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El profe Carlos Vives

El profe Carlos Vives

REVISTA JET-SET

Con la nueva escuela de música para niños, Río grande, el cantante samario y sus socias de La Vaca Mariposa, quieren crear un semillero de artistas para que sean los próximos embajadores de la música colombiana en el mundo. Elena y Pedro, los dos hijos de Vives con la exreina Claudia Vásquez, son dos de los alumnos.
Carlos y Claudia Elena rodeados de algunos alumnos de la escuela Río Grande: las gemelas Alicia y Antonia Gordillo, hijas del exbajista de la banda Poligamia Gustavo Gordillo; Elena Vives, quien carga a su prima Candelaria; y Pedro Vives.
Por: Revista Jet-set.7/9/2016 00:00:00

Carlos Vives mira extasiado el escenario. Él, que está acostumbrado a ser el protagonista, esta vez es espectador. En la tarima de Gaira Música Local están sus dos hijos, Elena, de 8 años, y Pedro, de 6, dos de los alumnos de la escuela de música Río Grande que acaba de inaugurar el artista. La pequeña Elena canta un bambuco y Carlos desde el público aplaude como cualquier padre orgulloso, con una alegría inocultable, casi hasta las lágrimas. Desde que eran bebés, él les ponía canciones colombianas, las mismas que escuchaba en la radiola de su casa en Santa Marta. “Mis hijos saben qué es una cumbia, un porro, un currulao. Para Carlos siempre ha sido muy importante que conozcan y se enamoren del país a través de la música, que oigan lo nuestro”, cuenta Claudia Elena Vásquez.

Con esa intención, hace tres años los inscribieron en La Vaca Mariposa, la escuela de Ana María Aponte y Mari Escobar, quienes despertaron su sensibilidad musical. En ese lugar, Pedro tomó clases de tiple y Elena de guitarra y piano. Ella le sigue los pasos a Carlos, quien aprendió a tocar el piano a los 5 años y la guitarra a los 10. A esa edad su padre, el médico samario Luis Aurelio Vives, lo llevaba al hospital San Juan de Dios de Santa Marta para que, mientras él pasaba revista a los enfermos, les interpretara canciones. Esas fueron sus primeras serenatas y de ahí saltó a los bares y a la televisión. La diferencia de Vives con su hija es que lo que él sabe lo aprendió empíricamente, sus profesoras fueron su mamá, Aracely Restrepo, quien tocaba la bandola y cantaba boleros; y su abuela paterna, Elena Echeverría Díaz-Granados.

Ahora, con su experiencia, quiere darles un espacio a los niños para que tengan un acercamiento profesional al folclor colombiano, sin excluir los sonidos del mundo. “Desde hace muchos años Carlos quería abrir una escuela pero no se había dado la oportunidad. Por eso cuando Ana María, que es la mamá de las mejores amigas de Elena del colegio, me dijo que estaban buscando un lugar para ampliar La Vaca Mariposa, le propusimos que se trastearan al edificio de Gaira y nos aliáramos”. De ahí nació Río Negro, una academia para niños entre los 6 meses y los 12 años que se centra en tres pilares: fundamentos de la música, instrumentos y ensambles. Para Ana María lo mejor de tener esta escuela en Gaira es que los alumnos pueden vivir la experiencia de ser músicos de una manera real. “Se suben al ascensor y se encuentran con Maite o con un cantante famoso, pasan por el escenario y oyen el ensayo de un concierto”.

Eventualmente, Carlos Vives les dictará talleres y algunas clases. Dice que no es un profesor cuchilla sino un contador de cuentos, les hablará de su experiencia y de cómo ha logrado que el acordeón, las tamboras y las marimbas, suenen en cinco continentes. “Él es firme cuando tiene que disciplinar pero al mismo tiempo les da mucha libertad creativa. Yo lo veo con mis hijos. La personalidad de Elena es muy parecida a la de él, es artista, extrovertida, compone canciones. Pedro es más tímido”, relata la orgullosa mamá, quien subió a las redes sociales videos y fotos de la presentación de sus hijos.

Carlos, quien hizo sus pinitos como actor en el programa infantil Pequeños Gigantes, tiene un feeling especial con los niños. “Estar con ellos me refresca el alma y me renueva día a día. Me sorprende la inocencia con la que me preguntan las cosas y la tranquilidad que tienen, nosotros los papás vivimos corriendo”, dice Vives, quien ya había trabajado antes en un proyecto infantil que se llamó Pompo Musical, en el que musicalizó las historias del poeta Rafael Pombo para darlas a conocer en el mundo.

Con su experiencia, unida a la de Ana María y de Mari, quien hizo parte de Cantoalegre en Medellín, esta escuela seguramente se convertirá en un semillero de artistas colombianos. La idea más adelante es lanzar una producción musical de Río Grande y para ello están construyendo un estudio de grabación en el quinto piso de Gaira con los mejores equipos, que no tiene nada que envidiarle a uno de Los Ángeles o Nueva York. “Tenemos que mejorar la industria pensando en que este puede ser el futuro de nuestros hijos. Yo tengo cuatro y todavía me cuesta mucho pensar si van a ser como yo, cantantes o actores, pero el ejercicio de la música es algo que les ayuda a la formación”.

La escuela también tiene clases de danza de ritmos colombianos y de teatro. “Desde que nacieron Pedro y Elena siempre dije que quería que aprendieran a bailar cumbia y bambuco antes que hip-hop o rock. Cuando yo era chiquita mi mamá me llevaba a la Biblioteca Pública Piloto a clases de baile y era una maravilla”, cuenta Claudia Elena, quien ha sido una ficha clave en estos nuevos proyectos y en el resurgimiento de la carrera de su esposo, que estuvo un tiempo en stand by.

Ahora el artista trabaja en la producción de su nuevo álbum Vives, cuyo primer sencillo fue La Bicicleta, que lanzó con Shakira y que curiosamente tiene una gran fanaticada entre el público infantil. “Esa canción te marca el camino de las que vendrán, va a ser un disco muy divertido, diferente a los anteriores, pero sin perder la esencia”, cuenta.

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