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El hotel Ritz, refugio del Jet-Set en París

El hotel Ritz, refugio del Jet-Set en París

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El hotel más renombrado del mundo cierra por dos años sus puertas para una histórica renovación. A propósito, la revista Vanity Fair recordó las excentricidades de huéspedes con testas coronadas, millonarios, literatos y estrellas de cine que tejieron su leyenda desde que fue inaugurado en 1898.
El edificio del Ritz París, antigua residencia de aristócratas, es uno de los más emblemáticos de la elegante Place Vendôme de París, donde es vecino de joyerías de renombre como Cartier y Van Cleef & Arpels. Foto: AFP.
Por: 9/8/2012 00:00:00
“Cuando sueño con la vida después de la muerte en el cielo, la acción siempre se desarrolla en el Ritz París”, decía Ernest Hemingway, uno de los más fieles visitantes del prestigioso hotel parisino. La figura es descabellada como suelen serlo los sueños, pero lo cierto es que el Ritz llegó a ser una promesa del paraíso en la Tierra por sus comodidades, que lo llevaron a ser el mejor del mundo. Allí surgieron la cama king size, la luz indirecta o los tapetes de pared a pared, inventos de su fundador, Cesar Ritz, quien no era un millonario de cuna, sino un humilde campesino suizo que se convirtió en el artífice de la hospitalidad con máxima elegancia.

La fama del Ritz sigue intacta, pero le han salido al paso serios competidores en París, como el Shangri-La o el Mandarin Oriental. Además, no recibió la designación de ‘Palacio’, la más alta para establecimientos de su género en Francia. Por ello, su dueño, el millonario egipcio Mohamed Al Fayed, resolvió someterlo a una remodelación que lo tendrá cerrado durante dos años y que promete seguir cumpliéndoles a sus huéspedes sus más extravagantes caprichos, como lo ha hecho por más de un siglo.

En el Ritz se acuñó el principio de que “el cliente siempre tiene la razón”, y por eso, desde su apertura atrajo a los amantes de la buena vida. Cobró fama por su caché único y porque cumplía con los pedidos más insólitos. Al marqués Casati, por ejemplo, lo proveía de conejos vivos para su mascota, una boa constrictor. Otro invitado, deseoso de halagar a sus 20 invitados a una cena, pidió patas de elefante. El personal compró el excedente de estos ejemplares en el zoológico de París y asunto arreglado.

Las excentricidades más notorias son las de los famosos que se han paseado por allí desde su inauguración. La revista Vanity Fair evocó hace poco esas anécdotas que explican su leyenda. Uno de los primeros clientes ilustres fue Eduardo VII, quien dormía allí con sus amantes. Un día, el monarca inglés pasó un fiasco, pues en uno de sus acostumbrados retozos eróticos quedó atorado en la bañera, dado que era muy gordo. Para evitar nuevos líos y en su honor, Cesar Ritz instaló bañeras king (“rey” en inglés) size en todos los cuartos.

Oscar Wilde protestó por la modernidad del hospedaje: el ascensor le pareció muy rápido y la luz eléctrica innecesaria. En cambio, su colega Marcel Proust, recordó el escritor A. E. Hotchner en Vanity Fair, suspiró por el lugar hasta en la hora de la muerte, cuando mandó a que le trajeran su cerveza del bar del Ritz. Apurado el último sorbo, expiró.

El culto al Ritz ha sido tal, que la cronista social Elsa Maxwell (la chismosa más famosa del mundo) rechazó un brazalete de Cartier de cinco mil dólares a cambio de una cena en el Ritz en su honor. “Esta mujer tiene que ser la octava maravilla del mundo”, dijo George Bernard Shaw. ?En la Segunda Guerra Mundial el hotel se convirtió en cuartel de los oficiales nazis que invadieron París. Ante el aura de tan regia mansión, ellos conservaron las formas y permitieron la estadía de algunos civiles. La más famosa de ellos fue la diseñadora Coco Chanel.

Tras la retoma de los aliados, Hemingway liberó el bar del hotel, pidió champaña para todos e inauguró una nueva era que en adelante vio desfilar por el Ritz a visitantes que hicieron historia, como Eva Perón, Audrey Hepburn, Salvador Dalí, Madonna, Tom Cruise y la princesa de Gales, quien partió de allí a encontrarse con la muerte en 1997.
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