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El matrimonio de Donald y Melania Trump va mal

El matrimonio de Donald y Melania Trump va mal

REVISTA JET-SET

Vanity Fair afirma que la primera dama de Estados Unidos es una mujer golpeada por las humillaciones y patanerías del presidente, de quien pensó en divorciarse en plena campaña electoral.
Los Trump en el almuerzo tras el juramento. Ella no quería que él se lanzara a la Presidencia porque le temía al triunfo y a la carga que veía venir como primera dama, un papel que no le interesa.
Por: Revista Jet-set.11/5/2017 13:57:00

Al poco tiempo de su boda en 2005 y al ver que ya tenía 35 años, Melania quería tener un hijo pronto. Donald aceptó, pero con una condición: que recuperara su cuerpo de modelo tras el parto, según se lo confió él mismo a un allegado que los visitó cuando ella estaba a punto de dar a luz a Barron. El informante se quedó aterrado con lo rudo que era Trump con su esposa. “No le preocupaba cómo se sentía y solo tenía para ella una especie de reproche: ‘tú querías tener un bebé’”, le contó la fuente a Evgenia Peretz, una de las editoras más prominentes de Vanity Fair, quien se metió a fondo en el enigma de la familia presidencial.

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La pareja a la entrada de la Gala del MET en 2008. Foto: Look Press Agency.

La periodista recordó que la infelicidad de Melania y la distancia entre la pareja se hicieron notorias desde la posesión, el 20 de enero pasado, cuando él le hizo varios desplantes. En el Capitolio, según un video que se volvió viral en internet, hubo un momento en que ella estaba muy sonriente hasta que él se volteó a mirarla y le dijo algo que mudó completamente su expresión. “Se veía regañada y como si se quejara: ‘nunca nada es suficiente’”, afirmó con razón un cibernauta. Luego, a su llegada a la Casa Blanca para recibir la mansión de Barack y Michelle Obama, la pareja presidencial saliente, él no mostró la menor caballerosidad con Melania, sino que la dejó atrás como si no existiera.

Foto: Getty Images.

En su artículo Inside the Trump Marriage: Melania’s Burden, Peretz asegura que el mandatario siempre ha sometido a la primera dama a situaciones degradantes y de cosificación como mujer. En 1999, a los pocos meses de iniciado el romance, le tuvo que contar a la estrella de la radio Howard Stern, al aire, cómo y cuántas veces en el día hacía el amor con Donald, a solicitud de él mismo. Después, soportó oír cómo el magnate le expresaba al mismo Stern que si ella resultaba herida en un accidente de tránsito la seguiría amando si sus senos quedaran intactos.

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El artículo sugiere que el matrimonio fue una transacción. Con su impactante figura, ella debía enaltecer la virilidad de él, así como darle espacio y no provocar peleas. A cambio, obtenía la promesa de no tener que volver como una modelo fracasada a su Eslovenia natal, además de lujosas mansiones donde practicar sus hobbies favoritos: leer revistas de moda y practicar pilates.

De fiesta en el club Marquee New York, en 2004. Ella no había triunfado como modelo porque era muy tiesa y él fue su tabla de salvación. Foto: Getty Images.

A raíz de su entrada a la política, Donald empezó a exigirle más. Tenía que seguir siendo decorativa y hablar solo cuando se le solicitara, pero además repetir en las entrevistas sus mismas ideas. Un excolaborador de la familia le contó a Evgenia Peretz que Melania le confesó que no quería que él se lanzara a la Presidencia, porque temía que ganara.

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“Ella hizo todo lo que pudo por ignorar la nueva realidad, so pretexto de que quería estar con Barron”, escribe Peretz. En efecto, solo acompañó a su esposo en contadas ocasiones durante los 17 meses que duró la campaña. Para colmo, sus escasas apariciones terminaron siendo un fiasco.

Melania prefiere quedarse atrás para que Trump se adueñe de la escena. Foto: AP.

Lo más doloroso fue defender a Trump tras el escándalo por unas viejas grabaciones de televisión en las que él decía que las mujeres dejaban que las tocara en su zona íntima solo porque era famoso. Enseguida, aparecieron cerca de 20 supestas víctimas de sus abusos sexuales, pero Melania explicó que el candidato republicano respetaba al género femenino y que todas mentían. Sin embargo, la madre de un compañero de Barron en el colegio sostiene que tras el lío ella se veía cansada y triste.

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Su dolor y su rabia contra Donald arreciaron cuando se enteró del romance que él tuvo con la playmate Karen McDougal, solo un año después de su casamiento. De haberse hecho público, el asunto le habría costado la elección a Trump, pero su buen amigo David J. Decker, dueño del National Enquirer, compró el silencio de McDougal por 150.000 dólares. En Nueva York se rumoró que estaba considerando el divorcio y la revista UsWeekly informó que la pareja dormía en cuartos separados.

En los bailes de posesión, Melania se veía tensa y molesta por sus groserías. Pero hay quienes creen que ella se hace la de la vista gorda ante los deslices de su marido, pues su lema es “vive y deja vivir”. Foto: Getty Images.

Vanity Fair subraya que el único que llena el vacío de Melania es Barron y que la oportunidad de ayudar a transformar el mundo como primera dama no le entusiasma para nada. Así, el ala este de la Casa Blanca, donde funcionan las oficinas de la primera dama, permanece desierta, porque ella no tiene equipo ni proyectos benéficos en marcha. Y causa risa su supuesta intención de trabajar contra el matoneo cibernético, si está casada con el mayor cyberbully del mundo.

Barron y Melania aveces hablan en la lengua de su Eslovenia natal. Foto: AP.

Lo malo, advierte la articulista, es que en Estados Unidos la tradición de las primeras damas no es un “anacronismo ligero”. Hasta las más renuentes viven en la historia como las grandes ayudantes de sus maridos, pero la tercera señora Trump ni siquiera tiene ganas de vivir en el palacio presidencial. Su supuesto plan es hacerlo cuando termine el año escolar de Barron en Nueva York, en junio, pero a estas alturas no ha buscado un colegio para él en Washington.

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De otro lado, la ausencia de Melania, quien solo ha acompañado a su marido en visitas a jefes de Estado, ha hecho que Ivanka, la hija más famosa del presidente, la reemplace como primera dama, una obligación más en su ya de por sí copada agenda. De ahí, agrega la periodista, la frialdad que ahora reina entre las dos y que se suma al rosario de problemas de la ‘primera familia’ más disfuncional de los últimos tiempos.

Ivanka y Melania Trump en la poseción presidencial de Donald Trump. Foto: AFP.

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