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Spencer Tunick quiere desnudar tres mil bogotanos

Spencer Tunick quiere desnudar tres mil bogotanos

REVISTA JET-SET

El fotógrafo neoyorkino, especialista en desnudos masivos, viene a Bogotá el 5 de junio para fotografiar colombianos sin ropa. El Mambo y Johnnie Walker lo traen para hacer una metáfora sobre la unión y el progreso. La convocatoria está abierta en www.mambogota.com/tunick.
Durante tres días, desde el amanecer, el fotógrafo recorrió la ciudad en busca de una locación inspiradora. Dijo que Bogotá es una jungla de cemento, que ya tiene una idea de la imagen que hará y que los participantes solo sabrán a dónde llegar unas horas antes de la instalación.
Por: 21/4/2016 00:00:00

El hashtag #MeQuitoLaRopaPor, se convirtió en trending topic en cuestión de media hora el día en que Spencer Tunick, el Mambo y Johnnie Walker lanzaron la convocatoria a colombianos dispuestos a desnudarse. El fotógrafo neoyorkino tiene la curiosa habilidad de convencer a las personas de que se quiten la ropa, no importa el credo, el color de piel, la figura, el escenario o la temperatura. Lo hizo en Chile, en 2002, con cuatro mil personas, a menos de cuatro grados en pleno centro de Santiago; en México, 2007, rompió un récord Guinness: 18 mil personas en la plaza del Zócalo; en 2010, 5.200 australianos posaron frente al Teatro de la Ópera de Sidney; a orillas del Támesis, en Londres, se encueraron 200; en el helaje del glaciar de Aletsch, en Suiza, hubo otra instalación; en el estadio de Viena; en el Mar Muerto, en Israel; en fin… Suma más de 100 mil personas desnudas en su historia profesional.

¿Por qué habría de preocuparle entonces que no llegaran suficientes colombianos a su instalación en Bogotá el 5 de junio? Es la primera vez que usa Twitter para motivar a sus participantes así que, asociado con el Museo de Arte Moderno de Bogotá –“por la dignidad del proyecto, necesito el apoyo de un museo”, dice– y Johnnie Walker, la campaña en esta ocasión está relacionada con el progreso, la libertad y el cambio de Colombia.

En todo caso Tunick es claro al decir que sus instalaciones no son manifestaciones, protestas o fiestas. Lo suyo no es coleccionar personas sin ropa sino todo lo contrario, convertirlos en una sola e inmensa obra de arte de pieles y órganos que se funden entre sí para ser parte de una escultura orgánica que él fotografía.

Empezó su carrera en 1992 retratando individuos desnudos en las calles de Nueva York, y por eso fue detenido cinco veces. La última, en 1999, fue en Times Square cuando intentaba fotografiar 150 voluntarios a las 5 de la mañana. Le quitaron su cámara, fue arrestado y al día siguiente la noticia fue registrada en el New York Times. Tunick demandó a la ciudad para defender sus derechos civiles y protegerse como artista de futuros arrestos. Al año siguiente la Corte Suprema falló en su favor. El fotógrafo nunca pasó la noche en prisión pero parte de su cruzada, que ya lleva más de 20 años, tiene que ver con el derecho a la desnudez.

Después de todo, nadie pensaría que Spencer Tunick es un tipo tímido, pero lo es. No se considera una celebridad y no retrata famosos, excepto en muy contadas ocasiones porque se lo han pedido. En sus multitudinarias producciones, en donde cuenta con más de 100 asistentes, se comporta como un pintor introspectivo que a punta de matices de color le da forma a sus obras. Solo que aquí las pinceladas son personas desnudas, de diferentes formas, tamaños y colores, que hablan, se ríen, cantan, se avergüenzan y obedecen sus órdenes mientras son parte de la instalación. “Si hace frío –dijo– intento acabar rápido. Si están nerviosos o asustados, trato que se sientan cómodos”. Antes de cada foto escribe tres palabras en su mano, sobre la piel: “Calm, focus, tight” (cálmate, enfócate, ajústate). “Hay siempre tanta gente alrededor que se me olvida que debo estar calmado, enfocar la cámara y ajustarme a la idea”, explica.

Estar desnudo para este fotógrafo y su familia resulta de lo más natural. Su esposa Kristin, también artista, lo apoya, lo promueve, lo fotografía y le posa sin pensarlo. En su casa, cuando invitan amigos, algunos terminan sin ropa. Y no es que sea el dress code de los Tunick, sino que por alguna razón sus amigos se sienten en la libertad de hacerlo.

Este es el hombre que estuvo cinco días en Bogotá, en busca de una locación lo suficientemente histórica y significativa para más de tres mil colombianos que por amor al arte, a la libertad y a la unión, se despojen de su ropa, la guarden en su maletín y se unan a la multitud, que al unísono seguirá las órdenes que transmite a través de un megáfono. A vuelta de correo, un par de meses después recibirán la fotografía. Y según el artista, queda la satisfacción de haber hecho parte de este proyecto.

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