargos contra varias marcas como Cicatricure, Tío Nacho, Asepxia y otras que califica de “productos milagro”. “No hay derecho –dice– que engañen a la gente promocionando productos con mentiras. En la Súper diseñamos un plan estratégico que se consolidará en 2016 para combatir este problema”. Que se tengan los implicados.

LO MÁS VISTO