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El amante suicida de Hillary Clinton

El amante suicida de Hillary Clinton

REVISTA JET-SET

Una infidelidad del pasado con Vince Foster podría dar al traste con las aspiraciones presidenciales de la esposa de Bill Clinton, según un nuevo libro.
Hillary Clinton es la más fuerte aspirante a representar al Partido Demócrata en las elecciones presidenciales de 2016. Pero sus enemigos políticos aspiran a hacer trizas su credibilidad, sacándole a relucir que siempre ha sido sospechosa de haber mandado a matar a su amante.
Por: 15/1/2016 00:00:00

En esta poderosa familia, el expresidente Bill Clinton siempre ha cargado con la fama de ser un infiel empedernido, pero resulta que su esposa, Hillary, también se ha permitido sus canas al aire. Además de su supuesto romance lésbico con Huma Abedin, su asistente, tuvo una relación de cerca de dos décadas con el abogado Vince Foster, plagada de truculentos aspectos. Un nuevo libro titulado Bill & Hillary: So This Is That Thing Called Love, vuelve sobre este polémico aspecto de la vida de Hillary que ha sido ventilado largamente. La diferencia es que ahora la obra da por cierto que ella y Foster fueron amantes. Según Darwin Porter y Danforth Prince, autores del reportaje, Vince era amigo de la infancia de Bill Clinton, y Hillary lo conoció en los años 70, cuando trabajaron juntos en la Arkansas Bar Association Committee. Hillary debutaba como abogada y, prendado de ella, Vince la llevó a trabajar en 1977 a Little Rock’s Rose Law Firm, bufete en el cual ella fue la primera mujer asociada. Los dos pasaban mucho tiempo juntos y ello desató los celos de Lisa, la esposa de Foster, porque él dejó de ir almorzar a casa por hacerlo siempre con Hillary, en el restaurante The Villa. La futura primera dama ya estaba casada con Bill Clinton, pero sus colegas en la empresa empezaron a notar la cercanía entre los dos, relata el nuevo libro. Se llamaban por apodos cursis y, pronto, Vince ya no solo faltaba en su hogar a mediodía, sino por las noches, para compartir cenas con Hillary. Era Foster y no su marido quien acompañaba a la abogada a sus viajes de trabajo a Washington. Allí, un excamarero del hotel Hay-Adams les aseguró a los autores del libro que en una de esas visitas, ellos durmieron en la misma habitación y que cuando les llevó el desayuno a la cama, Vince estaba desnudo. El escandaloso libro sostiene que Bill estaba enterado de las andanzas de su mujer, pero que nunca la confrontó, quizá para consentirse sus propias infidelidades. En 1979, Bill Clinton fue elegido gobernador de Arkansas y Vince frecuentaba a Hillary en la residencia oficial, pero solo cuando el mandatario estaba ausente. “Un asistente los encontró besándose en uno de los salones privados”, dice el texto. Un guardia que servía en la Gobernación en esos días, les contó a Porter y Prince cómo solía transportar a los amantes desde sus oficinas a Heber Springs, donde pasaban fines de semana de placer. Otro agente de seguridad reveló que varias veces descubrió a Vince dándole nalgadas a Hillary, quien ante ello estallaba en carcajadas. “Él no podía mantener sus manos lejos del trasero de ella”, señaló el informante. Una salaz versión del tabloide Globe, sostiene que incluso grabaron un video sexual, en el cual la futura secretaria de Estado y su amante aparecen sin ropa y tomando champaña en una tina de baño. Cuando Bill Clinton subió a la Presidencia de Estados Unidos, se llevó a Foster a trabajar con él como consejero adjunto de la Casa Blanca. Desde antes de que su esposo asumiera el poder, Hillary les aseguró a sus amigos que ella, de cierta manera, “cogobernaría con él” y así fue. Porter y Prince alegan que un día ella ridiculizó a Vince ante la prensa por haber tomado parte en los despidos irregulares de varios empleados de la agencia de viajes de la Casa Blanca, en lo que después haría titulares como el escándalo del “Travelgate”, uno de los aspectos grises de la administración Clinton. “El romance entre la primera dama y Foster terminó abruptamente –escriben Porter y Prince–, ella se rehusó a contestar sus llamadas desde entonces”. A causa de ello, Vince cayó en una severa depresión y se pegó un tiro en el paladar con un revólver calibre 38, en Fort Marcy Park, Virginia, el 20 de julio de 1993. Al enterarse de la tragedia, continúa el libro, la señora Clinton se puso histérica. “Dada su reacción, pensé que habían asesinado al presidente”, contó su entonces secretaria de prensa. Pero la obra sugiere que lo que la puso así fue el temor de que Foster hubiese dejado una nota de suicidio que delatara sus amores. Entre las pertenencias de abogado, en efecto, se encontraron los pedazos de lo que parecía ser tal declaración. Al reconstruir el papel, se leían frases como: “Cometí errores por ignorancia, inexperiencia y recarga de trabajo (...). El público nunca creerá en la inocencia de los Clinton”. Muchos republicanos, adversarios por excelencia de unos demócratas como los Clinton, propalaron la versión de que el deceso de Vince fue un asesinato. “Las teorías más desbocadas de conspiración sostuvieron que la propia Hillary disparó el gatillo”, apunta el libro. Rumores más moderados aseveraron que el crimen fue cometido por un agente del Servicio Secreto favorito del presidente. En 2012, en un libro titulado Following Orders: The Death of Vince Foster, la exabogada de la Casa Blanca, Marinka Peschmann, insistía en que Hillary debía estar tras las rejas por su parte de responsabilidad en la desaparición de su amante. Otro libro publicado por estos días, The First Family Detail: Secret Service Agents Reveal the Hidden of the Presidents, un best seller de The New York Times, también le aporta sazón a la historia: el propio FBI, relata la crónica, confirmó que el suicidio de Foster se debió a la humillación que sufrió por parte de la primera dama. Ahora que la campaña presidencial empieza a arder, el National Enquirer relata que los enemigos de Hillary recogieron 500 millones de dólares para desatar una campaña dispuesta a destrozar su credibilidad, en la cual el fantasma de su enredo amoroso con Vince Foster extenderá una larga y terrible sombra.

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