Suscríbase

Reciba en su correo nuestras noticias y entérese de lo último de los famosos.

El arca de Rafael Vieira en Barú

El arca de Rafael Vieira en Barú

REVISTA JET-SET

Este hombre, toda una institución ambientalista en Cartagena, y su hijo, Martín Pescador, abrirán en enero de 2016 un aviario con 1700 animales; algunos son exclusivos de la fauna colombiana y otros, exóticos de África y Oceanía. A este proyecto, en el que Rafa trabaja desde hace 25 años, se le abonó un hito científico: la reproducción en cautiverio de las aves paujil.
Martín Pescador Vieira, quien estudia arquitectura en Bogotá, jamás se desentendió de la construcción y organización del aviario, de Barú, que ideó su padre, Rafael Vieira. “Mi hijo nació para amar a los animales. No tenía elección”, dijo el prestigioso conservacionista que también fundó el Oceanario en las islas del Rosario.
Por: 17/12/2015 00:00:00
El ecologista Rafael Vieira se ha puesto esmoquin una sola vez en la vida: hace 25 años cuando se casó con Silvana Obregón, la hija del pintor Alejandro Obregón y la coreógrafa Sonia Osorio. En el clóset de su cabaña, en San Martín de Pajarales, en las islas del Rosario, tampoco guarda corbatas. En este entorno, lleno de animales marinos y de aves, no las necesita y menos ahora que compartirá las actividades de su acuario, que abrió hace 33 años, con el aviario que inaugurará a finales de enero de 2016, en un terreno ubicado a la entrada de Playa Blanca, Barú. 
Su hijo, Martín Pescador Vieira, de 22 años, se involucró como colaborador del proyecto. El joven ondea las banderas conservacionistas que su padre tomó hace 40 años cuando acababa de estudiar taxidermia, técnica para disecar animales, en Inglaterra y España. En esos días, Rafa buscaba crear un museo de ciencias naturales y había planeado una vida entre las comodidades del sector de Bocagrande, pero cambió todo para trabajar junto al mar, puntualmente en la isla San Martín de Pajarales, que heredó de su papá. 

En el Aviario Nacional, los visitantes encontrarán unas 1700 aves coloridas que pertenecen a 135 especies, algunas que solo habitan en territorios muy reducidos de nuestro país. Varios de estos pájaros están a punto de desaparecer del mapa y únicamente quedarán en las fotos que se encuentran en el inventario de fauna y flora del Ministerio del Medio Ambiente. 
El centro de exhibición de animales bípedos de Vieira, por ejemplo, desarrolla el programa de preservación del paujil, o pajuil, que vive en unos pequeños territorios de la Sierra Nevada de Santa Marta y en el sur de Bolívar, donde es cercado por la amenaza de los cazadores. El ecologista logró lo que era impensable hace unos años y en 2014 alcanzó a reproducir en cautiverio unas diez crías con el fin de liberarlas en los bosques tropicales. “Estamos esperando tener unos 150 pichones para llevarlos a su hábitat”, explicó.
El trabajo de investigación científica del Aviario tendrá repercusión más allá de las aguas del mar Caribe. Dentro de poco, el Ministerio del Medio Ambiente le entregará dos cóndores de Chile con el propósito de desarrollar un programa de apareamiento sostenido. Los pichones serían liberados en la cordillera de los Andes, donde la población de estos animales de rapiña se redujo a 150. La alerta roja se encendió como consecuencia de la cacería de los campesinos, quienes los consideran una seria amenaza contra la ganadería.
El deseo de construir un refugio de aves en Barú fue concebido hace 25 años, por la época en que Rafa recibió, por parte de los organismos de control ambiental, los primeros pájaros que decomisaron durante los operativos contra el comercio ilegal de animales. Algunos búhos, guacamayas, loros y tucanes se convirtieron inicialmente en parte de los atractivos del Oceanario de las islas del Rosario, donde desde hace casi cuatro décadas conviven algunas rayas, delfines amaestrados, tiburones y tortugas marinas. 
Todo empezó en el Oceanario
Vieira inició su investigación científica al liderar la reproducción asistida del mero guasa o gigante, que crece unos dos metros y vive hasta 37 años. El hito de las ciencias marinas salió a la luz pública después de 20 años de estudios e intentos de reproducir de manera controlada a los alevinos que, según expertos, podrían contrarrestar la proliferación del pez león, unos de los más temidos depredadores del fondo del mar. 
Con el proyecto “Tortuga del Oceanario”, Vieira también libera cada año a centenares de estos reptiles que siguen siendo presa fácil de los isleños. Con los años se ha reducido la cacería gracias a las iniciativas gubernamentales y privadas que trabajan a favor del medio ambiente. “El Oceanario nació en 1982, cuando solo llegaban dos lanchas de motor para ver qué tenía el loco Vieira en su casa. Aunque esto fue primero que el Aviario, debo admitir que mi pasión real desde la infancia son las aves. De hecho, estudié taxidermia porque las amo”, afirmó el conservacionista. 
Hoy, en su centro de observación de Barú, Rafa trabaja con 15 personas, incluyendo los encargados de la cocina, quienes curiosamente casi nunca preparan platillos suculentos para los humanos. Algunos de estos menús llevan carne cruda y ratones como parte de la dieta de las aves de rapiña y de otras que comen carroña.
El nuevo proyecto del barranquillero también cuenta con bípedos de otras latitudes como el cisne negro, de Australia, y la grulla coronada africana. “Estos animales no sufren en el trópico. Por el contrario, el eterno calor que tenemos es ideal para la etapa reproductiva. De hecho, en sus países de origen lo hacen en el verano”, explicó el científico. Para que esta “arca de Noé” no naufrague antes de tiempo necesitará de las regalías que recibe el departamento de Bolívar, de algunos aportes del Ministerio del Medio Ambiente y del público que pagará entradas desde los $35.000 pesos. A Rafael Vieira y a su hijo, Martín Pescador, los seduce este mundo en el que no requieren esmoquin ni corbata.
LO MÁS VISTO