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Antonio Morales resucita a Godofredo Cínico Caspa

Antonio Morales resucita a Godofredo Cínico Caspa

REVISTA JET-SET

El mordaz periodista revive, en un libro que acaba de publicar, a Godofredo Cínico Caspa, el tinterillo cachaco de ultraderecha que creó para Jaime Garzón en el programa de humor Quac. Además planea llevarlo de nuevo a la televisión en un espacio de sátira política que espera lanzar en dos meses en Canal Capital.
Jaime Garzón hizo famoso, en el programa Quac, a este tinterillo cachaco que fue profesor de derecho procesal de Álvaro Uribe en la universidad y maestro de José Obdulio Gaviria.
Por: 9/7/2015 00:00:00
Antonio Morales es el creador de Godofredo Cínico Caspa, el inolvidable tinterillo cachaco, de corbatín, traje de paño y pelo canoso, que adulaba a los poderosos y repudiaba a los oprimidos; y era interpretado magistralmente por Jaime Garzón en Quac, a mediados de los años 90. “Godofredo es un estandarte de la extrema derecha colombiana, fue profesor de derecho procesal de Álvaro Uribe y compañero de estudios en el Opus Dei, del procurador Alejandro Ordóñez. Además es amigo de rumba del exministro Fernando Londoño y tiene un discípulo que se llama José Obdulio Gaviria, senador de la República. Está casado pero tiene un amor platónico y una obsesión erótica por Paloma Valencia. Alguna vez me dijo que quería tener un huevito con Paloma, en el sentido de que las aves se reproducen a través de los huevos, pero eso no prosperó”. 
El personaje representa todo lo que odia Morales, su total contrario, un “cucho detestable”, como él mismo lo llama. “Él es homofóbico, patriarcal, le parece que las feministas son todas unas zorras o unas putas, mientras que yo defiendo los avances de género. Por ejemplo, a mí me cae gorda la responsabilidad social empresarial, porque me parece una farsa, y a él le fascina; y así pasa con innumerables cosas”. Pero en algo sí coinciden, y es en que los dos tienen un agudo humor y una afilada lengua que se burla, sin reparo, de la clase dirigente del país. 
Morales estudió parte de su bachillerato en el Gimnasio Moderno, en Bogotá, y cuenta que allí vivía rodeado de Godofredos. “De los 30 que éramos en el curso, 25 eran como este personaje, yo nunca me sentí como uno de ellos. Me hice echar de ese sitio inmundo porque me fumé un bareto en tercero bachillerato”, recuerda mientras le da un plon a su cigarrillo. Ya en esa época su personalidad distaba mucho de la del “niño bien” que anhelaba ser presidente o ministro. Luego, estudió antropología en la Universidad Nacional, donde se proyectaba como un “izquierdoso tirapiedras que no era mamerto”, como arengaba con sus compañeros de la Nacho.
Pese a que estudió antropología, Antonio supo rápidamente que su destino iba a estar en el periodismo. Lo entendió desde pequeño cuando su padre, el escritor Próspero Morales Pradilla, autor de la famosa novela Los pecados de Inés de Hinojosa y columnista de El Espectador, lo llevaba al periódico y lo ponía a trabajar durante sus vacaciones. Su larga trayectoria en los medios de comunicación lo ha llevado a ser desde director de noticieros hasta libretista de programas de sátira y humor político como Quac: el noticiero, en el que nació Godofredo. 
Morales dio a luz a este godo impertinente en el restaurante El Patio en Bogotá después de una lluvia de ideas con Jaime Garzón y Claudia Gómez, quien era la realizadora del programa. “Queríamos crear un personaje de extrema derecha fascista, retardatario, perseguidor de las minorías y se nos ocurrió esta especie de abogaducho”, dice sentado en el sofá de la sala de su apartamento en las Torres del Parque en Bogotá, con vista al Santuario de Monserrate. 
Quizás en esa época Godofredo no era tan famoso como Dioselina Tibaná, la cocinera de Palacio, o Néstor Elí, el portero del Edificio Colombia; pero sus opiniones resultaron proféticas para el país. En YouTube se volvió tendencia un video en el que el tinterillo pedía a gritos un dictador para Colombia como Álvaro Uribe, quien en ese tiempo era gobernador de Antioquia: “Un hombre de mano firme y pulso armado, líder que impulsa con su aplomado cooperativismo pacíficas autodefensas…”, decía enérgico mientras manoteaba su escritorio y se despedía con un hitleriano: ¡Buenas noches! “Afortunadamente la dictadura de Uribe duró solo ocho años porque no le funcionó el articulito, pero de haber funcionado lo tendríamos todavía ahí instalado”, dice Morales.
Con el asesinato de Garzón, silenciaron también al personaje. Morales huyó a París después de recibir varias amenazas de muerte. Durante ese tiempo se dedicó a vivir bien y a viajar: fue a África y recorrió casi toda Europa. “Durante esos años, como no hacía un culo, aproveché para escribir. Un día miré mi cuenta corriente y me quedaban como 100 dólares. Me lo tiré todo, los ahorros de toda una vida. Mejor dicho, me había pensionado a los 45 y a los 50 se me acabó la pensión. Entonces me tocó volver a Bogotá a trabajar”, contó en una entrevista a su regreso al país. 
Mientras tanto el personaje de Godofredo seguía dando vueltas en su cabeza como un epítome de esa Colombia cavernaria donde siguen los asesinatos. En 2011, como columnista del portal KienyKe.com, decidió escribir un texto y firmarlo como Godofredo Cínico Caspa. “María Elvira Bonilla, quien era la directora, me dijo: ‘Está buenísimo, siga escribiendo como él’. Lo mejor era que las columnas de Godofredo tenían muchísimos más clics que las mías”. Después el tinterillo pasó a ser columnista de ConfidencialColombia.com, desde donde le lanzó dardos ponzoñosos a más de un político colombiano. Algunos de esos textos forman parte de Godofredismo, el libro que acaba de editar el Archivo de Bogotá. “No sé cuántas columnas de esa bestia escribí pero fueron más de 200. Hace un año no sale en los medios pero quisiera volver”, dice con nostalgia. 

Ahora Antonio está empeñado en llevarlo de nuevo a la televisión en un programa de humor político en Canal Capital, donde hoy dirige y presenta El primer café. “Vamos a hacer sketch con actores, periodismo de intervención directa y un debate”. Lo cierto es que Toño, como lo llaman sus amigos, no está dispuesto a dejar morir a ese “cucho detestable” que tanto reconocimiento le ha dado y que exorciza todos sus odios. “Yo no soy conservador ni católico; soy liberal, libertario y puedo llegar a ser libertino”, le dijo a Jet-set, para terminar.
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