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El hombre que descubrió a The Rolling Stones vive en Colombia

El hombre que descubrió a The Rolling Stones vive en Colombia

REVISTA JET-SET

Ahora que se acerca la visita de la famosa banda británica a Bogotá, Andrew Loog Oldham habla de los años en que fue su manager, la mejor época del rock, su azaroso paso por las drogas y lo feliz que vive hoy en el anonimato en el país con su bella esposa Esther Farfán.
Andrew, en el círculo, con los Stones en los estudios de RCA en Hollywood en mayo de 1965. De izquierda a derecha: Charlie Watts, Mick Jagger, el fallecido Brian Jones, Bill Wyman y Keith Richards. Produjo para ellos canciones como Come on y Satisfaction, por las que aún recibe regalías.
Por: 24/2/2016 00:00:00

Tiene 72 años y llegó al país en 1984. A los 19 se le presentó a un grupo musical que se acababa de formar. No tenía un penique pero sí labia y convenció a sus miembros de que necesitaban un verdadero manager. Así se convirtió en el director de la segunda banda de rock más importante del siglo XX. En 1967 tuvieron diferencias y partieron cobijas.

Años después conoció al gran amor de su vida, la actriz de cine Esther Farfán. Se enamoró no solo de ella sino de su país, Colombia, donde echó raíces. Desde entonces llevan una vida discreta y tranquila entre Bogotá y su finca en Apulo.

Con motivo de la inminente llegada de The Rolling Stones a Colombia, el hombre que prácticamente se los inventó dialogó in extenso con Jet-set.

¿Cómo es que a los 19 años dice “quiero ser manager de una banda”? –Ya tenía experiencia en moda, pues había trabajado con Mary Quant, y en música con Bob Dylan y The Beatles.

¿Qué hizo con The Beatles? –De enero a abril de 1963 fui el publicista de Please Please Me y From Me To You.

Denos una impresión de algunos de The Beatles. –Con Lennon había que tener cuidado con lo que le decías, porque si eras descuidado con tus palabras te atacaba a la yugular.

¿Era inteligente? –Astuto. Él se autodefinía como un animal de ciudad, pero la verdad es que venía de una buena familia. Todos eran de clase media pero Lennon era el mejor acomodado de todos; su casa era la más grande pero él despreciaba eso. La casa más triste de todas era la de George Harrison; oscura, deprimente. Vivía en una situación precaria. McCartney por su parte viene de una familia de molineros y de ahí su ética del trabajo. Lo fui a ver cuando vino a Colombia.

¿Se saludaron? –Sí. Me presentó a su esposa Nancy y le dijo: “Él fue nuestro primer agente de prensa”, y charlamos un rato. Nunca mencionó que después de trabajar con ellos me fui con The Rolling Stones. Es curiosísimo que a estas alturas de la vida McCartney no pueda mencionarlos.

¿Es verdad que antes de todo eso usted fue pillo en Francia? –Es cierto. A los 16 yo abordaba a los turistas que paseaban por el Bulevar de la Croisette, en Cannes, y con mi acento educado, por el cual mi madre había pagado, les pedía prestados 10 francos con la promesa de devolvérselos cuando llegara la mesada de mi casa y me los daban. También me robaba cosas de las vitrinas.

¿De dónde eran sus padres? –Mi padre era un piloto estadounidense y mi madre australiana. Ellos no estaban casados. No conocí a mi padre porque murió en 1943, durante la Segunda Guerra Mundial, antes de que yo naciera. Él tenía una esposa en Texas y cuando me enteré le encargué a un detective que averiguara todo sobre la familia. Supe que tenía una media hermana llamada Andrew Loog, como yo. Solo hasta el 2000 le conté a mi familia texana de mi existencia.

¿Cómo conoció a los Stones? –Un periodista me invitó a verlos. No sé si él quería deshacerse de mí, o que fuera a ver algo bueno, porque yo estaba asediándolo todo el tiempo para que me ayudara. Eso fue en marzo de 1963 y solo llevaban tres meses juntos.

¿Cuál fue el primero que conoció? –A Mick Jagger. En la estación del tren vi a una pareja peleando. Era él con su novia, pero solo me di cuenta de eso cuando lo reconocí en el escenario.

¿Qué sintió cuando los vio? –Una oleada aquí (tocándose el vientre). Me les presenté, les dije que había trabajado con The Beatles y que quería ser su manager. Y empecé a manejarlos con otra persona, el agente, porque alguien tenía que hacer el trabajo sucio.

¿Ellos no tenían manager? –Ahí jugó el destino. Sí lo tenían, se llamaba Giorgio Gomelsky. Pero justo el día que los conocí estaba enterrando a su padre.

