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El príncipe de Gales y  la duquesa de Cornualles Huéspedes ilustres de Colombia

El príncipe de Gales y la duquesa de Cornualles Huéspedes ilustres de Colombia

Revista Jet-set

Con muestras del colorido tropical del país, ceremonias elegantes y con la paz como tema de fondo, Bogotá y Cartagena les dieron la bienvenida al heredero del trono de Inglaterra y su esposa, una de las parejas legendarias de la realeza.
La pareja real, el presidente Juan Manuel Santos y su esposa, María Clemencia de Santos, posaron para una multitud de fotógrafos en las puertas de palacio. El príncipe ya había venido a Colombia en los años 70. Foto: Imagen Reina/14.
Por: Edición 2944/11/2014 00:00:00
A las 6:40 de la tarde en punto de aquel 28 de octubre, el terminal aéreo de Catam presenció un hecho histórico: la primera visita oficial de un heredero del trono británico a Colombia, un nuevo hito en las relaciones diplomáticas del país con las islas, que fueron una de las primeras potencias en reconocer su independencia, bajo el reinado de George IV. Casi doscientos años más tarde, su descendiente, Carlos, príncipe de Gales, pisaba territorio colombiano en compañía de su segunda esposa, Camilla, duquesa de Cornualles, la mujer por cuyo amor desafió viejas tradiciones, lo cual los puso en las primeras planas de los diarios de todas las naciones, incluida Colombia. Por todas esas poderosas razones, la llegada de los dos suscitaba tanta expectativa y como si lo supiera, el aguacero bogotano se había disipado para dar paso a una noche clara bajo la cual, la pareja descendió del avión privado que los condujo, ante una lluvia de flashes disparados por la multitud de reporteros.

El príncipe fue el primero en descender por las escalerillas. “Es imponente”, murmuraban algunos testigos, más que por su estatura, 1,78 centímetros, por su porte regio y estilo impecable. Esa tarde, por ejemplo, vestía uno de sus trajes azules de chaqueta cruzada, creados por su sastre, Anderson & Sheppard, de la calle Savile Row, de Londres. La duquesa, por su parte, bajó del avión varios pasos detrás de él, de manera despaciosa, como si se le dificultara un poco desplazarse. “Ella se ve más joven que en las fotos”, se oyó decir de la duquesa de Cornualles, título con el que empezó a ser llamada tras su boda civil con Carlos en 2005. Para el frío bogotano, eligió un conjunto crema compuesto por abrigo de lana sobre un vestido de seda, de una de sus modistas favoritas, Anna Valentine, quien diseñó el traje de su matrimonio con el príncipe.

La canciller María Ángela Holguín fue la encargada de recibirlos en nombre del Gobierno y el pueblo de Colombia, tras lo cual caminaron en medio de la calle de honor formada por oficiales de la Fuerza Aérea, al son de aires marciales. Todo sucedió en un instante, concluyeron los periodistas, que llevaban allí varias horas esperando a los personajes de la realeza más famosos que hayan venido al país.

En la casa del embajador del Reino Unido, Lindsay Croisdale-Appleby, los aguardaba una recepción por parte de personajes de la vida nacional, como el expresidente Andrés Pastrana Arango; la excanciller y exembajadora de Colombia en Reino Unido, Noemí Sanín; el pintor Carlos Jacanamijoy, y la viuda del empresario Julio Mario Santo Domingo, Beatrice Dávila de Santo Domingo, en cuya casa de Cartagena se hospedarían luego Carlos y Camilla. La conocida coleccionista de arte Vicky Turbay, otra elegida para el homenaje, le contó a Jet-set que el príncipe fue cálido, sencillo y de un trato para nada intimidante. Con ella, él habló de arte, mientras que Camilla comentó su atuendo y que estaban un poco cansados por el viaje y la altura de la capital colombiana. Carlos también charló con el ganador del Giro de Italia, Nairo Quintana, a través de un traductor, y hacía gestos acerca del fuerte pedaleo que exigió su hazaña.

Al otro día, una luminosa mañana enmarcó el recibimiento de sus altezas reales en la Plaza de Armas del Palacio de Nariño por parte del presidente Juan Manuel Santos Calderón y su señora, María Clemencia Rodríguez de Santos. Un destacamento de 350 soldados del batallón Guardia Presidencial se engalanó para la ceremonia, en la cual las dos parejas parecieron congeniar de inmediato. El heredero real, militar de carrera, se acopló al paso de los dignatarios colombianos en la revista a las tropas, mientras que sus esposas charlaban y sonreían. En las puertas de la casa de gobierno, posaron para la prensa y antes de retirarse a los interiores, Camilla hizo un gesto de curiosidad ante la visión de los edificios del centro histórico de la capital, como el Capitolio Nacional. La pareja real ya era huésped oficial de Colombia, en un periplo cuyos temas centrales serían el proceso de paz, la reconciliación, la conservación del medio ambiente y la lucha contra el narcotráfico y la violencia sexual, entre otros.

