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Robinson Díaz, 8 años con El Cabo

Robinson Díaz, 8 años con El Cabo

REVISTA JET-SET

Después de su exitoso papel de El Cabo en las series El cartel de los sapos y El señor de los cielos, Robinson Díaz lleva al popular mafioso a las tablas de Casa E en Bogotá. En este show, que estará en temporada hasta el 5 de marzo, el narco raja a diestra y siniestra de los políticos del país.
El personaje de El Cabo nació en la serie El cartel de los sapos hace 8 años. Caracol dio la licencia a Robinson para llevarlo al teatro.
Por: 24/2/2016 00:00:00

Es jueves a las 8:00 pm y el teatro Arlequín de Casa E, en Bogotá, está lleno por cuenta de El Cabo, el personaje que popularizó Robinson Díaz en series como El cartel de los sapos y El señor de los cielos y que ahora se roba el show en las tablas. Después del tercer llamado aparece en escena ese mafioso ordinario, con bigote mexicano, sombrero y blin blin repartiendo dólares a diestra y siniestra. El público se ríe tímidamente del humor negro de este traqueto deslenguado que se burla de sí mismo y les canta la tabla a los políticos de este país. “Como diría Pretelt: ser pillo paga”, dice El Cabo.

El atrevido personaje le da licencia al actor para decir cosas que en una obra clásica no tendrían cabida y que cualquier parroquiano piensa. “Yo no soy político ni filósofo, soy un comediante. Lo único que puedo decir como Robinson es que estoy hasta la madre de la guerra; no me ha tocado un día en que no sienta las balas”. El paisa vivió la violencia de los década del 80 en Envigado, Antioquia, donde Pablo Escobar cometió muchas de sus fechorías. “A la mayoría de los de mi cuadra los mataron”. Ahí conoció a varios narcotraficantes que inspiraron a El Cabo, un mafioso que se cansó de vivir de la melcocha, que quiere retirarse del negocio y busca la manera de integrarse a la legalidad.

Su show, dice, es una protesta con humor a toda la “podredumbre” que vive Colombia. “Es una columna de opinión cómica de un narco de ficción que le dice a la gente las verdades en la cara”. Cada frase que lanza bien podría convertirse en titular y entre sus palabras se esboza un sentimiento de impotencia: “En este país hay mafiosos de corbata que no tienen nada que ver con la droga. El nepotismo es una mafia, lo de Reficar y lo de Isagen son una cochinada. Cuando uno ve a Santos y Uribe vendiendo todo, se da cuenta que aquí no hay nada que hacer. Apague y vámonos”, dice desahogándose.

Sin embargo, es difícil precisar qué le sulfura más, si la corrupción o que le digan que su personaje es una apología a la violencia y deja mal parado al país: “La imagen de Colombia ya estaba cagada antes de que yo naciera, no hay nada que hacer ahí. Por qué no se preocupan más bien porque en La Guajira no mueran más niños por desnutrición o en arreglar los problemas de Transmilenio”. A quienes lo señalan de haberse encasillado con El Cabo, un personaje que lleva haciendo desde hace 8 años, les responde: “No voy a matar la vaca que me está dando leche. Si la gente me lo pide ¿por qué no lo voy a hacer? En este momento muchos actores darían lo que fuera por estar encasillados como yo. Este ha sido el personaje más generoso que he tenido en mi vida, me ha llevado a todas partes y a llenar muchos escenarios”.

El Cabo ha visitado más de 14 países y es un fenómeno, especialmente en México. Allí se ha presentado en palenques, galleras, plazas de toros, antros, y hasta en el Teatro Blanquita, donde solo hay cabida para los grandes. “En ese lugar por fin me sentí un rockstar. Que Vicente Fernández se me acerque a decirme que adora a El Cabo y que quiere tomarse una foto conmigo es increíble, casi me desmayo. Hay gente que ha viajado hasta seis horas en carro de una ciudad a otra por verme”. Robinson asegura que en la tierra del tequila y la ranchera aprendió lo que es vivir del show business, de la representación de un antihéroe que ha sabido ganarse el corazón del público por la manera tan cruda y directa de decir las cosas: “Me tocó venirme de México porque se calentó el parche. Al socio que me compraba la melcocha lo agarraron chateando con una actriz de televisión. Yo le dije: vámonos para Colombia que ahí hay garantía para los criminales, y no quiso. Yo sí me devolví para la tierrita, este es el mejor país del mundo para vivir, aquí tenemos una Miss Universo de cinco minutos y somos la capital mundial de la fotocopia autenticada”, dice El Cabo mientras la gente del teatro estalla en una sola carcajada.

Ha sido tal la acogida en México que inclusive los narcotraficantes de carne y hueso, lejos de incomodarse, van a verlo y le proponen llevarlo a sus ranchos, a lo que su manager, Patricia Grisales, responde con un enfático no. “Conozco artistas que lo han hecho y no voy a decir quiénes son porque no tengo un pelo de sapo. Detrás de este negocio se mueve mucho dinero pero yo no bailo por la plata, bailo por una necesidad interna de divertirme y hacer reír a la gente”. Y lo logra. Después de terminado el show, el público hace fila para tomarse una foto con él mientras las mujeres lo besan emocionadas y le piden dinero para hacerse cirugías plásticas. “El Cabo tiene muchas fanáticas porque es un macho bigotón y billetudo, y no un metrosexual ni un hipster”, dice.

El teatro es para Robinson como su casa, un lugar en el que se siente cómodo. Cuenta que por ahora no regresaría a la televisión; en diciembre del año pasado finalizó el contrato de exclusividad por 20 años que tenía con Caracol. “Los portales y las plataformas de streaming están quebrando a la televisión nacional y eso se refleja en los sueldos y en que contratan actores que valen un peso. De pronto por eso no hay trabajo para mí en este momento”. Hace poco le ofrecieron un papel en Netflix pero no clasificó porque, como le dijo alguien, “él es un actor muy costoso”. Por ahora El Cabo es quien llena sus bolsillos de dinero.Después de finalizar su temporada en Casa E en Bogotá, seguirá con su show en Pasto, Pitalito y Arauca. A mediados de mes visitará por segunda vez Miami, donde tiene un grupo grande de seguidores. En su espectáculo, Robinson también le da palo a los gringos: “Ustedes son los mayores consumidores de perico después de Maradona. Cosa blanca y Casa Blanca solo tienen una letra de diferencia”. Además, se burla de Donald Trump: “Ese señor no hace sino decir que los latinos somos asesinos y violadores y tiene razón, pero tampoco es para que lo esté gritando a los cuatro vientos. Si él quiere ser presidente de Estados Unidos va a tener que contar con el voto latino porque sino el próximo peluquín se lo vamos a hacer con pelo de las guevas”, dice con su típico hablado chabacano mientras el público bogotano celebra su comentario con un aplauso.Son las 11:00 pm y en el camerino lo esperan su esposa Adriana Arango, quien ayudó a estructurar el guión con el libretista César Augusto Betancur, alias Pucheros; y su hijo Juan José, quien hace un pequeño papel de escolta. Robinson llega cojeando pues durante el calentamiento hizo un brinco que le jaloneó la rodilla. Siente dolor pero se aguanta porque sabe que al otro día el show debe continuar.

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