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El cine colombiano estuvo de moda en Cannes

El cine colombiano estuvo de moda en Cannes

REVISTA JET-SET

Por primera vez una película colombiana es galardonada con cuatro premios en el Festival de Cannes, el más importante del mundo. La tierra y la sombra, del caleño César Acevedo, se alzó con la Cámara de Oro a mejor ópera prima y comprobó una vez más el buen momento por el que atraviesa el cine nacional.
La primera película de este colombiano, de 28 años, conmovió hasta el llanto al público francés. César empezó a esbozar el guion a los 18 años, cuando murió su mamá.
Por: 12/6/2015 00:00:00
El director de cine caleño enamoró en Cannes con su película La tierra y la sombra, que ganó la Cámara de Oro a mejor ópera prima. Además se llevó el galardón de la Sociedad de Autores, el premio revelación y el del público, el cual, después de ver la cinta, lo ovacionó durante cinco minutos. “Fue impresionante ver a tanta gente conmovida. Me salí de la sala a llorar y detrás de mí salió Peter Suschitzky –director de fotografía de Crash y Star Wars Episodio V, entre otras– quien me dijo que le había encantado la película y era mejor que cualquiera de las que él había hecho. Para mí no podía ser cierto, pues ese señor es un genio de la cinematografía”. 

A la Semana de la Crítica de Cannes se presentaron 1100 películas y solo se seleccionaron siete, entre ellas la del colombiano. Nadie esperaba que el primer largometraje de este cineasta, de 28 años, llegara tan lejos, ni siquiera él. “Creíamos mucho en nuestro trabajo pero estábamos compitiendo con otras cintas muy buenas. Cuando en un almuerzo, mi productor francés me dijo: ‘Tengo que besarte porque nos ganamos la Cámara de Oro’, no le creí. Solo cuando lo vi llorando dije: ‘Ah, entonces es cierto’”, recuerda con su marcado acento caleño que por estos días le ha dado la vuelta al mundo en varias entrevistas en radio y televisión. 

La Cámara de Oro es el premio más importante que ha recibido hasta ahora el cine colombiano y uno de los más significativos de la industria. El éxito de Acevedo en Cannes se suma al de otra película colombiana, El abrazo de la serpiente, dirigida por Ciro Guerra, que consiguió el premio Art Cinema Award, el de mayor importancia dentro de la Quincena de Realizadores. La Ley de Cine ha permitido consolidar un proceso que ahora da sus frutos. “Estamos pasando por un buen momento. En el año 2000 solo se hacían dos o tres películas anuales y la participación en festivales internacionales era esporádica; en 2015 se estrenarán 64”, dice César. Él lo atribuye en gran medida a que el Estado se ha metido la mano al bolsillo para apoyar proyectos cinematográficos. Según datos de Proimágenes Colombia y el Ministerio de Cultura, este año el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico destinó 18.461 millones de pesos al séptimo arte, mientras que en 2004 la cifra solo llegó a los 4.370 millones de pesos, menos de la cuarta parte. Eso permite que hacer cine en el país ya no suene tan descabellado. 

Para el caleño este boom de las producciones del país en los festivales internacionales tiene mucho que ver con una nueva generación de cineastas, quienes le apuestan a contar historias más humanas y profundas. “Estamos haciendo películas que hablan de nuestra identidad, de lo que somos y de dónde venimos, y eso hace que sean más interesantes. El cine es una herramienta muy valiosa para construir memoria”, dice. Él se tardó ocho años en escribir el guion de La tierra y la sombra, que fue su tesis laureada de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad del Valle, donde era reconocido como un tímido cinéfilo, seguidor de Andrei Tarkovsky y Robert Bresson. En medio de sus clases gestó la historia de Alfonso, un campesino que vuelve a su hogar tras 17 años de ausencia para ayudar a cuidar a su hijo moribundo, mientras su mujer y su nuera trabajan como corteras de caña de azúcar en el Valle del Cauca. 

“La película nació de un dolor tan personal como la ruptura de mi familia, y en pensar en lo difícil que es mantener los lazos con las personas que más amamos”. Sus padres se separaron cuando él era un niño, su papá se fue de la casa y él se quedó con su mamá, quien murió de un cáncer cuando él tenía 18 años. “Pasé un tiempo con mi hermana en Cali y hace tres años me vine a vivir a Bogotá con una maleta, que era toda mi vida. Al principio fue muy difícil, pero no me rendí; siempre luché por hacer esta película y en el camino encontré gente maravillosa que me apoyó”. Mientras que tocaba puertas en Cali para que su historia llegara a la pantalla, fue asistente de producción de El vuelco del cangrejo, hizo cámara en La sirga; y fue coguionista y segundo director en Los hongos. Se le medía a todo con tal de aprender: servir tintos, cargar cables, etcétera. Es un joven de pocas palabras, reflexivo y prefiere estar detrás de cámaras que frente a ellas, como le ha tocado en las últimas semanas para promocionar su película. Vive en el barrio La Macarena con Amelia, su gata. 

Sabe que este premio es muy significativo para el país, pero es consciente de que es un director en formación. “Tengo los pies en la tierra, esta es apenas mi primera película y aún me falta mucho, lo importante es seguir trabajando”. Ahora escribe el guion de su segundo largometraje centrado en la historia de dos fantasmas que emprenden un camino al cielo, mientras reflexionan sobres sus vidas, y cómo la guerra destruye los cuerpos y también las almas. 

A partir del próximo 23 de julio los colombianos podrán ver en las salas de cine del país la película de Acevedo, que marcó un hito en el cine nacional. Al César lo que es del César.

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