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El verdadero Francisco

El verdadero Francisco

Revista Jet-Set

En solo seis meses, el Santo Padre se convirtió en un fenómeno mundial. Una decena de libros, incluyendo El verdadero Francisco, han analizado la compleja personalidad de este hombre tan cercano a Dios como humano y terrenal, que cuenta chistes de curas y dice malas palabras.
Los biógrafos están sorprendidos porque el papa Francisco es mediático. Cuando era cardenal en Buenos Aires, casi nunca concedía entrevistas. Foto: AFP
Por: Edición 2664/9/2013 00:00:00
No solo las revistas Time y Vanity Fair, que lo tuvieron en sus portadas, sucumbieron ante la carismática figura. Desde marzo, cuando fue su entronización, por lo menos diez libros han tratado de explicar el fenómeno mediático del excardenal Jorge Mario Bergoglio, entre estos El verdadero Francisco, uno de los más leídos en Argentina, y que escribió el periodista Omar Bello.

El texto recopila la única entrevista de Bergoglio durante sus últimos días de cardenal, justo cuando amenazaba con retirarse hacia una vida más tranquila y familiar; paradójicamente, durante un periodo de cansancio que lo impulsaba a escapar del continuo acoso de los medios de comunicación.

Bello, quien era muy cercano a la cúpula religiosa de su país, no solo logró entrevistarlo sino que llegó a la dirección del periódico católico La Verdad, de la provincia de Buenos Aires, por decisión de Francisco, quien insistía en una corriente editorial que fuera menos papista que el papa. “Cuando me pidió que manejara el periódico me dijo que no quería más curas al frente. Creo que buscaba una mirada más fresca de la realidad, sin tanta iglesia encima”, explicó el escritor.

Varias de sus impresiones acerca del Santo Padre, plasmadas en el best seller, encontraron resistencia en las redes sociales. Algunos cibernautas las analizaron como una intención de derribar la imagen idílica del pontífice de los pobres que besa a los niños y enfermos, y que de vez en cuando rompe los protocolos de El Vaticano, como el día en que saludó de beso a la presidenta brasileña, Dilma Rousseff.

“La gente construye una imagen simple de él, o sea del curita bueno que acaricia a los niños. No digo que sea lo contrario, pero en realidad es un hombre que maneja como pocos el poder. Estar frente a Francisco es pararse ante un ‘animal político’ con todo lo bueno y malo que eso implica. Es conocedor del marketing y como tal sabe golpear donde, cuando y como toca”, dijo el autor del libro a Jet-set.

Para abrazar las banderas de la libertad política que aún pregona, Francisco optó por no aceptar regalos, ni siquiera dulces, quizá una de sus pocas tentaciones mundanas desde que ejercía como uno de los cuatro obispos auxiliares en la Arquidiócesis de Buenos Aires. Desde su oficina austera, según Bello, el líder jesuita ya daba muestras de su pública humildad, pero también del carácter férreo y hasta explosivo que expresaba sin problemas, en momentos de las crisis argentinas y durante las situaciones personales complicadas: “puede ser muy duro. Si se enoja, las paredes tiemblan. También dice malas palabras. Tiene un carácter fuerte. En serio”.

Aún recuerda el episodio en que reprendió a una religiosa argentina que tenía conflictos con la congregación que buscaba trasladarla a una provincia de México: “tiene una mirada militar de las cosas. En mi libro cuento la anécdota de una monja que fue a pedirle el favor que su orden no la enviara lejos porque su hermana se estaba muriendo y quería cuidarla. Él le dijo que si no estaba dispuesta a dar su vida por la organización no debió ser monja. Puede pasar de lo paternal a ser pétreo”.

Aún así, el Sumo Pontífice es dueño de un carisma que los ‘franciscólogos’ tratan de analizar en libros y artículos de prensa. Todavía muchos recuerdan que en sus días de cardenal ya era cercano a la gente, a tal punto que las mujeres y ancianos lloraban de la emoción cuando lo veían entrar a la catedral porteña. Sin pena a hacer el oso saludaba a todos mientras hablaba en voz muy alta y les contaba chistes blancos acerca de curas y monjas. El humor no era su fuerte, pero los feligreses terminaban celebrando sus ocurrencias aunque fuera por cortesía. El fervor por la nueva imagen papal, casi como la de un rockstar que llena plazas y es aplaudido por las multitudes, llegó además a las portadas de publicaciones como Vanity Fair, que lo escogió desde el mes de julio como el hombre del año. Y la revista Time, de una línea editorial laica, también quedó imantada ante la carismática figura del excardenal argentino Jorge Mario Bergoglio.

Hace un par de semanas, el portal religioso Catholic-Link presentó en formato de dibujos animados la biografía del Santo Padre. El miniprograma de cuatro minutos, llamado Conoce al papa Francisco, volvió a abordar su época en la capital gaucha, donde vivió en un apartamento pequeño y él mismo se preparaba los alimentos.

Desde El Vaticano, Francisco sigue ligado a Argentina. En la Santa Sede enfrenta los retos de transformar a la Iglesia, entre las especulaciones que apuntan a que no duerme en la habitación de los papas por miedo a un atentado. Su misión es difícil. Él mismo dijo que no es Dios.
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