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Jaime Bayly ajusta cuentas con su ex esposa, su ex novio y su país

Jaime Bayly ajusta cuentas con su ex esposa, su ex novio y su país

REVISTA JET-SET

El periodista y escritor, recordado en Colombia por su irreverente programa de televisión Bayly, vuelve a la escena literaria con El niño terrible y la escritora maldita. En la novela, que él describe como su autobiografía, dice que ya no es gay sino bisexual, impotente y adicto a los somníferos.
En junio Jaime celebrará el décimo aniversario de su programa Bayly en el canal Mega TV de Miami. Dice que puede seguir otros diez años más ya que todavía se divierte con sus invitados.
Por: 5/5/2016 00:00:00

En su más reciente libro Jaime Bayly es descarado, irreverente, repetitivo y hasta escatológico. El periodista y escritor peruano, que siempre levanta ampolla con lo que dice o escribe, recuerda con desfachatez cómo todo “se fue a la mierda” con su ex esposa, Sandra Masías, de la que se divorció hace 19 años; con sus dos hijas, Camila y Paola; y con su amante argentino, Luis Corbacho, cuando reveló que tenía una novia veintitantos años menor que él y que para completar estaba embarazada. La causante de tanta desgracia era Silvia Núñez del Arco, una niña bien de la sociedad limeña con ganas de transgredir todas las normas, y a la que la familia de Bayly no bajaba de ‘perra arribista’. En la novela los nombres son cambiados, pero es evidente que no es para protegerles la identidad. El escritor solo le pone una letra más a su apellido y es Jaime Baylys, el niño terrible. La escritora maldita, su pareja con la que hace poco celebró el quinto aniversario, se llama Lucía Santamaría. Y los demás llevan nombres parecidos a los originales. Eso –ha dicho– es lo único ficticio, porque el relato es la realidad de cómo esa mujer, que parecía más una niña, le partió la vida en dos al autodenominado “divorciado, padre de dos hijas, bisexual, miserable impotente, adicto a los somníferos y antidepresivos, hablantín insolente”, y otros tantos calificativos más que él se atribuye en el libro. Las 358 páginas son dedicadas a su hija menor, Zoe Bayly, y le escribe: “esta es la historia de cómo llegaste al mundo”. También le agradece a Silvia, quien lo hizo desistir de su candidatura a la presidencia de Perú, por “estos años tan felices”.

Quién sabe cuándo Zoe estará lista para conocer esta historia. Cuando lo haga, la niña que el pasado marzo cumplió 5 años, leerá que antes de concebirla sus padres se reunían todas las noches en el apartamento que alquilaron para poder verse a solas: “nos quedábamos oyendo música, fumando un porrito, follando como conejos en celo”. Sabrá de la obsesión de Jaime porque ella naciera antes de que él muriera, ya que los médicos le habían dado pocas esperanzas de vida si no se hacía un trasplante de hígado. Y tal vez sonreirá con las líneas en las que expresa su deseo de que ella naciera niño y en Copenhague, “una ciudad propicia para la felicidad”; que se llamara James a secas; y que además fuera homosexual y peluquero: “Se que no depende de mí, pero si pudiera elegir, lo haría gay, condenadamente gay, felizmente gay, todo lo gay que no pude ser yo”.

Evidentemente Zoe no es un niño y al parecer Jaime dejó de ser gay. Se dice bisexual. A pesar de describir el placer que le produjo su relación de ocho años con el periodista Luis Corbacho –en el libro, Leopoldo Camacho, alias La Lombriz–, ahora vive feliz en Miami con su tercera hija y su segunda esposa. La misma que le provocó “una calentura absurda, loca, disparatada, un poco tardía, de viejo verde”. La Lolita, que dice ser bisexual y que en noviembre cumplirá 28 años, es dueña del “culito irresistible que, quién lo hubiera dicho, despertó en mí al machito pundoroso y pinga loca que yo pensé que no existía más”. La escritora maldita, que dejó tirado el primer semestre de sicología para dedicarse a su primera novela, le hizo olvidar a Jaime esas ganas de suicidarse que le rondaron desde antes de que cumpliera los 20 años y le acolita sus sueños eróticos con Shakira. El niño terrible, que ya no es tan niño y hace poco cumplió 51 años, reconoce que sabe hacer dos cosas: hablar en público y escribir en privado. Desde su intimidad predica que el silencio es la muerte, y que el día que ya no hable ni escriba será porque ya estará muy cerca de morir. Este, su libro número 16, es presentado como la historia de amor con esa mujer que él dice tiene tanto de niña mala como de loca buena. La que le trajo a su vida “la felicidad en estado puro, una alegría otoñal”. Para Jaime Bayly Letts no hay nada más importante que ella y Zoe, la hija de los dos.

¿Lo ha cambiado esta relación? –Ahora soy más escritor y menos político. Más amante de mi esposa, casado, con argolla... Algo que pensé que jamás haría. Soy un Bayly reblandecido, aburguesado, feliz de vivir en Miami. Llevo cinco años sin viajar y no siento ninguna nostalgia de volver a Lima.

¿Cómo es su relación con sus hijas? –Comenzó a mejorar cuando ellas se fueron de la casa de su madre. Las dos están estudiando en Nueva York y yo acerté al seguirles dando dinero a pesar de que son mayores de edad. Ahora nos vemos tres veces al año y todo está mejor, pero no creo que hubiera podido escribir esta novela sin los cuatro años de guerra fría que tuve con ellas.

Ahora que ya contó su vida, ¿sobre qué quiere escribir? – Una novela completamente desapegada de mí. Escribir un libro sobre la pelea entre García Márquez y Vargas Llosa me tienta mucho. Quiero investigar, recoger versiones, cotejar relatos y tratar de averiguar qué pasó realmente. Ya no está Gabo y Mario está en Hola con la Preysler, en otro mundo. Creo que es un buen momento para escribir esa historia.

¿Cuándo va a estar lista su hija Zoe para leer este libro? –No lo había pensado. De repente nunca. Pero no pretendo esconderle nada, yo no me creo el cuento de que para ser buen padre uno tenga que maquillar o falsificar la verdad.

¿Cómo está su salud? –Mucho mejor, ya no me tomo la farmacia entera. Me dijeron que soy bipolar y me cambiaron los medicamentos, ahora solo tomo tres pastillas. No me he hecho los chequeos del hígado, no he sido valiente, y por nada del mundo voy a hacerme el trasplante que me ordenaron desde 2008.

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