¿Y cómo lo sacó del panorama? –Ellos ayudaron. Giorgio prefería una banda que tocara para tres personas y no para tres mil, entonces él mismo se labró su destino, porque los Stones estaban pensando en grande.

Eran seis, pero usted se deshizo de Ian Stewart... –Al público le da pereza contar hasta seis. Y, además, él era muy feo.

Usted habla de una experiencia religiosa que vivió antes de que eso sucediera... –Estaba de gira con The Beatles en Estados Unidos cuando salió Please Please Me, número uno en ese momento. Las bandas americanas tuvieron que dejar de cerrar los conciertos porque The Beatles se habían hecho grandes, muy populares, en tres o cuatro semanas. No olvido la primera noche que el público se volvió loco y rompía ventanas. Oía al mundo entero gritar al unísono. Pensé que estaba alucinando y eso que ahí no consumía drogas duras. Algo muy grande estaba pasando.

Estuvo pocos años con ellos, pero esa fue la época de oro de la banda. ¿Cuáles de sus éxitos produjo?–El primero fue Come On y luego vinieron Ruby Tuesday, Lady Jane, Satisfaction, Let’s Spend The Night Together, Mother’s Little Helper, Get Off Of My Cloud, y otras.

¿Los Stones lo despidieron? –Las cosas estaban tan mal que preferí irme antes de que me echaran. Keith Richards suele decir: “el trabajo que Andrew hacía con nosotros funcionaba siempre y cuando a él le gustara”. Siempre fui muy orientado hacia el pop y me encantan los éxitos. Rompimos en malos términos.

¿Los va a ver en Colombia? –¿Por qué no? Estaré en Montreal, pero es posible que venga.

¿Qué tipo de persona es Mick Jagger? –No sé. No tengo ningún contacto con él.

Pero lo conoció en los 60. ¿Cuál cree que es la clave de su éxito? –El enfoque. Hay dos factores determinantes en la vida de toda persona: genes y posición. Los papás de Brian Jones, por ejemplo, no tenían un centavo. Mick, en cambio, era el más pudiente de los Stones. Su papá era maestro, alguien que imponía disciplina. Su madre vendía cosméticos puerta a puerta.

¿Usted fue drogadicto? –De 1967 a 1995.

¿Consumía cocaína? –Pues me vine para Colombia. Nunca la había probado hasta que llegué acá. Eso fue una ventaja, porque aquí está la fábrica. También tuve un periodo de heroína. Hay mucha gente que las toma porque se odia. Ese no era mi caso. Solo me gustaba estar drogado. La vanidad siempre fue una regla en mi vida.

¿Cuándo y cómo conoció a Esther Farfán? –En Londres en 1974. Yo vivía en Nueva York, pero estaba allí de paso. Tenía boletas para la comedia John, Paul, George, Ringo and Bert y mi asistente invitó a una amiga y esta a otra amiga, quien era Esther.

¿Qué hacía ella en Europa? –Modelaba entre París y Londres. Como en esa época era tan difícil para las maniquíes afincarse en Europa trabajaba de niñera o de mesera. Nos seguimos viendo sin ningún compromiso y en abril de 1975 vine a buscarla a Bogotá. Pero ella estaba en el Festival de Cine de Cartagena, a donde no conseguí vuelo, así que tomé uno a Barranquilla y de ahí llegué en taxi a Cartagena. Nos casamos en febrero de 1977, en Londres, aunque en ese momento ya vivíamos en París.

¿Cuándo se establecieron en Colombia? –Esther hizo algunas películas y nos fuimos a Nueva York, donde nació nuestro hijo Maximilian. Entre 1983 y 1984 se empezó a complicar la asistencia de él al kínder porque yo trasnochaba mucho por el trabajo. Nos vinimos a Colombia para que tuviera un entorno más familiar.

¿Qué lo motivó a quedarse? –Yo nunca había tenido raíces. A mi padre no lo conocí, como ya dije, y mi madre se fue a vivir a Australia cuando yo era muy joven. Esther y Colombia me dieron un hogar. Tenemos además a nuestro maravilloso hijo Max, a quien también me une un vínculo muy estrecho. Luego conocí Apulo y me pareció fantástico. No sé cómo explicarlo, pero siento que pertenezco a ese lugar que preserva y mantiene mi vida.

¿Colombia es para los Stones un lugar remoto? –Jagger ya estuvo aquí con la libreta de teléfonos de Bill Clinton. Latinoamérica para ellos es diferente al resto del mundo. Norteamérica es una plaza muy fría y a los suramericanos la música les da esperanza. Por eso son tan cálidos con los artistas. Es lo mismo que mi generación sentía cuando oíamos una banda nueva.

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