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Las clases de historia de Daniel Samper Pizano

Las clases de historia de Daniel Samper Pizano

REVISTA JET-SET

El nuevo libro de Daniel Samper Pizano, que está entre los diez más vendidos en Colombia, repasa 5000 años de historia del “puto” mundo, como lo llama con su corrosivo humor. En el texto, el periodista le vaticina a la humanidad un panorama poco esperanzador y muestra a Einstein como un maltratador de mujeres y a Marx como un adúltero.
En la portada del libro, Matador ilustró a Daniel con una pequeña hoja de parra. “Se vengó de esta manera porque no le perdoné una deuda de plata”, dijo el periodista.
Por: 17/12/2015 00:00:00
El atentado que sufrió el semanario satírico francés Charlie Hebdo, a principios de este año, puso sobre el tapete el debate sobre los límites del humor. Para el periodista Daniel Samper Pizano nadie merece morir por un chiste y bajo esa premisa publicó en su nuevo libro, Breve historia de este puto mundo, una ilustración de Mahoma, hecha por Matador, con un letrero que dice “Je suis Charlie”. En el texto, el periodista muestra un panorama desalentador de lo que le espera a la humanidad, después de todos estos actos violentos. Así habló con Jet-set
¿Es un libro para que sus nietos aprendan de historia? –Espero que lo lean, tengo nietos desde los 22 años hasta los 6. Lo del “puto” –en el título– es sugerencia de mis nietas chiquitas, los niños son los que saben más malas palabras. A mí me da risa cuando critican eso, esas palabras que forman parte de nuestro acervo popular. “Puto mundo” quiere decir: “Aquí nos tocó, en este puto mundo, y no tenemos más alternativa que reírnos”.
¿Es una guía para el estudiante vago? –Sin duda, el estudiante vago que se lea esto ya tuvo un panorama completo de la historia del mundo y de los personajes que han influido. No sabrá si algunas cosas son verdad o mentira, como yo tampoco lo sé. No son muchos los que compran un libro de la historia del mundo y se sientan a leerlo; este, por lo menos, les va a dar la oportunidad de reírse un poco. 
¿Cuáles son esos hechos reales que parecen mentiras? –Un tipo del que tenemos muy buena imagen es Einstein, un gran científico. Él parecía un viejito simpático y chirriado, sacaba la lengua cuando le tomaban fotos, pero era un maltratador de su mujer, absolutamente despreciable, un pésimo marido. Yo publico en el libro una serie de cláusulas que él le impuso a ella que pareciera que fueran mentiras, pero son rigurosamente ciertas. 
¿Qué otras curiosidades encontró? –En el capítulo de la filosofía griega hay tres páginas de barbaridades que decían los grandes filósofos: Aristóteles, que era un tipo genial, se detiene en unas pendejadas increíbles, por ejemplo: que si uno le da vino a los loros se ponen insolentes. Se preguntaba por qué la gente, cuando ve bostezar, bosteza; y orina, cuando ve orinar. Y dice paladinamente que la mujer es inferior al hombre. Cuando uno lee esto, dicho por los grandes pensadores de la civilización occidental, se echa bendiciones.
En su libro insinúa que Alejandro Magno era gay. –Eso se dice pero hay que entender las circunstancias. Lo primero que tengo que decir es que no tengo nada en contra de los gays; es más, me encantan porque nos quitan competencias. Cada vez que veo un gay bien plantado pienso: “Qué maravilla, uno menos”. En esa época había un aprecio y una admiración por los efebos y por los tipos muy valientes, que se manifestaba incluso sexualmente. De ahí que machos como Alejandro Magno, que tuvo varias mujeres, también tuviera aventuritas con sus soldados. También está el caso de Julio César, de quien se decía que era el marido de todas las mujeres y la mujer de todos los maridos. Por eso, Matador lo pinta bien con una faldita medio travesti. 
¿Y Simón Bolívar era tan mujeriego como dicen? –Sí, Simón Bolívar tenía dos partes muy afiladas: una era la de atrás, lo llamaban “Culo de Hierro”, porque cada vez que hacía una diligencia tenía que montar miles de kilómetros a caballo. Y la otra era que para dejar el nombre de Colombia en alto tenía muchas novias y amantes. Así lo explica su gran mentor Francisco Miranda, el primer gran prócer suramericano, quien también era un tipo muy dado a la conquista, tanto que enamoró a Catalina la Grande. Claro que eso no era tan difícil, la habría conquistado hasta Álvaro Uribe. 
¿Todo nació con Adán y Eva? –No, esa es una metáfora de la Biblia muy bonita que se presta para hacer películas y cuadros maravillosos, como los de la Capilla Sixtina. Es sorprendente como fábula, ahora hay gente que se lo cree a pie juntillas. Todos los creacionistas piensan que Dios dijo: “Hágase…”, y en siete días estaba hecho todo. Es una tontería pensar que eso tiene algún valor científico, lo triste es que hay gente que no lo entiende. Por ejemplo, los conservadores norteamericanos exigen que en los colegios de Estados Unidos se enseñe que un Dios nos creó.
