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El negocio de la marihuana medicinal de Jorge Montoya y Mauricio García

El negocio de la marihuana medicinal de Jorge Montoya y Mauricio García

REVISTA JET-SET

Después de que el Gobierno aprobara el uso del cannabis con fines medicinales, los dueños de Cannalivio, pioneros en el país en producir ungüentos y gotas con marihuana, hacen los trámites para entrar legalmente al negocio. Ellos hablaron con Jet-set de los vacios que le ven al Decreto.
La idea de crear Cannalivio nació hace nueve años por la necesidad de Mauricio, quien practicaba Skate, de encontrar un remedio para sus adoloridos pies.
Por: 24/2/2016 00:00:00

Hace nueve años, inspirados por los menjurjes y tradiciones de las abuelas, Jorge Montoya y Mauricio García empezaron a experimentar con la marihuana para uso medicinal y crearon Cannalivio, una empresa que produce ungüentos y gotas para todo tipo de dolencias. Cuando abrieron su negocio eran prácticamente los únicos en Colombia y fueron satanizados incluso por su propia familia y amigos. “Al principio estábamos decididos a ir a la cárcel, era una lucha contra la corriente todo el tiempo”, cuenta Mauricio. Hasta hace pocos meses, al menos una vez por semana, llegaba la Fiscalía o la Policía a allanarles el laboratorio que tienen en una finca en Sabaneta, Antioquia, cerca a Medellín, donde cultivan “la mata que salva”. Antes de que la marihuana medicinal fuera legal, ellos se blindaban con la Ley 30 de 1986 que permite la siembra de hasta 20 plantas. Poco a poco empezaron a salir del clóset en Colombia y a registrar su marca en otros países como Uruguay (donde está permitida), España y Argentina. “Nunca nos hemos escondido, todo lo hemos hecho de frente”.

Ahora que el Gobierno colombiano legalizó la extracción y producción de cannabis para usos terapéuticos podría pensarse que los dolores de cabeza de estos dos empresarios terminaron. Pero para ellos el panorama no es tan esperanzador. Después de leer con atención el Decreto 2467 de 2015, encuentran algunos vacios: “Básicamente no se protege a los pacientes sino al negocio. Nosotros no hacemos esto por dinero, porque si fuera así seguiríamos siendo ingenieros. Para cumplir con los requerimientos que están pidiendo se necesita una millonada de plata que no tenemos. Un cerramiento de un cultivo de una hectárea, como ellos lo exigen, puede llegar a costar mil millones de pesos”, dicen en medio del shock. Entienden que deben cumplir con unos protocolos, pero les preocupa mucho que les impongan las semillas que deben usar ya que en Colombia existe una mejor variedad genética y de plantas, pues eso perjudicaría directamente a los pacientes que vienen con un tratamiento específico.

Mauricio, aunque vive aliviado como dirían los paisas, se fuma un porro de vez en cuando. Su oficina es un cultivo de marihuana y cambió la bata blanca de ingeniero civil por una camiseta con la marca de su producto. Jorge, quien antes de entrar a Cannalivio era fotógrafo de revistas nacionales, se la pasa entre tubos de ensayo y libros de hierbas medicinales.

A este par, acostumbrados al uso de los suelos y las plantas, les ha tocado aprender Derecho por necesidad. En conclusión, aseguran que la Ley beneficia a los grandes productores nacionales y extranjeros y no a pequeños cultivadores colombianos que, como ellos, llevan años investigando sobre las propiedades curativas de la maracachafa. Al principio sus estudios con la hierba eran por ensayo y error porque no había cómo medir el efecto. “Todo el mundo nos daba la espalda. La gente nos decía ‘muy bacano lo que están haciendo pero no se metan con nosotros’”, cuenta Mauricio.

Empezaron dando sus productos a deportistas, ancianos o a personas cercanas que sufrían de migraña, alzhéimer o epilepsia. “Nos tocó ver niños que llegaban con 30 convulsiones diarias, sin poder hablar; pero cuando se tomaban las gotas ya no tenían ni una. Eso es algo que te hace llorar y te pone la piel de gallina”. La noticia de que sus productos eran “milagrosos” pasó de voz a voz y su teléfono empezó a sonar todo el día. “Al principio nos daba mucho miedo darle marihuana a un niño de cinco años pero cuando veíamos que en los hospitales le estaban dando un opiáceo, que es más dañino para el organismo y que tampoco lo curaba, pues decíamos: hagámosle”. Que el resultado valiera la pena los animaba a seguir a pesar del estigma que vivían día a día.

Aclaran que ellos no recetan y por eso trabajan de la mano de la médica Paola Pineda Villegas, quien es una de las pioneras en formular cannabis a sus pacientes para ayudarles a tener una mejor calidad de vida. Jorge dice que lo bueno de la marihuana medicinal es que no crea adicción. “La mayoría de nuestros clientes son adultos entre los 60 y 90 años que prueban por primera vez la hierba”. Los componentes de sus productos son todos naturales: cera de abejas, raíces y plantas medicinales y, por supuesto, un porcentaje de extracto de cannabis que, para tranquilidad de los viajeros, pasa sin problemas por la aduana. Los precios de un ungüento oscilan entre los 25 y los 70 mil pesos; y las gotas entre 50 y 70 mil. “Esos mismos productos te los venden en Estados Unidos por 100 dólares; los costos de producción de ellos son altísimos. En Colombia, en cambio, son muy bajos porque hay mejores condiciones tanto climáticas como geográficas. Nosotros nos podemos convertir en la China del cannabis; el país debería aprovechar eso”. Con su olfato paisa los dueños de Cannalivio ya empezaron a hacer los trámites para entrar legalmente al negocio.

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