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Juan Sergio Valcárcel, desnudo entre la multitud

Juan Sergio Valcárcel, desnudo entre la multitud

REVISTA JET-SET

El director de mercadeo de Diageo, que patrocinó con la marca Johnnie Walker a Spencer Tunick en Colombia, fue uno más de los 6.000 osados que madrugaron el 5 de junio para quitarse la ropa en la Plaza de Bolívar.
Juan Sergio Valcárcel Torne, es un ingeniero industrial dedicado a los deportes como la natación, el ciclismo, el fútbol y el golf. Siempre cuidadoso de su salud y su cuerpo, hace tres años participa en las maratones y triatlones de las principales ciudades del mundo.
Por: 30/6/2016 00:00:00

Juan Sergio Valcárcel llegó a la Plaza de Bolívar con sus tenis amarillos y aguantó a 8 grados centígrados de temperatura. Eran las 2 y 45 de la madrugada del domingo 5 de junio y ya había una fila de tres cuadras. Aunque como director de mercadeo de Diageo Colombia, él hacía parte de la organización y los patrocinadores del evento que traía a Spencer Tunick, Valcárcel cumplió con los requisitos como los demás. Seis semanas antes fue de los primeros 100 inscritos en la página del Museo de Arte Moderno de Bogotá y contestó la pregunta de si estaba dispuesto a quitarse la ropa para la fotografía del artista estadounidense: “Hay cosas que solo se pueden hacer una vez en la vida y que el famoso fotógrafo de desnudos viniera era una oportunidad única”, dice. El caleño de 42 años no sufre de pudor con su cuerpo, pero como hombre de familia tuvo que preparar a su esposa y a su hija mayor para que entendieran lo que iba a hacer. A Mónica Navarrete le dijo que quería sentar un precedente y mostrar que cree en la necesidad del país de olvidarse de las diferencias del pasado para pensar en un futuro de igualdad. A Manuela, de 8 años, le explicó con una metáfora: “Cuando vas al paradero del bus, hay niños que se distinguen por el uniforme de sus colegios. Cuando las personas no tienen ropa son los mismos”.Esa mañana no temía quedar desnudo en pleno centro de Bogotá. Estaba preparado. Creció con el ejemplo de unos padres liberales: Ramón Valcárcel, ingeniero y empresario, y Francia Torne, una psicóloga, socióloga y antropóloga que trabajó en la Nasa y quien le enseñó que lo más importante es uno mismo. “De ella aprendí a respetar y a amar mi cuerpo como medio de expresión. Cuando éramos niños mi hermana Dora y yo andábamos en pelota por la casa sin problema”. A las cuatro y media cerraron la entrada a la plaza. Bajo la batuta del equipo de Tunick, las 6.132 personas que cumplieron la cita llenaron los espacios delimitados con líneas imaginarias. Una hora después salió del altavoz: “Es hora de desvestirse”. Ante el llamado, Juan se quitó lo que traía puesto, lo guardó en la bolsa que le dieron con su número de cédula, y para encontrarla fácilmente dejó sus tenis amarillos encima, a la vista. Estaba solo, y al igual que los demás que iban en grupos o en pareja, corrió hacia el lugar de reunión frente al Palacio de Justicia. La carrera era más por sacarle el cuerpo al frío capitalino que por evitar que los demás lo miraran. Tunick, siempre equipado con un megáfono, saludó: “Hola Colombia”. La sonora respuesta fue como la del público de un concierto de rock en el estadio.Desde una tarima el fotógrafo, que lleva más de dos décadas haciendo este tipo de instalaciones, dio las primeras instrucciones: guardar un espacio de un metro entre unos y otros, quienes llevaban gafas tenían que esconderlas, nadie podía sonreír y debían permanecer en silencio con los brazos estirados al lado del cuerpo. Después invitaron a unos voluntarios a que levantaran las tablas que hasta ese momento nadie sabía para qué servían. Unas 30 personas se subieron y simularon ‘surfear’ en un mar de cuerpos. “Se sentía una confianza increíble en los demás. Las mujeres y los hombres que estaban arriba nunca tambalearon”, recuerda Juan. Luego les dijeron que voltearan hacia el Capitolio Nacional, y en ese momento vio a Pablo Emilio Moncayo, el suboficial del Ejército que estuvo secuestrado 12 años en poder de las Farc: “Fue muy fuerte ver la expresión de libertad en su cara”. Se saludaron y la conversación fue interrumpida por otro anuncio. Las mujeres, unas 2.000, debían agruparse en las escaleras del Congreso. “Es la foto más impresionante y divina que he visto. Los hombres nos quedamos admirando esa obra de arte a un lado de la plaza, frente a la catedral”. Salvo un grupo de ellos, que fueron seleccionados para posar en otra foto arriba en la calle 10 cerca de los cerros, los demás buscaron sus pertenencias y se fueron. Juan Sergio se puso la bata negra que le dieron, y sin nada más que sus tatuajes en los pies caminó al lado de sus compañeros por la calle empedrada. Ellos posaron para una fotografía en blanco y negro, y desde arriba vieron un río de mujeres que entraba al Teatro Colón. “Yo me imaginaba las sillas de terciopelo rojo, los balcones y las pieles de diferentes colores. Esa fue una de las características que Tunick resaltó de los colombianos: la diversidad”.Juan Sergio Valcárcel estuvo desnudo en el centro histórico de Bogotá por casi tres horas. Ahora reflexiona y dice que esta experiencia solo la puede comparar con la sensación de vértigo, la misma que él busca cada vez que se lanza al mar desde un lugar alto... Y si es desnudo, mejor.

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