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El arte en los grafitis de Bogotá

El arte en los grafitis de Bogotá

Revista Jet-set

Christian Petersen, un artista callejero de Australia, descubrió que en Bogotá se encuentran algunos de los mejores grafitis del mundo. Para conocerlos, el joven se inventó un city tour por La Candelaria, por donde han pasado creadores urbanos de Nueva York, España y Polonia. Este guía nos mostró varios murales que bien podrían ser piezas de museos.
Christian Petersen llegó a Colombia cuando se enamoró de una barranquillera. Su city tour para ver grafitis incluye unas 20 cuadras del barrio La Candelaria, donde algunas pinturas dominan las paredes de las casas coloniales con el aval de sus dueños. Foto: Imagen Reina/14
Por: Edición 29322/10/2014 00:00:00
El grafiti puede ser considerado la expresión de los vándalos que ensucian las paredes o una obra de arte, dependiendo de quién lo mire. Por ejemplo, el australiano Christian Petersen lo redime y le da estatus de arte pop, al punto de que es el organizador de un city tour por el barrio colonial La Candelaria, con el único objetivo de dar a conocer las mejores pinturas callejeras de Bogotá.

El paseo se ganó un decoroso reconocimiento en TripAdvisor, que lo incluyó como cabeza del ranking de las actividades turísticas más importantes de la capital de la república.

Petersen, grafitero con formación en Sídney, llegó al país hace cinco años y realizó un inventario de unos 50 murales urbanos de por lo menos 30 artistas nacionales y extranjeros que recorren el país y el mundo en busca de una pared donde plasmar sus obras. Por La Candelaria han pasado creadores de Estados Unidos, Polonia, España y Argentina, casi todos anónimos o que usan seudónimos muy cercanos al cómic para adultos. Uno de ellos es Daxter, una misteriosa mujer de Nueva York que pintó una serie de grafitis en el centro de la ciudad y luego siguió su aventura, con el aerosol en la mano, por varios países de Suramérica. Otro creador es el australiano que firma con el apelativo de Crisp, poseedor de una obra de carácter universal que protesta por las persecuciones a los implicados en el caso WikiLeaks.

Como parte de sus procesos creativos, estos pintores urbanos ocultan su verdadera identidad. Incluso procuran no conceder entrevistas y solo hablan de sus propuestas con las personas del mismo gueto de artistas.

Algunas de estas muestras pictóricas sobreviven ante el continuo acecho de los líderes locales y autoridades que las borran o de los mismos vándalos que las rayan pese a que varias de estas creaciones tienen un innegable valor, según críticos y curadores de museos.

El recorrido que hace Christian Petersen por las calles capitalinas visibiliza entre el caos capitalino varias pinturas que tienen influencia de diferentes vertientes artísticas como el arte pop, el cubismo de Picasso y los trazos surrealistas de Dalí. No se puede negar que muchos creadores han bebido de la escuela de Bansky, el artista callejero más valorado del mundo. “El grafiti podría ser considerado una expresión ilegal porque está en lugares donde tradicionalmente no debería estar. El público en general tiende a verlo como vandalismo, mientras que los grafiteros lo hacen como una forma de rechazo al sistema”, explica Petersen, quien se opone a los colegas que se expresan en monumentos históricos, estatuas y lugares de culto de la ciudad.

La mayoría de los trazos monumentales que hay en La Candelaria tienen un contenido con carga política, de rechazo al racismo y de inconformidad por el deterioro del medio ambiente. Petersen trata de redimirlas con su paseo matutino que congrega a critíticos especializados, mochileros y estudiantes de arte, casi siempre europeos. Algunos rincones de Bogotá, una ciudad caótica, ruidosa y congestionada, son una obra de arte.

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