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El periodista Adolfo Zableh habla de lo que nadie habla

El periodista Adolfo Zableh habla de lo que nadie habla

REVISTA JET-SET

El periodista Adolfo Zableh contó en su columna de El Tiempo que fue víctima de abuso sexual a los 5 años. Su testimonio generó una avalancha de mensajes de apoyo en sus redes sociales, donde lo califican de valiente por contar una situación tan íntima. Algunos, sin embargo, creen que es una estrategia para figurar y sumar lectores.
Adolfo cuenta que con el proceso de sanación que ha hecho ahora tartamudea menos, aunque reconoce que todavía le falta disciplina para conectar lo que piensa con lo que dice.
Por: 11/2/2016 00:00:00

“Yo también fui abusado cuando tenía 5 años”, le contó el columnista Adolfo Zableh a una amiga después de salir de ver la película Spotlight, que cuenta cómo unos periodistas del Boston Globe destaparon los escándalos de pederastia cometidos durante décadas por los curas de Massachussets. Luego de decírselo, sintió que se había liberado de un peso enorme que llevaba en los hombros, por eso decidió compartirlo con sus lectores. Zableh había escrito la columna hace un año bajo el título de “De eso no se habla”, pero la guardó porque en ese momento no se sentía listo para revelar un episodio tan escabroso de su vida que es además el origen de su tartamudeo. El barranquillero de 41 años dice que lo hizo como parte de un proceso personal y no por convertirse en un abanderado de la lucha contra el abuso sexual infantil en Colombia. Así habló con Jet-set.

¿Por qué contó que había sido abusado? –Hablé porque quería hacer público un tema de mi vida que era muy importante y sentía que contándolo me iba a liberar.

¿Por qué ahora y no antes? –Porque no estaba listo. Yo llevo un proceso de año y medio en sesiones con psicólogo, meditación, retiros espirituales y yagé. Simplemente sentí que ya era un momento de dejar de fingir, de ser esa persona insensible, sarcástica y cínica, que se caga en todo el mundo; estaba cansado de ese personaje que realmente me estaba causando problemas.

¿Qué problemas? –Más que todo conmigo mismo, aunque también con la gente. Ahora no digo que estoy del otro lado, este es un proceso que nunca termina, pero claramente no soy la persona que era hace seis meses o dos años, y no volvería a hacerlo ni por el carajo.

¿Y cómo fue su experiencia con el yagé? –Fui tres veces, la tercera sentí que no me sirvió y por eso lo suspendí. La primera vez fue impresionante porque me demostró que llevaba ciego muchos años. El yagé es como si te pusieran un espejo y te vieras el alma ahí. Yo vi la casa de mis abuelos y una mano negra, como cubierta en petróleo, que se me acercaba y yo me corría. Esa vez dije, en voz alta, que quería dar amor, esa fue una gran revelación.

En la columna cuenta que tenía 5 años cuando abusaron de usted. ¿Qué recuerdos tiene? –Ninguno, lo bloqueé completamente. A mí me contó mi mamá cuando yo tenía 25 años, si no me hubiera contado, aún no sabría por qué tartamudeo ni nunca me lo habría cuestionado.

¿El abuso es el origen de su tartamudez? –Sí, se hizo evidente a los 5 o 6 años. El asunto es que con el manejo que se le dio en mi casa al tema, se acrecentó. El tartamudeo no es otra cosa que miedo a la gente, a la vida, a mí mismo. Aprendí que tartamudeando podía evadir ciertas cosas como que no me pegaran o no me preguntaran la lección en el colegio. Era muy chévere pasar de agache, conmigo no se metían porque “pobrecito, el niño tartamudo”. Por ejemplo, para el periodismo me sirve: muchas veces he conseguido entrevistas porque tartamudeo y el entrevistado se apiada de mí.

¿Y ha sufrido bullying por eso? –Toda la vida. En el colegio me decían “Metralleta”. Al principio me cohibía o me enojaba, después opté por reírme y hacer chistes de mí, eso le bajaba la tensión a la cosa.

En su columna dice que los efectos del abuso habrían podido ser peores… –Lo digo porque no tengo problemas con mi sexualidad, no me perdí en el vicio, ni nunca me he querido suicidar. Siempre he pensado que la vida es hermosa y que ojalá uno pudiera vivir 200 años. He hecho lo que he querido, tengo amigos, familia, me va bien. Pude ser un hombre superoscuro, sin rumbo; pero afortunadamente no ha sido así. Digamos que mi estado anímico sufrió, me deprimía y ni siquiera sabía por qué, había épocas en las que no me gustaba salir de la casa, decía que la calle no tenía nada que ofrecer y eso no era otra cosa que miedo.

¿Enterarse de que había sido abusado cambió su precepción del amor y el sexo? –Lo que pasa es que en ese momento estaba muy cerrado, no me permitía sentir: era de los que atacaba para que no me atacaran, rompía el corazón para que no me lo rompieran. En mi relación con las mujeres buscaba a la madre que no tenía, y claramente me aburría porque no eran mi mamá, ni estaban en la obligación de actuar como ella, por eso me desmotivaba y me desenamoraba muy fácil.

