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El hermano de Cabas un artista en el silencio

El hermano de Cabas un artista en el silencio

Revista Jet-set

El otro miembro del clan Cabas no canta; pinta. Juan Esteban, un joven con limitaciones auditivas tiene formación en The Art Students League, de Nueva York, donde han estudiado maestros como Grau y Manzur. La obra de Juan es tan visceral como divertida: de Gabo pasa a El Chavo del 8.
Juan Esteban quedó con problemas auditivos después de una meningitis que lo aquejó cuando tenía 2 años. Con Andrés, el cantante, han tenido una fuerte camaradería pese a todos los obstáculos. Aquí, frente a la obra inspirada en García Márquez. Foto: Imagen Reina/14
Por: Edición 2944/11/2014 00:00:00
El cantante Andrés Cabas tenía cuatro años cuando el estado de preocupación de sus padres le indicó que algo muy triste y doloroso había pasado en su casa. Su hermano Juan Esteban, dos años menor, acababa de perder la capacidad auditiva como respuesta a una meningitis mal tratada por el equipo médico. “Creyeron que tenía un simple dolor de cabeza o de estómago y no atacaron la enfermedad a tiempo”, recordó el intérprete barranquillero.

El compositor Eduardo Cabas, el padre de los dos artistas, completó aquel lamentable episodio que le permitió seguir en la música pero con gran dificultad: “Lo más duro fue aceptar el no. Los especialistas nos decían que era imposible que fuera a escuchar. Pero yo me resistía a la avalancha de tantas negativas”.

Juan Esteban comenzó la carrera de pintor al filo de los 30 años, un poco tardía por las limitaciones auditivas, pero que con alegría llamó la atención de colegas como David Manzur, Nadín Ospina y Carlos Jacanamijoy. Fue Manzur quien finalmente lo promovió en el instituto The Art Students League, de Nueva York, por donde pasaron los maestros Fernando Botero y Enrique Grau.

En la Gran Manzana, Juan Cabas se matriculó en la institución que ha marcado el carácter del arte moderno estadounidense, obviamente por el estilo particular de su propuesta artística que se traduce en una especie de puntillismo combinado con expresionismo. También sirvió de ayuda una carta de recomendación que los directivos recibieron de David Manzur, amigo de su familia. En los salones de clases se dejó influir por Jackson Pollock y Picasso.

El joven de 36 años había llegado con una formación pictórica por sus estudios de diseño gráfico en LaSalle College de Bogotá. Al tiempo era entrenado por un grupo de profesores de arte de la Universidad Nacional con los que aprendió manejo del color y las proporciones de la figura humana. “Siempre ha sido dedicado y muy inteligente”, dijo su padre.

Después de su paso por la Capital del Mundo, a donde llegó solo y se comunicaba con la familia a través de correos electrónicos y mensajes de texto, se mudó a la ciudad de Washington. Allí se matriculó en la Gallaudet University para sordos, con la intención de perfeccionar el lenguaje de señas del sistema norteamericano. Y qué sorpresa se llevó el estudiante. Por primera vez en muchos años la vida lo reencontró con el amor.

En esa institución conoció a la japonesa Yukiko Sacamoto, una psicóloga con problemas auditivos que se especializó en tratamiento para personas con enfermedades terminales en condición de discapacidad. La pareja se casó y tuvo un hijo: el pequeño Lenon, que en japonés significa “alegría”. “Qué nombre más bello. Hasta se parece al del líder de los Beatles”, dijo su tío, Andrés Cabas.

Pero antes de esta travesía por la vida académica en Norteamérica, el artista plástico se enfrentó a los tentáculos de un mundo donde todavía existe el prejuicio hacia las personas con limitaciones auditivas. En Bogotá fue rechazado por varios colegios. Para graduarse de bachiller pasó por tres de ellos. “No quiero pensar que lo hacían porque eran malos. Quizá no estaban preparados para atender a los niños especiales”, puntualizó Eduardo Cabas. Aquel desprecio le dolía, pero lo impulsó a buscar algunas tecnologías que conectaran a Juan con los sonidos de la naturaleza y la casa, donde los instrumentos musicales no dejaban pausas de silencio.

Eduardo y su esposa, María Consuelo Rosales, viajaron a Yugoslavia, donde encontraron como aliado para su hijo un sistema de audición que le permitió aprender los sonidos a través de las vibraciones que recibía en la piel. La mamá se tapaba la boca para que no leyera los labios y se obligara a escuchar las ondas sonoras. Con los años experimentaron con el método Nucleus, que consiste en un auricular y un implante de 21 hilos en el cerebro que reactivan el sistema auditivo. Después de estos procedimientos, Juan empezó a comunicarse verbalmente, pero con complicaciones, y escuchó algunos sonidos, en especial las vibraciones de la música de su padre y de su hermano: “Siento sus pálpitos. Desde pequeño me acostumbré a ellos y hoy me parece que los oigo”.

Hace un año arrancó en firme su carrera de pintor, expuso en la galería Christopher Paschall de Bogotá y vendió en este tiempo 30 cuadros. Las temáticas han seguido el camino de sus obsesiones desde niño: El Chavo del 8, los libros de Gabo y las personalidades del país como Joe Arroyo. ¡Ah!, y su hermano Andrés Cabas y su padre Eduardo, a quienes pintó hace poco.
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