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El príncipe Lorenzo Maria Raimondo De’ Medici, un Medici pop en Bogotá

El príncipe Lorenzo Maria Raimondo De’ Medici, un Medici pop en Bogotá

REVISTA JET-SET

El príncipe Lorenzo Maria Raimondo De’ Medici expone en Colombia sus pinturas, basadas en el fabuloso tesoro artístico de su familia, y le reveló a Jet-set lo que significa llevar el que fue el apellido más poderoso del Renacimiento.
Lorenzo Maria Raimondo De’ Medici in Campitelli di Calabria del principado de Viterbo, de 39 años, en la casa del pensador Nicolás Gómez Dávila en Bogotá. Luce una chaqueta color rojo Medici, decorada en la solapa con el escudo de los Medici de Martirano y la flor de lis que le concedieron a su familia los reyes de Francia. Su anillo de amatista es copia fiel de uno que vio en un cuadro de sus ancestros.
Por: 8/10/2015 00:00:00
Honra a su estirpe hasta en los depurados detalles de su vestuario. El tono rojo de la chaqueta que eligió para esta entrevista, por ejemplo, fue bautizado en honor de este linaje sin el cual no es posible entender el Renacimiento, la explosión del humanismo que sus ancestros, dueños de la fortuna más colosal de la época, ayudaron a forjar e irradiar desde Florencia al resto de Europa desde el siglo XIV y cuyos ecos aún resuenan en la realeza: dos damas de la casa, Catalina y María, fueron reinas de Francia y su sangre llegó a personajes como Diana, princesa de Gales, y sus hijos, William y Harry de Inglaterra. 
Siglos después del esplendor de aquella pléyade de banqueros, guerreros, artistas, filántropos, papas, condotieros, reinas, constructores y mecenas magníficos, algo siniestros también, Lorenzo se empeña en preservar la esencia de sus ideas. Vive como el típico hombre de ese entonces, apasionado por variados intereses: es empresario, artista, hombre de televisión, gourmet, coleccionista, historiador, viajero, etc. 
La vena estética lo trajo a Colombia, como invitado especial de la primera versión del circuito privado de Art & Partners. En la que fuera la casa del pensador colombiano Nicolás Gómez Dávila, el también vástago de la casa Radziwill, de Polonia, exhibe un estilo que denomina Renascent Pop Art. Toma efigies de sus antepasados que reposan en las colecciones del palacio de su familia en Martirano, sur de Italia, y les da un tratamiento tridimensional, a base de óleo, telas y objetos que evocan la vida y los misterios de los personajes. 
¿De dónde viene su parentesco con los Medici que gobernaron la República de Florencia y fueron mecenas de genios como Botticelli? –Los Medici tenían una especie de holding financiero e invertían en todo lo que les diera dinero. En el siglo XV, antes de ser banqueros, fueron los comerciantes más exitosos gracias al negocio de la naranja y de la seda en Catanzaro, sur de Italia, donde la producción de la fibra era como la de China hoy. Algunos se establecieron ahí para controlar la producción y entonces yo provengo de la rama de Martirano, donde nací. 
Pero las reseñas históricas cuentan que los Medici se extinguieron... –Es verdad, y no se sabe por qué. Los Medici de Florencia ya se habían exiliado en Venecia, por el Quattrocento y el Cincuecento. Otras ramas se fueron a Milán, Nápoles, Calabria, España y Suiza. En el siglo XVIII algo malo pasó. Pienso que tuvieron que marcharse de nuevo ante las amenazas de muerte de sus enemigos políticos. Los historiadores ignoran qué fue de ellos durante más de 100 años, porque se quemaron los archivos. En Florencia solo quedan los Tornabuoni de Medici.
¿Y cuándo reaparecieron? –En el siglo XIX, porque se daban a conocer como notarios, médicos y otras profesiones, en Nápoles, Catanzaro y otros sitios. 
¿Por qué es usted príncipe? –Mi nombre completo es Lorenzo Maria Raimondo De’ Medici in Campitelli di Calabria del principado de Viterbo. Los Medici emparentaron con los Gatti, otro poderoso linaje, príncipes de Viterbo, título que me legaron mis abuelos.
¿En qué andan los Medici hoy? –Somos familia, pero cada cual es diferente, no estamos viendo quién es más poderoso que otro. Tengo parientes que son médicos muy conocidos. El anestesista del papa Juan Pablo II, Michelino De’ Medici, era primo hermano de mi padre. Por mi parte, soy un príncipe moderno. He vivido en Zimbabwe, ayudando a los pobres, y en Argentina. Hago mucha televisión y digo siempre la verdad sobre mi familia, que a veces no era tan buena, como pasa en todas. Y puede que a alguno de los Medici eso no les guste. 
Sus antepasados también fueron escandalosos... –Lo eran porque cuando tienes poder haces cosas loables y odiosas. Con mi pintura, le ofrezco a la gente la manera moderna de descubrir a estos sujetos y sus hechos.
Entre los retratos que ha recreado están los de Lorenzo el Magnífico, protagonista de un episodio sangriento en 1478... –Fue la conspiración de los Pazzi, quienes quisieron matarlo a él y a su hermano Giuliano en misa, en la catedral de Florencia. En la pintura, he puesto la réplica exacta de la daga con la que esquivó el ataque.
Varias familias reales de hoy llevan la sangre de los Medici... –Sí, pero fuimos en el pasado príncipes del pueblo, esa es la gran diferencia. Mis ancestros se convirtieron en nobles porque emparentaron con los reyes de Francia. Ellos invertían el dinero para hacer grande a la comunidad y no a sí mismos. 
¿Cómo es tener esa conexión directa con la historia? –Pesa mucho. Mi vida no me pertenece, tengo que compartirla con los demás y por eso participo en obras de caridad cuando podría estar con mi familia. Porque los Medici han hecho grande al mundo, el renacimiento sigue siendo una forma diferente de pensar y siento que tengo el deber de hacer lo que hago.
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