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Así es el cuento de hadas de María Teresa y Henri en Luxemburgo

Así es el cuento de hadas de María Teresa y Henri en Luxemburgo

REVISTA JET-SET

La cubana que conquistó al heredero de uno de los Estados más pequeños de Europa cumple 35 años de feliz matrimonio con su príncipe azul, a pesar de sus 35 kilos de más.
Los Grandes Duques de Luxemburgo, afrontaron una fuerte oposición porque a la familia de él no le gustaba que María Teresa no fuera de sangre azul.
Por: 24/2/2016 00:00:00

Él era uno de los mejores partidos de Europa: Gran Duque heredero de Luxemburgo, buen mozo como un actor de cine, pero tímido e inseguro a pesar de su pedigrí. Ella era una latinoamericana alegre que no podía diferir más de la sangre azul de su futuro marido.

Sin embargo, en Cuba, donde había nacido María Teresa Mestre y Batista-Falla, era como una princesa. Pertenecía a una familia de banqueros descendiente de la nobleza española que se exilió de la isla con el triunfo de la Revolución en 1959. Los Mestre no estaban para vivir bajo las órdenes de Fidel Castro, de modo que se instalaron en Estados Unidos, España y Suiza, donde María Teresa estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Ginebra. En la misma facultad estaba Henri, príncipe de Borbón-Parma, pero de incógnito, bajo el pseudónimo de Henri de Clairvaux para que nadie supiera quién era.

Los dos se conocieron en misa en 1976. Cada cual ignoraba quién era el otro, pero la atracción fue inmediata. Hoy reconocen que fue amor a primera vista, como en las películas. El romance comenzó inmediatamente aunque tuvieron que pasar 18 meses para que Henri se atreviera a presentar a María Teresa a sus padres. Los futuros suegros eran el Gran Duque Jean, cuya familia había gobernado Luxemburgo desde la era de los Capetos, y su esposa Joséphine Charlotte, hija de los reyes de Bélgica. María Teresa era muy bonita pero por ser cubana pensaban que tenía sangre negra. En el mundo de la realeza europea esos prejuicios definen situaciones.

No obstante, el príncipe estudiante no estaba dispuesto a negociar. Sabía que ella era el amor de su vida y la impuso contra viento y marea, llevándola a varios viajes de cacería en las propiedades de su familia. Se casaron el día de San Valentín de 1981, en una boda en la que se contaron tres majestades, más de veinte altezas reales, cuatro altezas serenísimas, ocho archiduques y siete condes entre los 700 invitados. Hubo bastante chismografía ese día, pues Cuba era un país demasiado remoto para las dinastías de el Viejo Mundo que asistieron a la boda.

Hace poco se cumplieron los 35 años de esa ceremonia y ahora todos los miembros de la realeza europea adoran a María Teresa, cuya suegra nunca la quiso. Su permanente sonrisa, su calor humano y su dulzura se han vuelto parte indispensable de las citas cumbres de las testas coronadas.

Luxemburgo es el séptimo Estado más pequeño de Europa, pero el más rico en producto interno bruto nominal per cápita. Tiene 560.000 habitantes; su nivel de vida solo compite con el de Mónaco. Todos ellos se sienten orgullosos de su Gran Duquesa cubana, a quien a los 59 años ven como una figura maternal. La feliz pareja pasa sus días en el castillo de Berg, donde vio crecer a sus cinco hijos, Guillaume (heredero al trono), Felix, Louis, Alexandra y Sébastien, además de sus tres hermosos nietos.

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