¿Qué tanto hemos evolucionado? –El ser humano tiene cosas extraordinarias: es capaz de hacer unos libros y unos poemas maravillosos y de haber logrado la evolución de la ciencia. Se queda uno asombrado de lo que ha pasado en dos siglos: el avión, el internet, la radio, la televisión, las fotos, la medicina a través de cateterismo. Pero, por desgracia, mientras que el progreso material ha ido en jet, el ético ha ido a pie o está retrocediendo. 
¿En Colombia, hay personajes que siguen en la prehistoria? –Sí, tenemos el “hommo procuradoris”. Un señor que quemaba libros y que veta ilegalmente a aquellos con los que no comparte su ideología, como Piedad Córdoba, Alonso Salazar o Petro. Es un hombre de las cavernas. Y también son cavernícolas los que votaron por él. Era muy claro que no se podía llevar una persona de esas condiciones mentales de atraso y de esa obsesión religiosa a un cargo tan importante y lo estamos pagando caro. Ha sido un obstáculo permanente para la paz y la coexistencia pacífica de las ideas en Colombia. 
¿Hemos evolucionado lo suficiente para lograr un proceso de paz? –Eso sería una evolución muy importante. Yo creo que se firmará, lo que pasa es que con la firma solo habremos llegado al punto donde arranca la carrera, y allí empieza lo más complicado que es construir las bases: hay que desarmar los espíritus, dar empleo a la gente que va a quedar cesante y que solo sabe usar armas. También se debe inundar de comprensión a los demás ciudadanos para que sepan que hay tipos que estuvieron matando hasta hace poco y que ahora van a estar en la sociedad. Sin eso, nuestros nietos nunca verán la paz. 
Tiene poca fe en el futuro. –Cómo no nos va a aplastar un mundo con unos líderes políticos tan mediocres en general, y armados con unas bombas poderosísimas capaces de desatar una catástrofe nuclear en pocos días. Un error o una perversión y aquí se arma la de Dios es Cristo, y no queda nadie vivo. Cada vez hay más locos y aquellas que deberían ser ideas o propósitos nobles, como la religión, se convierten en armas para seguir acabando con más gente, como lo hizo el cristianismo y ahora el extremismo islámico. 
¿No le da miedo que le pase lo de Charlie Hebdo? –En el libro hay una caricatura de Mahoma, por eso doy la dirección de la casa de Matador, para que vayan y lo busquen a él y no me jodan a mí. Esa caricatura en Francia es pena de muerte para los dos autores; aquí no, afortunadamente. Pienso que no hay ningún chiste por el que uno merezca que lo maten. Ahora bien, hay chistes que en ciertos lugares o momentos no es bueno hacerlos. Un límite para el humor es el buen gusto y otro las circunstancias o el auditorio. Lo que no acepto es que esos límites se los ponga a uno la Alcaldía, el Congreso o las damas católicas de Bogotá. 
¿De todo lo que leyó, cuál personaje histórico lo descrestó? –Marx. Me parece interesantísimo cómo un tipo tan solemne y cruel, era tan divertido en su vida cotidiana y familiar. Él tuvo un hijo con la empleada doméstica, y su gran amigo Engels, un tipo de mucho dinero, le dijo: “Tranquilo, Carlos, yo voy a decir que el niño es mío”, y entonces no hubo ningún problema. Carlos le dijo a la mujer: “Qué vaina, Engels preñó a la muchacha”. La gente decía: “Ahí va Engelsito”, pero era idéntico a Marx. Yo veo a Marx como uno de los pensadores políticos más importantes que ha tenido la humanidad en los últimos 20 siglos. Era un guerrillero del Chicó, escribió varios de los más sólidos textos sobre la libertad de prensa y cuando estaba en Alemania luchó contra la censura. 
¿Qué personaje de la historia le hubiera gustado ser? –No, yo quisiera ser una mezcla de Brad Pitt, Carlos Vives, Mario Vargas Llosa y Lionel Messi. 
¿Qué hecho histórico lo marcó? –Nací en 1945, año en el que explotó la primera bomba atómica. En general me han impactado mucho las guerras y los dictadores. No tengo ninguna admiración por los guerreros, al contrario. Me impresionó muy desfavorablemente Napoleón Bonaparte. Ese señor mandó a la guerra a la juventud de Europa y hay que abonarle miles de muertos. Ya hay muchos textos que lo critican, pero ahí sigue su tumba en París como uno de los grandes monumentos. 
En la portada del libro hay una caricatura suya con una hoja de parra. –Esta es una calumnia infame de Matador que resolvió pintarme una hoja chiquitica, porque no le quise perdonar una deuda de plata que teníamos, y se vengó de esta manera. Luego traté de hablar con los de la editorial Random House y me dijeron que ellos respetan la libertad de los creadores. Sin embargo, tengo una declaración jurada de mi urólogo, el doctor Gómez, donde dice que esta portada es un atentado.
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