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El debut  del principito

El debut del principito

Revista Jet-set

George, el hijo del príncipe William de Inglaterra y Kate Middleton fue la gran estrella de la gira de la familia por Nueva Zelanda y Australia. Su primer viaje oficial evocó el que su padre realizó hace 31 años en brazos de su madre, Diana de Gales, a los mismos países.
El viento le jugó una mala pasada al abrigo de Kate, diseñado por Catherine Walker, a su llegada a Wellington. La reina Isabel le prestó el broche de platino y diamantes en forma de helecho plateado, símbolo de Nueva Zelanda, que el país le regaló en 1953. Foto: AP.
Por: Edición 28123/4/2014 00:00:00
En sus anteriores viajes, la duquesa Kate y, en especial, sus vestidos y peinados se robaban la atención de las multitudes, pero esta vez fue su hijo George, príncipe de Cambridge, el objeto de todas las miradas, aunque dada su corta edad, sus apariciones fueron pocas. En todo caso, su viaje de tres semanas junto a sus padres a Nueva Zelanda y Australia, marcó el arranque de una carrera que le tocará seguir como tercero en la línea de sucesión al trono británico. De nuevo, la gran ausente del acontecimiento fue su fallecida abuela paterna, Diana de Gales, cuya huella, de todas formas, estuvo presente en la gira, ya que fue ella quien dio inicio a esta costumbre de llevar al heredero real a estas lejanas tierras en las que algún día él también será rey.

En 1983, cuando su padre William tenía los mismos nueve meses de vida con los que George cuenta hoy, la princesa no quiso dejar a su bebé en Londres mientras acompañaba a su esposo, el príncipe Carlos, a los dos países de Oceanía. Diana, que ya era la gran estrella de la realeza, amenazó con quedarse en Gran Bretaña si no la complacían, y su suegra, la reina Isabel II, tuvo que hacer una excepción, ya que por razones de seguridad no es permitido que dos herederos de la corona viajen juntos. Tres décadas después la reina ha tenido que dar su brazo a torcer otra vez, pero ahora quizá ignora menos los beneficios que ello trae para la imagen de la monarquía. Como se recuerda, en los últimos años han surgido movimientos que buscan que el monarca británico deje de ser la cabeza del Estado en algunas naciones de la Commonwealth, sobre todo en Australia. Justo por los días de la visita, George fue bautizado allí por la prensa como “el asesino de la república”, ya que gracias a su presencia en el país, las encuestas revelaron que los sentimientos separatistas mostraron su punto más bajo en los últimos 35 años.

Solo el tiempo dirá si el fervor monárquico se mantiene, pero por ahora lo cierto es que la curiosidad por el bebé más esperado de los últimos tiempos se vio bastante colmada con esta gira. Ya desde la llegada se reveló que se trata de un niño tranquilo, pues no hizo berrinches luego de las 27 horas que duró el vuelo desde Londres hasta Wellington, la capital neozelandesa. Tampoco dio muestras de los malestares propios de un bebé que como él está pasando por la salida de los primeros dientes (ya tiene entre cuatro y cinco).

Voceros reales les explicaron a medios como The Times que la visita, cuyos preparativos duraron más de un año, fue concebida con un tono casual e informal, por lo cual no hubo galas pomposas. Coherente con ello, la presentación de George al mundo no se escenificó en un marco protocolario, sino en un evento organizado por la fundación Plunket, que trabaja por la infancia. Diez padres primerizos de bebés nacidos en la misma fecha que el principito fueron invitados a llevar a sus hijos a jugar con él en la sede de la institución, donde se pudo ver que su personalidad ya empieza a despuntar. Magda Gurbowiccz, una de las mamás que asistieron, le contó al Daily Mail: “George es alegre, vivaz y le gusta tomar el control. Gateó hasta el centro del lugar y se adueñó de él”. Otro padre, Ryan Tunstall, afirmó que “ya es capaz de levantarse sin ayuda, como preparándose para empezar a caminar”. En la reunión había desde familias convencionales hasta madres solteras y parejas gay. Uno de estos últimos, Ryan McRae, calificó a George como “intrépido”, mientras que a otros les pareció “brioso” y muy adelantado para su edad y alabaron sus “pequeñas piernas robustas”.

La prensa, en efecto, informó que George, luego de jugar con el pelo de su madre, no estuvo tranquilo hasta que ella no lo soltó y lo dejó explorar el territorio, adueñarse de juguetes como un tambor y hasta hacer llorar a una bebita llamada Paige.

Mientras él jugaba con sus congéneres, William y Kate compartían con los demás la experiencia común de ser padres.Kate, por ejemplo, les contó que su hijo había dormido bien y se lo atribuía al hecho de que ya estaba comiendo alimentos sólidos. También reveló que él juega con otros bebés pero que nunca lo había hecho con tantos como esa vez. “¡Es una locura, cuántos niños!”, dijo el príncipe William, quien también dio a entender que con todo y su corona le ha tocado trasnochar criando a George. Según él mismo lo relató, se encarga de prepararle su tetero de noche y de acostarlo. Esta presentación, en efecto, se diferenció de la de William, quien fue centro de una sesión de fotos para la prensa no con otros niños sino solo con sus padres, en Auckland, también en Nueva Zelanda, en el 83.

Los duques cumplieron cerca de 45 compromisos, entre partidos de cricket, sesiones solemnes, homenajes a los caídos en la guerra, torneos náuticos, encuentros con los aborígenes y visitas a lugares como zoológicos, museos y teatros como la célebre Opera House de Sídney, donde congregaron a una multitud tal como Diana y Carlos lo hicieron en 1983. En todas esas ocasiones, la duquesa, que usó unos 32 cambios de ropa, hasta tres por día, lució impecable, y en ello también hubo homenajes para su suegra Diana. Varios de sus atuendos, por ejemplo, fueron diseñados por Catherine Walker, favorita de la princesa de Gales.

Según la prensa inglesa, Kate se encargó personalmente de su ropa, pero sí llevó a su peinadora Amanda Cook Tucker y a su asistente personal. El séquito de los duques también estaba conformado por dos secretarias privadas (una para cada uno), tres encargados de prensa, otra secretaria de la gira y un encargado de la logística. Así, Kate cumplió su primer compromiso por fuera de casa tras dar a luz a George el año pasado, pero a su regreso retomó la crianza de su niño en la mayor intimidad y otros oficios de ama de casa como la decoración de sus casas en Londres y Norfolk y la terminación del apartamento anexo a la casa de sus padres, Carole y Michael Middleton, quienes la ayudan mucho con el bebé, en Bucklebury.
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