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Andrés López es el biógrafo del mexicano 'El Chapo Guzmán'

Andrés López es el biógrafo del mexicano 'El Chapo Guzmán'

REVISTA JET-SET

El narco, quien escribió El cartel de los sapos y El señor de los cielos, acaba de publicar una biografía novelada de El Chapo Guzmán, quien lo amenazó con matarlo si revelaba sus secretos. El libro va por su tercera edición y ya le vendió los derechos a Univisión para hacer una serie.
Andrés conversó con familiares y personas muy cercanas a El Varón de la droga, quienes lo pintaron como un hombre mujeriego y un padre amoroso.
Por: 23/3/2016 00:00:00

En 2012, cuando Andrés López empezó a escribir el libro Joaquín El Chapo Guzmán, el varón de la droga, le mandó a decir a El Chapo, con uno de sus hombres de confianza, que quería que le contara su vida. Le explicó que tenía testimonios de familiares, agentes federales, narcos y autoridades mexicanas, pero que deseaba tener su versión. “Lo primero que me preguntó fue quién de su familia había conversado conmigo y después me dijo que si seguía adelante con el proyecto yo iba a pagar las consecuencias. Sentí pánico, pues en ese momento El Chapo estaba en la cúspide de la pirámide delictiva. Pensé en mis hijos y en mi familia. Sin embargo, me ganó la necesidad de contar esta historia. Le respondí: ‘me da mucha pena con usted, pero no le estaba pidiendo permiso, igual lo voy a escribir’”.

Andrés siguió adelante con sus planes y en 2014, cuando capturaron a El Chapo por segunda vez, este le mandó a decir con sus abogados que quería darle la entrevista. “Me negué. Ya tenía el libro prácticamente terminado y, además, su intención era que le entregara mi manuscrito para decidir él qué iba y qué no. Quería un escritor por encargo y yo no lo soy. Aceptar un vínculo comercial con un narco como estos significa convertirse en su esclavo. Además, hacerlo era de alguna manera quebrantar la ley y yo hace rato perdí el derecho a equivocarme”, cuenta.

Andrés estuvo 2 años preso por narcotráfico en Estados Unidos. Empezó en el negocio a los 15 años cuando Orlando Henao Montoya, capo del cartel del norte del Valle, lo invitó a trabajar en una cocina de droga. Le decían Florecita porque era el más flojo del laboratorio. En la cárcel escribió su primer libro El cartel de los sapos, que lo consagró como libretista de este tipo de producciones, donde se destaca El señor de los cielos por la que ganó un Emmy. Hoy su libro, Joaquín El Chapo Guzmán, el varón de la droga, va por la tercera edición.

¿Conoció a El Chapo Guzmán? –Sí, lo conocí a principio de los años 90. Yo estaba reunido con otros narcos y él estaba ahí. El encuentro fue simplemente de “mucho gusto, fulano de tal” y nada más.

¿Sabía quién era? –El Chapo de ese momento era muy distinto al de ahora. Sabía que era un mafioso porque andaba con un grupo de ellos, pero difícilmente podría imaginar que se iba a convertir en el hombre más buscado del planeta. Físicamente era el reflejo de El Chapo capturado en 1993 que salió con un uniforme caqui a dar una rueda de prensa y que cuando le preguntaron a qué se dedicaba, dijo que era agricultor. En cambio El Chapo de ahora es la versión de un campesino retro: con ropa a la moda y camisa floreada. No es el mismo de antes, el dinero causó efecto.

¿Su libro alimenta el mito de El Chapo? – Lo interesante del libro es que es un relato de El Chapo desde el punto de vista femenino. Su vida ha estado marcada por las relaciones sentimentales. Es muy curioso ver cómo este personaje, salido de un rancho, ha podido conquistar a cuanta mujer se le ha cruzado en su camino. Tiene infinidad de hijos, entre 20 o 30, muchísimos desconocidos, y lo más irónico es que cuando uno habla con ellos dicen que es el mejor padre del mundo. Eso es bastante complejo porque yo tengo solo 2 y ser el mejor padre del mundo ya es difícil.

¿Cómo era ese Chapo mujeriego? –El Chapo del pasado era un tipo bajito, simpaticón, medianamente interesante; pero el de ahora parece un muñeco de trapo. A las mujeres de rancho o de no rancho es capaz de llevarlas del cielo al infierno en segundos. Siendo un niño secuestró a su primera mujer y se la llevó a vivir con él. Todo lo que tiene que ver con las historias femeninas de El Chapo Guzmán es absurdo. Jugarse la vida por cumplir una cita con una actriz reconocida a la que nunca había visto me parece muy loco.

¿Qué piensa de lo que pasó con Kate del Castillo y Sean Penn? –Cuando uno se acerca a un personaje como El Chapo tiene que tener claro que se vuelve su empleado y si no se hace lo que quiere se convierte en su enemigo. Más allá de eso, lo que me parece más triste es que el contenido de una revista tan prestigiosa como Rolling Stone tenga que ser aprobada por El Chapo.

¿En su investigación qué fue lo más cerca que estuvo de él? –Muy cerca, conversé con personas que han vivido y dormido con El Chapo muchas noches, con familiares muy cercanos. No voy a revelar nombres porque los pongo en peligro.

