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Frank Sinatra y Ava Gardner, una atracción fatal

Frank Sinatra y Ava Gardner, una atracción fatal

REVISTA JET-SET

Los amores de los dos artistas fueron tan tormentosos que varias veces estuvieron a punto de matarse. Un nuevo libro revela episodios hasta ahora desconocidos de su enfermiza relación.
Se casaron en 1951 y pasaban del amor al odio en segundos. Él la trataba de prostituta y la engañaba con meseras y bailarinas. Ella le era infiel con toreros y con casi todos los coprotagonistas de sus películas.
Por: 13/8/2015 00:00:00
En diciembre de 1944, la revista Photoplay le dedicó su portada a Ava con el titular “She’s sexational” (“Ella es sexacional”) y, al verla, Frank pronunció ante un amigo su acostumbrada fórmula de seductor infalible: “¿Ves a esta chica? Me voy a casar con ella”.
Pero al cantante, conocido como La Voz, no le fue tan fácil seducirla y solo después de cuatro años de intentos ella aceptó cenar con él, tras lo cual se fueron al apartamento secreto al que Frank se llevaba a sus conquistas. Dueños ambos de un voraz apetito sexual, se desnudaron, pero la actriz se echó para atrás. “Decidí que no quería darle todo en la primera cita. Es mejor dejarlos con ganas”, confesó Ava.
Detalles como estos son revelados por primera vez por J. Randy Taraborrelli en su nuevo libro Sinatra: Behind the Legend, el cual también narra que un año después volvieron a verse, en Palm Springs, y esa vez sí consumaron su pasión. “Oh, Dios, fue mágico. Nos convertimos en amantes para siempre”, recordó luego Gardner, cuya belleza fue tan alucinante, que el productor Louis B. Mayer la llamó “el animal más bello del mundo”. Pero ello no garantizó su felicidad en el amor, pues sus matrimonios con Mickey Rooney y Artie Shaw habían sido brevísimos y tampoco le fue mejor como amante del magnate Howard Hughes. 
El apego de Sinatra a la protagonista de cintas como Mogambo fue tal, que llegó a decir que ella era lo más importante para él, por encima del canto, que ya le había dado tanta gloria. Según Peter Lawford, cuñado de John F. Kennedy, Ava se convirtió en una fuerza estabilizadora para Frank, cuya carrera como vocalista y actor estaba en crisis, por su relajada vida sexual. “Él estaba perdido por ella. Pero nunca supe si Ava era capaz de sentir verdadero amor. Lo digo yo, que salí con ella. Era fría como el acero”. 
La locura de Sinatra era tal, que si iban de paseo en auto, se detenía para dedicarle serenatas. Otro día, le dio un arma para que disparara a diestra y siniestra al alumbrado público. “Le costó 20 mil dólares mantener el escándalo al margen de la prensa”, narra Taraborrelli.
El cantante no era libre, aunque su entonces esposa, Nancy Barbato, toleraba sus infidelidades, pues sabía que él siempre regresaba. Pero esta vez se equivocó. En 1950, los amantes fueron pillados por un reportero en un restaurante y la sensacional noticia del amorío se esparció como pólvora por el mundo. 
“Esa mierda realmente agitó el avispero”, admitió Ava en su característico lenguaje rudo. “Recibí montones de cartas acusándome de prostituta. Nunca entendí por qué esa histeria sobre un hombre y una mujer yendo a la cama para hacer algo tan natural”, explicó. 
Así como eran de intensos en el sexo, lo eran en sus peleas. Una noche de fiesta en el club Copacabana, de Nueva York, ella lo acusó de coquetear con una mesera. “No sé qué te vio Nancy”, le espetó. Según testigos, él la miró como si fuera a estrangularla y le gritó: “¡Ese nombre no debe salir de tu boca nunca más, si no quieres terminar con un labio hinchado!”. 
Más tarde, ella fue despertada por el timbre del teléfono. Era Sinatra en la otra habitación de la suite que compartían. “No puedo soportarlo más”, le aseguró desesperado, “me voy a matar”, y se oyeron dos detonaciones. Su amante corrió despavorida a ver qué había sucedido y lo encontró con los ojos cerrados y con una pistola en la mano. Lloró presa del pánico, pero él abrió los ojos como si nada. Le había disparado en realidad al colchón de su cama, ante lo cual ella le gritó: “¡Hijo de perra!”.
En otra ocasión bebieron mucha champaña y tuvieron una trifulca en la que ella le advirtió: “Si me llegas a tratar como a Nancy, te mato”, a lo cual él le respondió: “Tú no eres más que una puta”. Ava salió corriendo para su casa en Los Ángeles y al poco rato el mánager de él la llamó para avisarle que Frank se había tomado una sobredosis de pastillas para dormir y que estaba muy grave. Ella se apresuró a verlo y lo perdonó en cosa de 25 segundos, como le contó la estrella a su mucama, Rene.
Frank intentó suicidarse de nuevo con el gas de la estufa de su casa, porque creía que Ava no lo quería, contó Sammy Davis Jr., con quien conformó el célebre grupo de amigos actores conocido como el Rat Pack. El libro afirma que el cantante necesitaba más de Ava que ella de él en lo afectivo y en lo financiero, pues estaba en bancarrota. De hecho, ella le prestó para la manutención de Nancy y sus hijos.
Todo aquello fue un mal augurio para su matrimonio, celebrado en noviembre de 1951, y que estuvo a punto de cancelarse por otra de sus riñas. Frank estaba como en éxtasis, pero ella no tanto. El libro expone que cuando un amigo le preguntó por su luna de miel, en Cuba, le replicó: “Digamos que no estaba infeliz. Solo en un día peleamos 15 veces. Me tocó pagar por cada maldita cosa”. En efecto, después de ser el cantante más exitoso de Estados Unidos, Sinatra vivía ahora del trabajo de su mujer, quien lo trataba como su chofer y mandadero.
La unión empezó a declinar cuando Ava se practicó un abortó del hijo que esperaban, aprovechando que Frank estaba rodando De aquí a la eternidad, su cinta más célebre, un trabajo que ella le consiguió luego de rogarle al productor de la cinta: “Si no le das el papel, ese hombre se mata”. 
Cuando ella sospechó que él la engañaba con una bailarina de cabaré, introdujo la demanda de divorcio. Meses más tarde, Frank fue a buscarla a España, para recuperar su matrimonio, empero ella le dijo que ya estaba saliendo con un torero. Sinatra entonces botó su televisor por la ventana, acabó con el cristal que había en la casa y casi la asesina.
En su lecho de muerte, en 1990, Ava, quien nunca se volvió a casar pero siguió teniendo muchos amantes, exclamó: “Maldita sea, yo realmente lo amaba”. Al saber de su fallecimiento, él sollozó repitiendo una y otra vez: “Yo debía estar allí con ella”.

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