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El columnista Ricardo Silva y su ojo político

El columnista Ricardo Silva y su ojo político

REVISTA JET-SET

Aún no ha cumplido los 40 años y ya es uno de los columnistas más leídos de El Tiempo y cuenta con 64 mil seguidores en Twitter. Sus textos son una radiografía de la política nacional y un reflejo de su afición por el cine y el fútbol. En mayo será papá por primera vez.
Ricardo es hijo de una abogada y un físico, de ellos heredó su gusto por el análisis político y el buen humor.
Por: 9/4/2015 00:00:00
¿Cómo es que un literato javeriano, experto en cine, termina escribiendo una columna política que hoy es una de las más leídas del país? “Buena pregunta, pienso que tiene que ver mucho con mi familia: mi abuelo materno, Alfonso Romero Aguirre, fue senador, representante a la Cámara y contralor. El hijo mayor de él, por llevarle la contraria, se volvió comunista y lo mataron en 1976 porque era el abogado de los sindicatos. Y mi mamá fue secretaria general del Ministerio de Comunicaciones en el gobierno de Belisario Betancur y secretaria jurídica en la presidencia de Virgilio Barco”. Por eso, desde que era un niño estaba siempre muy bien enterado del acontecer nacional.

Así fue como Ricardo cambió su tranquila vida como crítico de cine de la revista Semana, por una agitada columna política que escribe desde 2009 en El Tiempo bajo el título Marcha fúnebre. “La política me parece tan o más apasionante que el séptimo arte. La veo casi como una ficción, no me interesa meterme en ella pero sí observarla. Es un juego de gente inteligente y muy perversa, lo que la hace fascinante y repugnante a la vez”. 

El columnista compara al expresidente Uribe con el tío de Hamlet. “Él es como el rey que perdió la cabeza y va a ser delirante hasta el último día de su vida”. A Juan Manuel Santos lo ve como un tipo frívolo. “Es de esa gente que forma parte de la élite colombiana que no entiende por qué las personas son tan negativas. A los dos los hermana la ambición y la necesidad del poder”. 

Dice que le enervan los personajes cavernarios como el procurador: “Es un tipo que exige moral y a la vez es el mejor amigo de los peores políticos de este país. Él tiene la suerte de que no nos interese su vida privada, en cambio a él si le importa la nuestra, eso me parece increíble. Por otra parte, Viviane Morales se ve muy seria y trabajadora, pero finalmente tiene una carrera política que uno puede cuestionar”. 

Pero así como en las películas hay “villanos” también hay personajes buenos que le hacen contrapeso a la historia. Le gusta Gina Parody porque es trabajadora, seria e inteligente. Le parece que Rafael Pardo es un tipo querido y decente. De Antonio Navarro destaca el buen humor. Y le tiene un cariño particular a Antanas Mockus, aunque cuando este se lanzó la última vez a la Alcaldía, escribió una columna pidiéndole que no lo volviera a hacer. “Ya estaba haciendo el oso, como lo hace Peñalosa”.

Ricardo escribe como si lo hiciera para un círculo de amigos, sin autocensura pero midiendo el efecto de sus palabras. Antes de mandarle la columna al editor se la hace leer a su esposa, Carolina López, y a sus colegas Daniel Samper Ospina y Juan Esteban Constaín, quienes cuidan que no se le vaya la mano. Dice que en los 17 años que lleva en el periodismo no lo han censurado. Ha logrado vivir de su firma, trabajar desde su casa y aún no sabe de egos. “La fama de un escritor es tierna, eventualmente alguien me reconoce en la calle y me dice que le gusta lo que hago, pero la verdad disfruto de los elogios muy brevemente. Famosos, James y Shakira, lo demás es el prestigio de alguien que hace bien un oficio”. 

Es tímido y no pertenece a esa horda de columnistas con un pie en los cocteles políticos y otro en las páginas editoriales. “No me gusta asistir a eventos. Desde chiquito, en el colegio, era famoso por no ir a las fiestas de cumpleaños”. Ya suficiente con los insultos que recibe en las redes sociales como para salir a pescarlos en la calle. Sabe que pisa callos y por eso ha recibido amenazas que generalmente son anónimas. “Hablar mal de cualquier político trae unos enemigos directos”. Sin embargo son más los que alaban su estilo que quienes lo critican. 

Un día cualquiera del escritor es más o menos así: si está trabajando en una columna o en alguna novela se levanta temprano, se sienta frente a la pantalla del computador y pasa el día tecleando de manera obsesiva. Si no ve películas, va a cine y charla con sus amigos de fútbol, especialmente de su amado Millonarios. Sus compañeros del Gimnasio Moderno presagiaban que iba a ser futbolista, pero las letras desviaron su camino. “Entré a estudiar literatura y el equipo que podía armar era con seis marihuaneros y eso no iba a salir bien, nos iban a golear”. Desistió de patear el balón pero siguió ligado a la pasión por este deporte a través de su oficio de escritor. Uno de sus libros más conocidos es Autogol, sobre el asesinato del exdefensa de la Selección Colombia Andrés Escobar.

El libro lo editó Carolina López, quien luego se convirtió en su esposa. “Nos conocimos en 2008, los dos estábamos ennoviados y ella quedó embarazada de su novio, pero era claro que entre nosotros había una historia de amor. Cuando cada uno terminó su relación nos juntamos. Nunca he sentido que Pascual no sea mi hijo, nos entendemos muy bien”. En mayo nacerá Inés, la primera hija del escritor y de Carolina. A Ricardo le entusiasma la idea de ser papá y está escribiendo una novela sobre la historia de su familia para regalársela a su hija. Ad portas de cumplir 40 años, se siente listo para cambiar pañales y seguir seduciendo a los lectores con sus honestas opiniones sobre la política colombiana.


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