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Diego Molano un ministro hiperconectado

Diego Molano un ministro hiperconectado

Revista Jet-set

El ministro de las TIC ha sido catalogado varias veces como el mejor ministro del gobierno de Juan Manuel Santos. Su cartera tiene todo que ver con este nuevo mundo de las comunicaciones virtuales que no han acabado de inventarse y por eso todos los días presentan un nuevo desafío.
Molano dice que es político y que en su ministerio se hacen políticas, pero si no fuera un experto en tecnologías, no habría sido premiado tantas veces por su gestión. Foto: Imagen Reina/14.
Por: Edición 28524/6/2014 00:00:00
Cuando se graduó de Ingeniería Electrónica en la Javeriana, Diego Molano detestaba el tema de las telecomunicaciones por culpa de un profesor que casi no lo deja terminar la carrera. Sin embargo, unos años más tarde, el entonces presidente Ernesto Samper lo convenció retándolo a que se probara en la Comisión de Regulación de las Comunicaciones: “Ahí es donde de verdad va a aprender sobre el tema –le dijo– porque usted de esto no sabe nada”. Y además lo responsabilizó: “Si nosotros desde el gobierno lo hacemos mal, la culpa es suya porque tuvo la oportunidad de hacerlo y no lo hizo”. Así que Molano renunció al sector privado donde le iba muy bien y se puso a trabajar duro por el país, como le dijo el exmandatario: “Este será su servicio militar”.

Tenía 26 años y en poco tiempo llegó a ser el director de la entidad. “Este es solo un técnico”, decían sus antecesores, sin tener claro que eso era justamente lo que se necesitaba para liderar las comunicaciones en Colombia. Lo que pocos sabían era que el mundo de la telefonía no era nuevo para el funcionario. Sus abuelos paternos, ambos telegrafistas, se enamoraron a punta de mensajes en código morse, él desde Corrales y ella en Tasco, dos pueblos de Boyacá. Así que Molano creció entre telégrafos y teléfonos de manivela. Y además cumplía con la importante tarea de llevar los telegramas que su abuela escribía a las casas a donde eran dirigidos, y cuando se trataba de una llamada debía ir –corriendo– a traer al destinatario para que contestara. Lo más curioso de todo es que hoy, el edificio Murillo Toro, donde funciona el Ministerio de Molano, está ubicado justamente donde quedaba una de las oficinas de Telecom donde trabajó su abuelo, el telegrafista.

Así fue como empezó la carrera de este ministro que se ganó el premio más importante del mundo en telefonía móvil: el GSMA, en Barcelona, por su plan Vive Digital con el que pretende reducir la pobreza en Colombia. Lo suyo son las tecnologías y crear métodos, políticas y programas para hacerlas llegar a todo el mundo.

¿Cómo es que la tecnología podrá reducir la pobreza en el mundo? –Te voy a poner un ejemplo: hace un par de semanas estuvimos en la escuelita de Fundación con los hermanitos de las víctimas del bus que se incendió. Les llevamos tablets y computadores. Cuando esos niños se conecten a Internet tendrán las mismas oportunidades que tienen los niños que van a un colegio privado, que son parte de la élite de este país.

El que tiene una tablet tiene acceso a toda la información del mundo: Wikipedia, cursos, libros, de todo lo que quiera. Y a través de esa herramienta tienen mejor educación, acceso a salud, y telemedicina…

¿Y sí sirve? ¿Todo el mundo aprende a manejarlo? –Te voy a contar una historia que me pasó el otro día con el alcalde de Pasto. Fuimos a unas escuelas y entregamos unos computadores. Al año siguiente, cuando volvimos, fue impresionante la diferencia. La rectora hizo una presentación en PowerPoint y explicó todo lo que habían hecho con las tecnologías. Después dijo que los alumnos explicarían la parte de las aplicaciones. Y se paró un pastusito de 11 años y contó que querían hacer un anuario, pero que les costaba 300 mil pesos por estudiante. De modo que hicieron una aplicación en Adobe. No he visto una mejor aplicación para hacer un anuario. Lo único que les costó fue el DVD para quemarlo y se los regaló el señor de la tienda. ¿Cuál es la lección? Esos muchachos de Pasto, solo con su creatividad superaron la de los colegios privados de Bogotá. Y eso lo ves por todo el país. Los niños se igualan. Es una revolución.

¿Pero también pasa que los niños vienen con el chip de la tecnología integrado? –¡Exacto! Y son los niños de todas las clases sociales.

Hablemos de redes sociales, el monstruo de mil cabezas donde la gente o se quiere o se odia…
–Es un monstruo que a todos los gobiernos les preocupa. Acuérdense de lo que pasó con el Junior y el Nacional, que en horas se viralizó la noticia de que Nacional ya no era campeón sino el Junior. Un tipo se inventó el chisme y salieron miles de barranquilleros a festejar… y era todo mentira. Si eso llegara a pasar en otros ámbitos, sería gravísimo. Pero esto va a ir cambiando, y va a ir aterrizando. Y poco a poco se va a saber a quién se le cree y a quién no. Por eso los medios tradicionales no se van a acabar.

¿Qué es un hacker? –Es un tipo inquieto. Un desarrollador, un innovador. Lo que pasa es que el término quedó demonizado. Pero busca en Wikipedia lo que significa. La mayoría de los hackers no espían.

¿Cómo se hará entonces para castigar a los hackers malos? –El reto de la regulación de Internet es bien complejo. Te doy tres ejemplos para que lo tengas claro. Supongamos que un afiebrado a las revistas se suscribe a una por 24 meses en Internet. Listo, tarjeta de crédito, pin pum, y ya. Pero al tercer mes la página desaparece, a pesar de la suscripción. ¿En dónde se queja? Va a la Superintendencia de Industria y Comercio y… ¿Dónde estaba la página web? Van y buscan: en una isla, en un paraíso fiscal pero la compañía se desapareció. ¿Con quién pelea? Otra cosa, se suscribe y le cobran el IVA, ¿dónde lo pagan, en qué país? O más allá del tema, estos señores en esa revista sacan una foto suya empelota, ¿en dónde se queja?

¿Qué van a hacer para regular Internet? –Este tema ya no tiene fronteras. Hemos estado en un debate internacional gigante tratando de organizar esto en el mundo y es superdifícil, porque algunos gobiernos quieren tener un Internet totalmente regulado y otros, como Colombia, lo quieren con libertad de expresión. Pero tiene que haber una coordinación internacional tanto para cosas sencillas como para asuntos mucho más graves como la pedofilia o la pornografía infantil. Y eso lo estamos viendo todos los días y Colombia ha asumido un rol muy importante en esa discusión internacional. El mes pasado tuvimos un gran avance en una reunión de ministros en Brasil.

¿Por qué dice con tanta seguridad que los medios de comunicación tradicionales no se van a acabar? –Porque al final del día es la credibilidad la que se impone. Pero siempre se necesitará de un periodista en el noticiero, de un escritor para el libro o de un director para una novela. Pasamos de un mundo de una pantalla, a otro de cinco, donde además del televisor está el computador, la tablet, el celular, los videojuegos. Pero siempre será necesario alguien que haga el contenido.
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