En su columna dice que la relación con su mamá era complicada. –Era malísima, yo estaba esperando que se muriera para liberarme. Fue en su momento una gran madre, pero tenía problemas que le trasladaba a sus hijos. Crecí con mucho resentimiento hacia ella y eso se fue ahondando. El año pasado, después de un proceso que me costó sangre y llanto, entendí que tenía que reparar esa relación. Ella vive por fuera, la fui a visitar y la pasamos muy bien: hablamos y hasta tomamos ron juntos, algo que nunca imaginé que pasara. Volvimos a ser como madre e hijo.

¿Cuál fue el motor que lo hizo cambiar? –El detonante fue la mujer de la que estoy enamorado. Sino fuera por ella, de golpe lo habría hecho de otra manera, en otro tiempo o por un incidente que no tuviera nada que ver con el amor, pero fue así.

¿Su abusador es una persona cercana? –Esa es una cosa que hace parte de mi vida privada y no quiero contar ni involucrar a nadie.

¿Ya perdonó a su abusador? –Sí, después de que me contaron hablé con esa persona en varias oportunidades, pero de otros temas. Hace años no la veo.

¿No ha pensado en enfrentarlo? –En algún momento pasará, no es fácil. Igual esa persona está casada y tiene familia.

¿Por qué contar un detalle tan íntimo en una columna? –Yo he ido construyendo un personaje, casi una marca, y lo hago a veces como un grito de auxilio o por un deseo de figurar.

O sea que sí hay algo de protagonismo… – Claro, yo nunca lo he negado.

¿Hay algún límite? –No me quiero exponer más. Si leen bien la columna solo hay una frase donde dice que abusaron de mí a los 5 años; de resto, hablo del abuso en general. Otra persona en mi caso, aparte de confesarlo, también contaría la experiencia con detalles. En las redes le dicen que es un valiente por contarlo. ¿Qué piensa? –Lo hice por mí y por un deseo muy egoísta de liberarme, nada más. No creo que sea un valiente; en general, hablo de lo que a la gente le incomoda hablar, y eso fue lo que hice, decir las cosas tal cual son. En este país, muchas víctimas del abuso guardan silencio... Sí, son filas. La verdad en este país se da mucho y la gente no denuncia por miedo o porque no lo consideran tan grave. Todo se maneja por debajo de cuerda. Pero uno tiene la percepción que en Colombia ahora se denuncian más estos casos; por ejemplo, lo que pasó con el Defensor del Pueblo. –Colombia está en el siglo XIX, tenemos entre dos y cuatro siglos de atraso, siendo benévolos. Somos un país machista, clasista, racista, feudal y eso se ve en cosas como estas. Igual, en países del primer mundo el tema del abuso es escabroso. A todos les gusta el sexo, pero no hablan de eso porque les da vergüenza. La gente es infiel, se emborracha y lo hace detrás de un carro, pero posan de que solo lo hacen en la habitación y con una pareja estable. No soy ningún maniático sexual, ni mucho menos. Mi vida íntima es muy estándar y he hecho mis locuras como cualquier persona. De hecho, en este momento estoy buscando más conexiones espirituales que físicas porque un orgasmo se lo puede dar uno solo, pero cuando encuentra gente con la que realmente se conecta, es invaluable.

A propósito, ¿qué piensa de lo que pasó con Jorge Armando Otálora? –Él dice que su único pecado fue enamorarse, pero eso no es amor, es lujuria, que es un sentimiento igual de válido. No hay que disfrazar de amor algo que no lo es; si se quería acostar con ella que lo diga y ya. Uno no le manda una foto del pene a una vieja de la que está enamorado, le manda rosas. Creo que ellos sí tuvieron una relación y ella en algún momento dijo: “No más” y él no cesó. Igual solo conozco lo que ha salido en los medios.

¿A raíz de su columna se le han acercado personas abusadas? –Cuando uno abre el corazón, la gente se abre. Me han llegado muchos correos, mensajes de texto y WhatsApp de gente que conozco o que no –familiares, amigos de infancia y hasta famosos– que han sido abusados. Trato de escribirles a todos, pero tampoco me quiero convertir en un abanderado de este tema o en el símbolo de los abusados en Colombia. Solo soy una persona que escribe, no quiero volver el abuso un tema recurrente, lo conté y ya. La semana pasada tuve un momento en que dije: “No soporto más, no quiero más”, y me estoy esforzando por salirme de mi zona de confort. En otra época no le habría contestado el celular a nadie, ni habría salido a la calle; ahora hablo con todo el mundo.

¿Se arrepiente de algo? –De lo único es de no hacer este proceso antes y de esperar hasta los 40 años, pero no estaba listo.

¿Cómo se ve en un futuro? –Haciendo lo que no hice antes por miedo o por resentido. Me gusta hablar mierda, me veo en un programa de radio o publicando libros.

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