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El profe Uribe

El profe Uribe

Revista Jet-set

El expresidente y senador es uno de los docentes de élite en una nueva universidad de formación técnica en Bogotá. Álvaro Uribe Vélez, junto con el exdirector del SENA, Darío Montoya, también integra el grupo de fundadores del claustro educativo que promete no ser fortín político del uribismo. Jet-set lo acompañó en su primer día de clases.
El expresidente Álvaro Uribe Vélez empezó a dictar la cátedra de Liderazgo a los estudiantes de pregrado de Élite, su escuela de formación técnica que cuenta con el apoyo de Éxito y Pacific Rubiales, entre otras empresas. Foto: ©Imagen Reina/14.
Por: Edición 2961/12/2014 00:00:00
Álvaro Uribe Vélez se estrenó como profesor de Liderazgo de la Escuela Latinoamericana de Ingenieros, Tecnológicos y Empresarios, en Bogotá, con el recuerdo fresco de las protestas que generó cuando dictó clases en la Universidad de Georgetown, en Estados Unidos. “Claro que hubo miedo a la hora de llamarlo. Muchas personas lo admiran y otras no. Pero también estábamos seguros de que él se haría respetar en caso de una situación incómoda”, dijo Darío Montoya, exdirector del SENA y presidente del Consejo Directivo del alma máter, que cuenta entre sus promotores y creadores de currículos al propio Uribe Vélez. El plantel, que promete no ser un bastión ideológico del Centro Democrático, nació fortalecido con el capital de empresas como Servientrega, Éxito, Corona y Pacific Rubiales, entre otras.

Si bien hubo euforia por contar con un exjefe de Estado en el cuerpo de docentes, algunos estudiantes se sintieron incómodos por las medidas de seguridad sin precedentes en el centro educativo, y porque según ellos se daban en el contexto de una simple asignatura. Solo que Uribe no era un catedrático más. Desde la presidencia se convirtió en uno de los personajes más protegidos del país, con un esquema de seguridad estimado en más de 330 hombres, según la revista Semana. Durante la primera cátedra de Uribe, y como era de esperarse, los uniformados requisaron a los asistentes después de comprobar que formaban parte de una lista que suministró el centro de educación superior conocido con la sigla de Élite. Sin concesiones, el que no aparecía en este listado no entraba al auditorio de clases.

El senador antioqueño no tomaba las riendas del tablero desde sus truncadas experiencias académicas en el extranjero entre 2010 y 2011. En Georgetown, Washington, vivió el rechazo de estudiantes que se agolparon en la plazoleta del centro de formación superior para atacar su política de seguridad democrática. Más tarde, cuando fue contratado como docente en la Escuela de Ingenieros de Metz, en Francia, recibió un memorial de agravios de parte de un grupo de parlamentarios europeos que pidió su pronta expulsión del instituto educativo.

Sin embargo, aún con estos antecedentes, el exmandatario siguió adelante con el proyecto de Élite en Bogotá: “Me gusta ser profesor porque me mantiene informado. El problema es que no me queda casi tiempo para preparar las clases”. Precisamente el primer día de su cátedra de Liderazgo solo pudo almorzar un refrigerio, después de cumplir con varias actividades, entre estas la definición de una declaratoria del Centro Democrático y la Fiscalía para pedirles a las Farc el cese unilateral del fuego. “Tengo muchos compromisos. Por eso estaré con los muchachos una vez al mes”. Pese al notorio cansancio llegó puntual al aula donde congregó a más de cien aprendices de los programas de Ingeniería Industrial, Ingeniería de Petróleos y de Tecnología en Procesos Comerciales, entre otros.

Ante el auditorio lleno de jóvenes, el expresidente echó mano del estilo proverbial y coloquial de sus consejos comunitarios, lejos de los profesores cuchillas que tuvo en su época de estudiante universitario: “No tengo la verdad de las cosas. Solo sé que como líder debo trabajar el control de mis emociones porque es fácil que me saquen la piedra”. Entre humor, el relato de varios episodios de su época de mandatario y las preguntas de los estudiantes dejó muchas reflexiones acerca del liderazgo: “Hay que actuar con amor (y) es importante conocerse a sí mismo para conocer al adversario”. Durante el encuentro frenó al hombre político con la conciencia de que Élite no debe ser el fortín de sus ideas, salvo la puya que lanzó al proceso de paz que transcurre entre secuestros y los ataques de la guerrilla.

Para el siguiente encuentro, el profe Uribe sugirió la lectura de unos cinco libros que escogió porque no son de teorías densas e incomprensibles, entre estos Perfiles de los hombres que han forjado el mundo moderno, de Richard Nixon, y Ética para Amador, de Fernando Savater. Cada uno de estos textos, admitió, cambiaron su vida.
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