¿Le sirvió ser ex narco? –Lo más sencillo sería negar que haber sido narco me ayuda, claro que sí: tengo acceso a fuentes a las que difícilmente otras personas pueden llegar. Quizás los mafiosos ven en mí ese canal que sirve para que ellos puedan contar su historia. Es bobo decir que no me ha beneficiado, pero más allá de eso trato de escribir mis novelas con responsabilidad.

¿Haber sido narco le da otra percepción de estas historias? –Entrar sin juzgamientos te sirve para que la gente entienda que tu intención no es condenarlos por algo que hicieron, ese oficio le corresponde a la justicia. En México, donde el narcotráfico ha pasado de generación a generación, es difícil que acepten que lo que están haciendo está mal.

¿Cuándo era narco pensaba que lo que hacía estaba bien? –Hubo un momento de mi vida que no lo veía mal, simplemente me estaba ganando una plata y era un negocio. Pero tampoco crea que tardé muchísimo tiempo en entender que no actuaba bien. Lo que pasa es que la dinámica del narcotráfico lo arropa a uno de tal manera que difícilmente puede dar marcha atrás o cambiar la directriz de su vida. Yo me dejé tentar, me ganó quizás la ambición y la vida de lujos y excentricidades. Uno tiene que pagar las consecuencias cuando eso lo ha conseguido de una forma arbitraria y equivocada.

¿Qué es lo más crudo que encontró de El Chapo? –La muerte de su hijo me pareció una completa tragedia porque ahí hay un ‘parteaguas’, o sea dos versiones: una que lo matan sus enemigos, los Beltrán Leyva, y otro que lo matan por una equivocación del mismo Chapo. En el libro cuento que él no pudo ir al sepelio porque lo estaban buscando las autoridades. Entonces se montó en un avión, sobrevoló el cementerio donde lo estaban enterrando y le lanzó flores desde el aire, algo muy loco. Y la historia no para ahí: luego, cuando ya las autoridades no estaban, exhumó el cadáver y le hizo un mausoleo en su propio rancho. Eso parece como una película de Coppola, raya con cualquier cosa que uno pueda haber escuchado en ese mundo macabro.

Le vendió los derechos del libro a Univisión para que hiciera una serie. ¿Cómo va eso? –Estamos muy cerca de empezar a grabar, espero que en el otoño de este año podamos tener la serie al aire.

¿Qué van a ver los televidentes? –Es una serie corta, de más o menos 35 capítulos y muy metida en el contexto político de El Chapo. Vamos a ver involucrada a toda la clase política mexicana de los últimos 35 años. No quedará títere con cabeza.

Usted es colombiano, ¿porqué se interesó en contar la historia de El Chapo y no la de Pablo Escobar? –Históricamente son 2 realidades muy distintas. El personaje de Pablo me parece más complejo que el de El Chapo. Escobar era un tipo pobre, humilde, mafioso, pero con pretensiones políticas: quería ser presidente de la república. En algún momento pensé en escribir sobre él pero ya había un proyecto muy adelantado que era el de Escobar, el patrón del mal. El Chapo es un personaje más delincuente, más criminal. Si Pablo duró 20 años en su actividad delictiva El Chapo lleva 45. No debe ser nada sencillo burlar a las autoridades durante ese tiempo y haberse fugado de 2 prisiones de máxima seguridad en su país.

¿El libro o la serie hacen referencia a Colombia? –La verdad aparece muy poco, porque nuestro núcleo principal es contar la historia del narcotráfico mexicano y cómo El Chapo influenció la realidad política de ese país. Eso nos permite generar una reflexión y también un poco de burla ante un ente que funciona mal.

¿Por qué a El Chapo no lo han extraditado? –Porque le faltan pantalones al presidente Enrique Peña Nieto. Aunque a veces pienso que va más allá de la decisión presidencial: primero están moviendo la palma de coco para que no haya uno suelto que caiga en caso de que El Chapo llegue a Estados Unidos y abra la boca. Hay que preguntar a quién le puede afectar que sea extraditado, estamos en ese proceso.

¿Aparte de la serie, hará también una película sobre Guzmán? –Hoy les puedo dar la primicia de que ya terminamos de escribir el guion, estamos en los ajustes finales. Quienes tengan interés en escribir o hacer la película de El Chapo van a tener que arrancar muy rápido porque ya les llevamos ventaja. Todos saben que hace varios años trabajo en este proyecto y normalmente antes de empezar a escribir la primera página de un libro ya tengo los derechos vendidos para hacer series y películas, y esta vez no fue la excepción. En los próximos meses les podré contar más detalles, por ahora estoy en conversaciones con un estudio muy poderoso que ha estado pendiente del desarrollo del guion.

La gente se queja de las narconovelas pero siguen produciéndolas, ¿qué piensa? –Eso va a cambiar el día que los televidentes cojan el control y pongan otra cosa. Al final todo se mide por un rating y si esos son los productos que la gente quiere ver, el canal no tiene otra opción, hay un tema económico que debe primar.

Sabe si El Chapo leyó su libro –No tengo la menor duda. Hasta ahora no me ha mandado razones pero estoy seguro de que sí.

Tal vez el final de su novela llega con la recaptura de El Chapo... –Creo que no, todavía tenemos Chapo para rato.

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