Tras el intercambio de regalos en los salones de Estado del palacio, las emociones propias de un encuentro de dos mundos tan distintos se fueron intensificando. En la Feria Orgánica y de Sostenibilidad, Carlos estaba en su salsa, ya que promueve empresas a través de su Foundation for Building Community, mientras que en las tierras de su ducado de Cornualles, del cual vive, produce comidas y bebidas orgánicas bajo la marca Duchy Originals, que se comercializa en Gran Bretaña, con ingresos de 53 millones de libras anuales.

En los stands, que representaban las regiones colombianas, la pareja probó alimentos autóctonos de los que jamás habían oído. María Lucía Castrillón, directora de Propaís, una de las entidades que organizó la feria, guio a Carlos y pudo ver cómo le encantaron los chips de chontaduro del Pacífico, las castañas del Amazonas, los condimentos de Antioquia y los chocolates con sabores de frutas. El hijo mayor de la reina Isabel II, quien hacía todo tipo de preguntas a los productores, encargó helados de arazá y corozo, ya que esta delicia fría es el postre favorito de su esposa. Además, se llevaron a Londres mermeladas y ajíes de arazá y carambolo para un amigo chef amante del picante.

Carlos también estuvo en su elemento cuando presenció, paso a paso, la ancestral producción de lana de oveja en los Andes colombianos. De acuerdo con Pilar Castaño, curadora de Festilana, él quiere apoyar este certamen y trasplantar a su país, donde preside la organización Campaign for Wool, la costumbre de cultivar la tradición desde la infancia. Camilla, además, contó la conocida experta en moda, pidió ruanitas para sus nietos.

Pilar, que conversó con ambos largo rato, asegura que él es “adorable, cercano, sin protocolo” y, sobre todo, el hombre más elegante del mundo, un auténtico gentleman, siempre bien puesto, con su pañuelo en el costado del corazón y un suave tono de voz. De Camilla, Castaño cree que es una señora muy inglesa, discreta y correcta en su vestuario.

Efectivamente, no fueron pocas las ocasiones en que Carlos dio lecciones de verdadera nobleza a personalidades criollas que incurrieron en actitudes soberbias con personas del pueblo que quisieron agradar o abordar a los distinguidos visitantes.

Esa noche, el Palacio de Nariño volvió a ser el centro de la especial ocasión, con una “glamurosa cena”, como la calificó la prensa inglesa, en honor de Carlos y Camilla. En la Plaza de Armas, soldados vestidos a la usanza del tiempo de la Independencia flanqueaban la alfombra roja por la que desfiló una selecta concurrencia de miembros del Gobierno, empresarios, diplomáticos y directores de los medios de comunicación.

Una asistente le dijo a esta revista sentirse sorprendida ante la suntuosidad del Salón Bolívar de Palacio, versallesco, en contraste con la sutileza y sobriedad de la velada, reflejo de las tradiciones republicanas del país. La primera dama tuvo la idea de cubrir las mesas con manteles adornados con pájaros, lo que recordaba que Colombia es la nación con más especies de aves del planeta. Otra gran riqueza nacional, las flores, estaba presente en copiosos arreglos.

Además de la grandiosa interpretación de La muerte del cisne, de Tchaikovsky, por el bailarín bonaverense Fernando Montaño, estrella del Royal Ballet, de Londres, los convidados se asombraron cuando un supuesto grupo de meseros resultó ser una compañía de cantantes de ópera que entonaron clásicos del arte lírico como el Brindis, de La Traviata, de Verdi.

Hacia las 10:00 de la noche, Carlos y Camilla se retiraron. Se marchaban a descansar temprano porque el programa era intenso: tras un encuentro con las víctimas del conflicto armado, él, un apasionado promotor de la conservación del medio ambiente, se fue al Parque Natural Serranía de la Macarena, en el Meta, mientras que ella permaneció en Bogotá disfrutando de las flores colombianas en la Quinta de Bolívar, según lo había pedido, al igual que de los caballos en la Escuela de Caballería.

Luego, vendría el último tramo del viaje, en Cartagena, donde ambos se notaron más relajados, pese al intenso calor. Allí, el príncipe había estado en los años 70, de manera no oficial, como miembro de la Armada Real. Los asuntos navales, justamente, fueron el centro de la estadía en La Heroica, así como las etnias y la ecología, pues Carlos intervino en la conferencia La salud de los océanos.
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