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El Bush pintor

El Bush pintor

Revista Jet-set

Algunos se burlan pero otros le reconocen algún valor a los cuadros de gobernantes del mundo pintados por el presidente estadounidense más impopular de los últimos tiempos.
George W. Bush, de 67 años, en la sala de su exposición junto al cuadro que le hizo al expresidente Álvaro Uribe Vélez. La obra está acompañada con los regalos que el colombiano le dio y la foto de uno de sus encuentros como mandatarios junto a sus esposas. AP.
Por: Edición 28123/4/2014 00:00:00
“Tony Blair es reconocible pero parece haber sufrido una dislocación de la mandíbula”. “Jacques Chirac es retratado con todo y sus verrugas”. “El presidente Hamid Karzai, de Afganistán, es representado con una inusual expresión de preocupación”. De este tenor han sido los comentarios que ha suscitado la serie de 28 retratos de gobernantes con los que George W. Bush decidió mostrar por primera vez su faceta de artista. La muestra, titulada The Art of Leadership: A President’s Personal Diplomacy (El arte del liderazgo: la diplomacia personal de un presidente), marca la apertura de la George Bush Presidential Library and Museum, en Dallas, la cual, siguiendo una tradición cultivada por los exmandatarios gringos, busca preservar y divulgar su legado político.

Que Bush se haya revelado como pintor ha causado no poca extrañeza, pues además de ser considerado un mal presidente, siempre ha cargado con la fama de inculto y nada inquieto artística e intelectualmente. Pues bien, como él mismo lo relató en un video promocional de la muestra, hace dos años, pensaba en cómo vivir la vida al máximo y leyó un ensayo de Winston Churchill titulado Painting as Pastime (La pintura como pasatiempo) y eso lo inspiró. “Nunca había usado un pincel ni mezclado una pintura, así que resolví intentarlo”. Desde entonces, pinta todos los días y en un año completó los cuadros de los líderes, los cuales firma solo con un 43, su número en la sucesión de los presidentes de Estados Unidos.

Algunos críticos le han dado palo al Bush pintor, con la misma dureza con que lo hacen sus detractores políticos. Consultada por The Huffington Post, por ejemplo, la experta Debora Solomon dijo que no estaba nada impresionada. “Los cuadros son muy ingenuos como pinturas”. Y aunque califica de legítima la técnica del tracing o calco usada por el presidente, que consiste en proyectar las fotos y luego copiarlas, le ve un pero a su obra y es que “Bush no transforma sus imágenes de ningún modo, sino que sencillamente las copia”.

Cuando han sido favorables, los comentarios resultan más alentadores de lo que se podría esperar del hombre al que se le reprocha haber embarcado al mundo en las guerras de Irak y Afganistán. David Taylor, editor en Estados Unidos de The Times, de Londres, reconoce que “unas obras son mejores que otras, pero en conjunto la exposición revela que Bush tiene cierto talento. Su bronceado Berlusconi (…) enseña una sonrisa pícara y esa mirada distante del hombre que tiene una travesura en mente”.

Por su parte, Roberta Smith, crítica de arte de The New York Times, llama a Bush un “amateur decente” y destaca su asombrosa capacidad para traducir las fotografías en imágenes desmañadas y animadas por la distorsión y las pinceladas algo exageradas. Cree además que las pinturas pueden ser útiles para analizar la personalidad de ese conocido desconocido que es Bush para los estadounidenses. Así, la dedicación con que se ha aplicado al arte en su retiro, refutaría el carácter de perezoso que se le endilgaba cuando habitaba en la Casa Blanca. “Las obras confirman más que todo la versión del Bush cómodo en su propia piel, aparentemente abierto y encantador pero a la vez cerrado, opaco y astutamente despreciativo consigo mismo”, concluyó Smith.
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