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Las grandes obras del Mambo, un homenaje a Gloria Zea

Las grandes obras del Mambo, un homenaje a Gloria Zea

REVISTA JET-SET

Los libros La colección, una selección de las obras icónicas del Museo de Arte Moderno de Bogotá, y La historia del museo forman parte de los homenajes a su exdirectora Gloria Zea, quien renunció después de 47 años. De esta manera cualquier colombiano neófito podrá conocer a los artistas que han reflejado la historia contemporánea del país a través de óleos, pinturas y esculturas.
Gloria Zea asumió las riendas del Mambo por invitación de la crítica de arte Marta Traba, quien vio en ella la vocación gerencial y, por supuesto, su pasión por el arte.
Por: 11/2/2016 00:00:00

Gloria Zea dejó la dirección del Museo de Arte Moderno de Bogotá, pero será imposible que se aparte de la institución y menos del arte. Antes de pensionarse, dejó en un proceso muy avanzado la redacción y definición de la lista de las obras icónicas del Mambo que aparecerán en el libro La colección. Igualmente aprobó la publicación La historia del museo, que presentará una retrospectiva de las fichas técnicas de los cuadros y esculturas contemporáneas, desde que el país entró a la vanguardia del cubismo, el arte pop y el surrealismo desde mediados del siglo pasado.

Este repaso por la historia artística es una iniciativa de ella, que ha sido impulsada por sus subalternos, amigos y benefactores del templo cultural con la excusa de darle una despedida con honores después de 47 años al frente de la investigación y promoción del arte nacional, tal como se relatará en las publicaciones. En La colección, por ejemplo, se hará un balance de las obras significativas que han pasado por el museo, de artistas tan importantes como Eduardo Ramírez Villamizar, Miguel Ángel Rojas, Enrique Grau y Juan Cárdenas, entre otros. Algunas entraron a la colección privada del Mambo en 1975, cuando se organizaba el Salón Atenas con el apoyo de Alberto Casas Santamaría.

La labor de Zea empezó con un inventario de apenas 80 pinturas y luego fue creciendo hasta completar las 3633 que tiene en la actualidad. Muchas forman parte de las donaciones de los artistas o de sus herederos, puesto que el museo jamás ha tenido una partida presupuestal para las adquisiciones, salvo en contadas ocasiones.

Las colecciones del Mambo son el acervo de un país que decidió contar su historia a través de la pintura, dibujos y esculturas, tal como lo imaginó Marta Traba, la crítica de arte que concibió este templo cultural. Solo que por confrontaciones políticas con el mandatario Carlos Lleras Restrepo abandonó el país y debió entregarle el museo a Gloria Zea, a quien tuvo entre su grupo de estudiantes. Traba vio en ella a una mujer sensible frente a las artes y con una indiscutible vocación gerencial, dos rasgos necesarios para conseguir los recursos económicos que necesitaban con el fin de construir la sede del museo. Primero, el Mambo funcionó en el edificio donde aún queda el Pussycat, uno de los pocos teatros porno que existen en el centro de Bogotá. Después de una labor mucho más titánica, se trasteó a la edificación actual que diseñó, sin cobrar un peso, el arquitecto Rogelio Salmona.

Al tiempo que construía el museo, Zea encendía los radares para rastrear los nuevos movimientos y tendencias que se apoderaban de los escenarios de las artes plásticas de la nación. Casi siempre se interesaba en aquellos creadores rebeldes que se habían peleado con los convencionalismos y lenguajes tradicionales de las escuelas de arte. Por ejemplo, a sus manos llegaron los desnudos de Luis Caballero, quien escandalizó a la Iglesia; los tejidos de Olga de Amaral, y las esculturas geométricas de Édgar Negret. Como era de esperarse, estas creaciones fueron incluidas en el libro La colección.

En su afán de reconstruir el rompecabezas artístico de nuestro país conoció las experiencias del MoMA y el Museo Metropolitano de Nueva York, siempre abiertos a los lenguajes vanguardistas del arte. Por eso, entre los tesoros más preciados del Mambo también están algunos cuadros de los creadores menos ortodoxos como David Manzur, Ana Mercedes Hoyos, Carlos Salas, Carlos Rojas y Alejandro Obregón, entre muchos más. Su exmarido, Fernando Botero, engrosa la lista, pero con un solo cuadro: Nuestra señora de Fátima, que, como su nombre lo indica, ensalza la serie de temas religiosos del artista antioqueño.

Después vendrá La historia del museo, que se focalizará en las fichas técnicas de todas las piezas de este gran templo de la cultura nacional. Los dos proyectos editoriales tienen en común a Francia Escobar de Zárate, a quien el museo le reconoció la gestión para conseguir el presupuesto. Un grupo de curadores, entre ellos María Elvira Ardila, se ha encargado de recopilar los dibujos, óleos y esculturas ante la urgencia de un proyecto que no daba un compás de espera. El Mambo era uno de los pocos museos del mundo que no contaban con este tipo de publicaciones.

Gloria Zea continuará vinculada al museo como presidenta honoraria de la Junta Directiva, un título que compartirá con el expresidente Belisario Bentacur. La galerista Claudia Hakim asumirá la dirección con el objetivo de perpetuar el legado de su antecesora. De hecho, Hakim conoce el ADN de esta organización, desde que forma parte del grupo de donantes de algunos cuadros al Mambo. Su labor empezará a partir del 2 de marzo, cuando seguirá escribiendo la historia del arte nacional.

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