Suscríbase

Reciba en su correo nuestras noticias y entérese de lo último de los famosos.

El libro de Hernán Peláez

El libro de Hernán Peláez

Cumpleaños

A propósito del cumpleaños número 70 del director del programa radial ‘La Luciérnaga’, Hernán Peláez, recordamos la entrevista que concedió a Revista Jet-Set en octubre de 2012 cuando habló sobre 'Las historias de Hernán Peláez', libro que recopila más de cincuenta años de su trayectoria profesional.
Peláez dice en el libro que todavía espera que llegue su momento estelar. “Seguiré creando para la radio hasta el último de mis días, pero en Caracol”. Foto: Gerardo Gómez/12
Por: 19/10/2012 00:00:00
Hace un año el país se sorprendió con la noticia del cáncer que padecía el periodista Hernán Peláez. Hoy el reconocido director del programa radial La Luciérnaga de Caracol está recuperado y vuelve a sonar por lo que algunos de sus colegas indignados llamaron un “homenaje póstumo” muy adelantado. Nada más alejado de la verdad. Las historias de Hernán Peláez es un libro entretenido, que en 180 páginas hace un recorrido por sus inicios y trayectoria de casi cincuenta años en la radio. Incluye anécdotas apoyadas en su incomparable conocimiento del fútbol y sus protagonistas, su pasión por la música, el éxito de veinte años en La Luciérnaga y su enfermedad.

En un capítulo entero, quienes lo conocen y han trabajado a su lado lo describen como un caballero serio, educado y fino, que no comulga con la melosería, la impuntualidad y la grosería. El doctor Peláez (así le dicen aunque es ingeniero químico) es tan sencillo que cuando los demás resaltan esa cualidad en él, se sonríe y suelta un “humm” incrédulo. Mientras Pedro le lustra los zapatos en su oficina y antes de iniciar el trabajo vespertino, al que define como un vicio, relata su cuento con su ?encantador y sutil acento valluno.

La gente dice que usted le huye a la adulación. ¿Por qué cedió para hacer un libro sobre su vida?
—La idea no fue mía. No me gusta ese tipo de cosas y soy reacio a hablar en primera persona. En marzo de este año se apareció Édgar Artunduaga y me contó de su interés en hacer un libro con mi historia en la radio. Fui muy claro y le dije: “Hágale, pero si lo venden o no es problema de ustedes”.

¿Cómo se hizo la selección de los testimonios?
—Yo no le iba a decir a la gente: “Ve, te van a llamar para que hablés de mí”. Pensé que Yamid Amat no le iba a parar bolas a Artunduaga, él es un hombre complicado y ocupado. Finalmente cuando logró contactarlo le dijo: “Lo que usted está haciendo es un libro post mortem”. Después mandó unas líneas.

¿Se considera un hombre famoso?
—Así me dijeron en una carta de la DIAN: “Rico y famoso”. Les contesté: “Rico, Julio Mario Santo Domingo; y famoso, el papa”. Cuando uno se cree el cuento de que es el mejor y el número uno, hasta ahí llegó. Las adulaciones las recibo con beneficio de inventario.

¿Entonces qué les dice a los que piensan que es irreemplazable?
—Cada persona le pone su sello a lo que hace, con el riesgo de ser comparado. Cuando no puedo estar en La Luciérnaga, se encargan Gabriel de las Casas o Alexandra Montoya. A ellos les cuento, les muestro y les explico cómo hago las cosas. No me voy a ir callado llevándome el secreto. Creo que cuando ya no esté me extrañarán un día, o un mes, y vendrá otro.

Usted siempre ha sido muy directo.
—Esa es mi filosofía. No puedo con la falsedad y siempre digo lo que pienso. La gente sabe que soy así. Quienes trabajan conmigo se acostumbran a mi estilo. Los trato duro a veces, los molesto y hasta los insulto, pero me entienden y no me miran como a un jefe.

¿Ha cambiado después del cáncer?
—Me siento agradecido. Me acaban de invitar a un simposio en la Universidad del Valle para contar mi experiencia y lo que me ayudó a enfrentar el cáncer. Primero, soy afortunado por tener un trabajo que no me da tiempo para deprimirme. Y segundo, descubrí que es muy importante que no se haga un drama de la enfermedad en el entorno familiar.

¿Cómo se logra eso?
—Los médicos deben ser directos con el paciente y con la familia. En la última parte del informe de los exámenes que me hicieron aparecía una frase que no entendí: “Cadenas largas de yo no sé qué”. Le pedí al doctor Mario López que me hablara en español: ¿Qué tengo? —Cáncer de médula. ¿Qué hacemos? —Quimioterapia. ¿Cuándo empiezo? —Ya. ¿Cuántas sesiones me va a hacer? —El protocolo dice que 24. Y empecé al otro día.

¿Cómo está su salud después de un año?
—El cáncer no se cura. Voy cada tres meses a chequeo y en la última cita me preguntaron si me había tomado la presión: “Nunca lo hago”, les dije. Eso no me interesa. Me importa el resultado de la electroforesis, donde sale si las famosas cadenas están molestando. Y todo está bien.

¿Qué piensa de la edad?
—En cuatro meses cumplo 70 años. Me siento bien y creo que eso va en el espíritu. Ojalá llegue el día en que esté en los 80 para buscar refugio en los libros y la música. No le paro muchas bolas a lo que me depare la vida.

¿Cuándo lo vamos a oír en su programa de música?
—Nací y crecí con la música de la radio y las radiolas, y creo que conozco mucho del tema. Ya hice un ensayo con Marco Aurelio Álvarez el pasado diciembre. Me pidió que escogiera cuarenta canciones y de cada una conté las historias que me sé. Ya veremos cuándo se convierte en un programa.

Su buena memoria es admirada…
—En los años de estudiante era fundamental, para aprender geografía, historia y hasta ortografía. La memoria es un músculo que se debe ejercitar, y yo lo hago todos los días recordando a los jugadores de diferentes épocas del fútbol. La gente me manda fotos de equipos para que les ayude a identificar los nombres y para ganar apuestas.

¿Todas esas historias están relatadas en el libro?
—Hay muchas anécdotas. En radio lo único que tenemos es la voz y un cuento. Usted encarreta a la gente y los seduce en la medida en que cuente bien las historias. En La Luciérnaga, en El café Caracol o en El pulso del fútbol, a todo le sacamos capul. Así es el libro.
LO MÁS VISTO