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El blog de arte de la nieta de Botero

El blog de arte de la nieta de Botero

Revista Jet-set

La hija de Lina Botero tiene un blog sobre arte en el que comenta con humor y sarcasmo, novedades de artistas y exposiciones de todo mundo. No siente que está dictando cátedra ni haciendo crítica, solo da su opinión independiente como alguien que estudió el tema y creció viendo a su abuelo pintar “las gordas” más famosas de Colombia.
Esta es la imagen con la que se presenta en su blog Andreawildbotero.com
Por: Edición 28925/8/2014 00:00:00
En enero de este año Andrea, quien recién terminó su maestría de Business Art en Sotheby’s en Inglaterra, se radicó en Zúrich, Suiza, donde trabaja freelance en el departamento de ventas e investigación de una reconocida galería que, entre otras cosas, representa a su abuelo, Fernando Botero, en esa parte de Europa. Después de una corta experiencia en el negocio de las artes plásticas, en febrero de 2012 decidió lanzar su blog de arte Andreawildbotero.com en el que tiene 576 seguidores, entre los que está el maestro y autor del Boterosutra. Como cualquier cibernauta, quería compartir en la red su visión profesional con clase, humor e ingenio. Hace su blog sola, sin ayuda, porque sabe que su nombre está en juego.

“No tengo un método para escoger los temas sobre los que voy a escribir, solo se me ocurren y los planteo. La verdad, me divierto mucho haciéndolo y me gusta que la gente a veces reaccione a lo que digo”.

Más allá de la influencia de sus papás, el galerista Alfred Wild y la periodista cultural Lina Botero, la escogencia de la plástica como su campo laboral es consecuencia de sus decisiones académicas y de una herencia natural que la ha puesto en el mismo camino por el que ha trasegado su familia. “Hice mis pasantías en galerías y revistas mientras estaba en la universidad, y mi primer trabajo fue en Acquavella Galleries en Nueva York, toda una institución especializada en artistas de los siglos XIX y XX. Empecé con asignaciones generales, desde investigación de precios de obra hasta subastas, y manejo de colecciones de clientes, ellos fueron los que primero me llevaron a trabajar en ferias de arte”.

Después de sus estudios de pregrado, tuvo un breve regreso a Ciudad de México donde apoyó un proyecto especial de Rivelino, un escultor local que estaba inmerso en la instalación de una megaobra, una “raíz” de 1,2 km de largo. Estaba hecha de fibra de vidrio y el reto era instalarla en diferentes monumentos y plazas emblemáticas de la ciudad en 24 horas, sin que la prensa se diera cuenta. Lo hicieron con 150 voluntarios a los que Andrea tuvo que coordinar de cerca.

El apellido Botero le produce muchísimo orgullo. Aunque en una época intentó pintar, se dio cuenta de que eso no era lo suyo. De sus clases de bellas artes en la Universidad de Nueva York solo recuerda como exitosa la vez que tuvo que dibujar un huevo con su respectiva sombra, y le quedó realmente bien. Tanto, que le mandó un mensaje a su abuelo diciéndole: “Fer, tienes competencia en la familia”.

Sus preferencias artísticas apuntan al fauvismo y el expresionismo abstracto americano. Admira la obra de Basquiat sobre muchas otras. Entre sus pintores favoritos nombra a Rashid Johnson, Louise Bourgeois y Francis Bacon. Sueña con vincularse a una galería multinacional con corazón, que le apueste a los procesos de creación y deje en un segundo plano los intereses comerciales.

Por ahora, solo viaja una vez al año a Colombia para encontrarse con familiares y amigos. Aún no ha tenido el placer de trabajar con su abuela, Gloria Zea, y quisiera poder llevar exposiciones internacionales itinerantes al MamBo. Su madre, Lina Botero, es su compañera de viaje cuando asiste a las ferias de arte. No se considera una coleccionista en toda la extensión de la palabra, pero recientemente adquirió una obra de Peter Blake, artista pop inglés, conocido por ser el diseñador de la carátula del disco Sgt. Pepper de The Beatles.

El tema de Fernando Botero no puede estar por fuera de una conversación con una bloguera colombiana de arte, quien además es su nieta: “Me encanta toda su obra, pero si tengo que escoger prefiero lo que él hacía en los años 60 porque parece un sueño. Me gusta mucho la serie sobre las corridas de toros y me parece que su Boterosutra es lo máximo”.
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