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El matrimonio de Pedro y Julián

El matrimonio de Pedro y Julián

Revista Jet-Set

Pedro Augusto Roa, asesor de la Secretaría General del Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, le dio el “sí” a su novio, el publicista catalán Julián Giménez Agut. La unión civil se celebró en la playa del hotel Karmairi en Cartagena, el pasado 21 de julio, a donde llegaron todos los amigos de la pareja.
Julián es dueño de la empresa de publicidad G&G y Pedro es asesor de la Cancillería. El nuevo reto del bogotano es abrir la Embajada de Colombia en Gahna, África. Foto: Imagen Reina/12
Por: 25/7/2012 00:00:00
En una ceremonia sencilla y sin ninguna peculiaridad, el pasado 21 de julio, casualmente un día después de la Independencia de Colombia, la pareja selló su relación ante un notario tras año y medio de noviazgo. Se conocieron el 22 de diciembre del 2010 en la fiesta de cumpleaños de un amigo. Paradójicamente, Pedro no estaba seguro de querer ir porque era entre semana, había tenido un evento oficial en la Cancillería y se sentía cansado, pero finalmente ?decidió asistir. Julián cuenta que llegó al edificio donde era la rumba con Marcos, su hermano gemelo; Alejandro, el esposo de Marcos, quien también es colombiano; y un amigo israelí. Cuando estaba parqueando su Cadillac vio a Pedro esperando el ascensor. “Quedé deslumbrado, los dejé a todos botados y corrí como un loco para alcanzarlo. En el ascensor rezaba para que fuéramos para el mismo piso. Y así sucedió”. Esa noche hablaron durante una hora y media e intercambiaron teléfonos. Al día siguiente, Julián viajó de vacaciones a Cartagena y Pedro a Brasil en una misión de trabajo. En enero del 2011 retomaron la comunicación, empezaron a salir y se ennoviaron. ?Seis meses después, Pedro viajó a Turquía para abrir la Embajada de Colombia en ese país. La ausencia hizo que Julián comprendiera que quería pasar el resto de su vida con él. En diciembre voló a Turquía y le propuso que se casaran. “Lo invité a cenar a Reina, el mejor restaurante de Estambul, que queda justo debajo del puente que une a Europa con Asia, con una vista maravillosa del río Bósforo. Estaba nervioso, tenía miedo de que me fuera a decir que no”, cuenta Julián. Pedro recuerda que quedó estupefacto y se demoró una fracción de segundo en darle el “sí”. “Me moría de ganas de agarrarlo a besos y echarle los brazos al cuello, pero como estábamos en un país musulmán no podía”. ?A la mañana siguiente, durante el desayuno, el sueño de Julián de tener un matrimonio íntimo y espontáneo se fue al traste cuando Pedro, quien estuvo detrás del equipo organizador de la pasada Cumbre de las Américas, empezó a hablar de lista de invitados. Los intensos preparativos transcurrieron en total normalidad. “En Nueva York compré el libro The Essential Guide to Lesbian and Gay Weddings y allí hay un capítulo que dice que durante este tiempo uno va a estar permanentemente saliendo del clóset, como efectivamente nos pasó. Llegamos a la tipografía en Chapinero a timbrar las tarjetas y nos atendió un viejito con un saco de rombos. Le pasamos el texto de lo que queríamos poner en las invitaciones y él leía y nos miraba, leía y nos miraba, fue muy divertido. Después, en la joyería, una señora, también bastante mayor, nos preguntó cuál era la medida del anillo de la dama y cuando le dijimos que no había dama, quedó literalmente en shock”, cuenta Pedro. ?Reconocen que Colombia sigue siendo un país homofóbico, pero están conmovidos con las reacciones tan positivas que han tenido por su matrimonio. “Nos miran con curiosidad, pero jamás hemos recibido ataques, al contrario, nos dicen que somos muy valientes por abrirles camino a otras parejas homosexuales. Nosotros actuamos por un motor muy poderoso que es el amor. No somos líderes activistas gays de la bandera arco iris. La decisión de casarnos la tomamos porque consideramos que nacimos el uno para el otro y no para dar un mensaje deliberado. Tenemos amigos homosexuales que viven con miedo de mostrar su orientación sexual y nos da una lástima enorme porque es tenaz sentir eso”, asegura Julián. ?La familia de Pedro no asistió a la boda porque no aceptan que su hijo sea gay. “El hecho de que no estén de acuerdo no limita para nada el amor que les tengo, de alguna manera así es como piensan muchas familias en Colombia”. El bogotano, quien creció en un hogar católico y conservador, reconoce que no fue fácil salir del clóset. “Como buen colombiano tuve un conflicto muy grande para aceptarme. Pasé los mejores años de mi vida, mi infancia y mi adolescencia en una negación que es dolorosísima. Siempre pensé que iba a encajar en el modelo tradicional de familia, que me iba a casar con una mujer y tener hijos, hasta que me di cuenta de que no podía”. En 1994, cuando estudiaba Arquitectura en Los Andes, un amigo suyo se suicidó porque era gay y eso lo hizo reflexionar. “Yo no escogí mi orientación sexual, desde chiquito soy así, no fue que un día me levanté y dije: hoy me van a gustar los hombres”. Hace 13 años trabaja en el Ministerio de Relaciones Exteriores. “Entré absolutamente aterrorizado de pensar que mi orientación sexual me pudiera costar mi trabajo. Felizmente, no ha sido el caso. Creo que no es un asunto, sobre todo en el sector público, que genere una reacción contraria porque la ley en Colombia cada vez ha sido más clara con los derechos que tienen las minorías sexuales. Mi inclinación sexual no limita mi profesionalismo y cuento con el apoyo de unos jefes maravillosos. A Julián lo conocen en el Ministerio y lo quieren muchísimo”. En enero de este año la canciller, María Ángela Holguín, le dio la nacionalidad colombiana en una ceremonia muy emotiva. Para el catalán una de las cosas más divertidas de la organización del matrimonio fue ir por todo el Palacio de San Carlos repartiendo invitaciones. ?Roa y Giménez viven en los cerros orientales. Su apartamento, recién remodelado, está inmerso en un pequeño bosque que los aísla del smog de la ciudad. Ambos tienen 41 años, disfrutan de la buena vida, aunque cada uno a su manera. “Somos muy diferentes en gustos y temperamentos. Julián es hiperactivo, le gusta salir, ir al campo. Yo soy más sedentario, prefiero estar frente a un escritorio o en la casa. A mí me encantan los boleros y a él no. Julián es directo al decir las cosas, yo, en cambio, soy más diplomático. Yo quiero ser papá mientras que para él no es una prioridad”. Aun así, dicen que en el año y medio que llevan juntos no han tenido ni una sola una pelea. “La relación siempre ha sido muy armónica y confiamos en que siga así”.• ?
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