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Manuel Teodoro, un entrenador de ejecutivos en crisis

Manuel Teodoro, un entrenador de ejecutivos en crisis

REVISTA JET-SET

Después de sufrir un infarto en 2013 que casi lo acaba, el controvertido director de Séptimo Día se propuso dar sentido a su vida a través de la ayuda a los demás. Hoy comparte su experiencia de 31 años en el periodismo con empresarios a quienes les dicta talleres sobre cómo salir de una crisis y comunicar un mensaje de manera efectiva.
Antes de lanzarse al ruedo como conferencista tomó varios cursos en Harvard Business Review y leyó libros sobre comunicación efectiva.
Por: 23/3/2016 00:00:00

Manuel Teodoro tiene toda la experiencia para pararse frente a un auditorio para hablar de cómo se resuelve una crisis. Al director de Séptimo Día lo han tildado de amarillista, la Iglesia lo excomulgó por un programa que hizo sobre curas pedófilos y por cuenta de sus denuncias se ha ganado un sinfín de contradictores. El periodista capitalizó su trayectoria en cinco talleres que creó con Felipe Giraldo, su socio en la empresa de comunicaciones Media Trainers, sobre cómo salir victoriosos de una crisis y aprender a comunicar un mensaje. “Muchos ejecutivos fracasan porque no saben expresar una idea, creen que pueden decir lo que quieren”, comenta.

En estos talleres Teodoro plantea una situación extrema, recrea un set de televisión y pone a los participantes contra la pared con preguntas incómodas, como lo hacen al aire los periodistas de su programa. “Una vez uno de los ejecutivos estaba distraído y al verme llegar con las cámaras casi le da un infarto, empezó a hiperventilar. Me tocó explicarle que era un ejercicio”.

El primer tip que le da a sus alumnos es que no le tengan miedo a las crisis y las asuman como una oportunidad. “Hay que estar preparados, pues hoy con las redes sociales cualquier situación se puede convertir en un escándalo en segundos”. Les insiste mucho en que la piedra angular de una buena comunicación es hablar sencillo, “especialmente en esta sociedad en la que nos gusta la carreta y las palabras grandilocuentes”. No es un profesor tradicional de los que se para frente a un auditorio a dictar cátedra de liderazgo, sino que interactúa con los asistentes. “Esta es una nueva etapa en mi vida y la estoy disfrutando. Me gusta mucho compartir el conocimiento y sentirme útil. Los talleres me han permitido hacer algo que es mi escencia de periodista: investigar, pero ya no con fuentes o con corruptos, sino con clientes que tienen problemas y necesitan ayuda”.

En este nuevo camino su experiencia como reportero le ha servido montones. “Obviamente la gente quiere saber anécdotas de Séptimo Día porque el programa genera mucho interés”. Después de las conferencias, se acercan a contarle sus cuentos: “Me dicen: ‘señor Teodoro mi esposo me pega’ o ‘señor Teodoro compré una nevera que se me dañó y no me respetaron la garantía’”. A él eso antes de perturbarlo le agrada pues de ahí puede salir una buena historia. “Mi mejor fuente es la señora de la esquina”, dice sin titubear con el español medio inglesado que lo caracteriza.

Polémico, frentero, pero carismático y alegre, Manuel Teodoro marca un estilo que tiene tantos seguidores como opositores. “El nuestro es uno de los pocos programas que le da voz a todo el mundo, incluyendo al delincuente, y me critican mucho por eso. Me dicen: ‘cómo va a poner a un violador en cámara’, pero considero que través de ese testimonio los televidentes entienden cómo actúa y se proteje el delincuente. En ese sentido, no le estamos haciendo apología a los bandidos”, dice Teodoro, quien tiene su oficina forrada en premios de periodismo.

Admite que no es un santo y que ha cometido errores: “Todos los periodistas nos hemos equivocado”. Por eso entiende lo que le pasó a Vicky Dávila. “Nosotros fuimos los primeros en sacar la información de la comunidad del anillo en Séptimo Día y ella supo capitalizarla. Lo que pasa es que tuvo un desliz al tratar de conectar el video con la investigación que estaba haciendo”, dice.

Le afectan las críticas cuando son constructivas, las otras simplemente las deja pasar. “No estoy en la televisión para hacer amigos sino para tratar de encontrar la verdad, por más cruel que sea. Lo que pasa es que a ciertas personas no les conviene que se muestre”.

Él, quien estaba acostumbrado a moverse por la ciudad en bicicleta, ahora anda en carro blindado y con tres escoltas. Es consciente de que corre riesgos pero sabe hasta dónde llegar: “Ninguna historia es tan buena que valga la pena morir por ella, porque después ¿quién la edita?”, bromea. Desde que sufrió un infarto que casi lo mata en 2013 valora más la vida. “No me quiero morir todavía, tengo muchas cosas que hacer aquí”.

Manuel está pasando por la crisis de los 55 años. “El otro le día le dije a mi esposa –Ani Zamorano– que necesitaba conseguirme una amante de 20 años, comprarme un carro deportivo o una moto. Ella, muy inteligente, me preguntó: ‘¿qué es más barato?’. Hice cuentas y una amante me salía como en dos millones mensuales, el carro me costaba una fortuna y finalmente compré la moto”. Dice que ahora está inmerso en un viaje hacia su interior, que tiene mucho que ver con la valoración de quién es, a través del yoga y de una aplicación de meditación que bajó de internet. “Uno entre los 20 y los 40 es un pobre huevón, un prepotente, cree que sabe de todo y es el dueño de la verdad. Todo es el ego. En el proceso en el que estoy ahora he aprendido a tomar distancia de mis pensamientos, me he vuelto más amoroso, sonrío más y tengo más compasión con los demás y conmigo mismo. Soy más humilde”, concluye.

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