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Dora Lucía Piedrahíta: el debut de una ceramista

Dora Lucía Piedrahíta: el debut de una ceramista

Revista Jet-Set

La artista inaugurará su primera exposición, Agua, en la Galería Sextante de Bogotá el próximo 23 de julio. Se trata de 30 obras inspiradas en el mar y que recopilan sus últimos 8 años de trabajo.
La artista pasa muchas horas al día en su taller, iluminado por grandes ventanales, que tiene hace 27 años. Foto: ©Gerardo Gómez/13.
Por: Edición 26310/7/2013 00:00:00
Dora Lucía Piedrahíta se enamoró de la cerámica hace 27 años en un viaje familiar a la China, donde visitó varios museos y caminó por entre los imponentes guerreros de Xian, algo que ahora está restringido. “Verlos y poderlos tocar fue alucinante. Son gigantescos y sus facciones son fenomenales. Mientras estaba allí algo en mi interior me decía que debía dedicarme a la cerámica”. A su regreso a Bogotá se matriculó en clases para aprender a trabajar el barro y luego abrió un taller en el que se refugia durante varios días a la semana a darle vuelo a su espíritu creativo.

Hasta hace dos años regalaba las obras que hacía a sus amigos y familiares, pero su esposo, Luis Martín de Germán Ribón, la animó a conservarlas y montar su primera exposición. La muestra que se realizará en la Galería Sextante de Bogotá, desde el próximo 23 de julio, se titula Agua y está compuesta por 30 esculturas que reflejan su pasión por el mar. “Llevo muchos años yendo a las islas de Barú y veo con preocupación que cada vez hay menos corales y seres vivos. Esta obra es una expresión de rebeldía a eso que está pasando; tiene pedazos de caracol, un colorido muy fuerte y ondulaciones que simulan el vaivén de las olas y las palmeras”, cuenta la artista.

La curaduría la hizo Ana María Escallón, exdirectora del Museo de la OEA en Washington y especialista en arte latinoamericano. “Dora Lucía es una mujer muy refinada y con un gusto sobrio y exquisito. Esta exposición es la recopilación de su trabajo de los últimos ocho años. Es una obra muy zen, tienen una circularidad muy interesante, son como piezas que se ensamblan. Su gran aporte es la modernidad en la cerámica”, dice Escallón.

Dora Lucía estudió bellas artes en Los Andes y diseño textil. Antes de esto no se había atrevido a mostrar sus creaciones porque le daba pánico la opinión del público, pero después de casi tres décadas en este oficio se siente preparada para asumir lo que venga. Sus mejores críticos son sus tres hijos, aunque ninguno heredó su oficio. Tomás, el mayor, es negociante; Silvia trabaja en Don Eloy, la empresa que fundó su abuelo Miguel de Germán Ribón hace más de 50 años, desde donde planea las fiestas y bodas más exclusivas del jet set nacional; y Tatiana es economista y vive en Washington. “Yo les mando fotos de mis obras y ellos me dicen qué opinan. Son bastante acertados en sus comentarios”, afirma Dora.

Silvia tiene varias creaciones de su mamá en su casa y en la oficina. “Me encanta todo lo que ella hace”, dice. A la hora de describirla le sobran elogios: “es una mujer social, consentidora, divina, querida con todo el mundo y muy creativa”.

La artista explica que la mayoría de sus esculturas salen de manera natural y cuando ve que alguna tiene un detalle que no le gusta vuelve a empezar desde cero, sin importar el tiempo que le haya tomado hacerla: “soy muy perfeccionista en eso, no soporto la mediocridad”. Crea en su taller iluminado por grandes ventanales que dejan ver un colorido jardín. “Yo no podría trabajar en un lugar donde no hubiera nada de naturaleza, me encanta el verde, las hojas”. Los espacios son amplios y están decorados con grabados y portarretratos con fotos de su familia. Están llenos de ‘chucherías’, como ella misma dice.

A esta mujer le encanta reciclar. “Me la paso mirando para el suelo a ver qué encuentro que me pueda servir para mi trabajo. Para mí visitar un mercado de las pulgas en cualquier parte del mundo es una fantasía, es como para un niño ir a Disneyland. Hace poco estuve con mi familia en la India y todo lo que venden allá es hermosísimo, los sellos, las telas”, cuenta. En sus periplos por el mundo compra libros sobre cerámica y cocina. “Tengo dos pasiones que se complementan bastante. Preparar un esmalte para una de mis piezas es parecido a hacer una buena receta, en ambos hay que ser exacto con los ingredientes”, dice.
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