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¡Que viva la música en el cine!

¡Que viva la música en el cine!

REVISTA JET-SET

Se estrenó en Bogotá la adaptación de ¡Que viva la música!, la obra cumbre de Andrés Caicedo, el escritor que se quitó la vida cuando tenía 25 años. Los lugares de Cali descritos en la obra, y que son los mismos por donde se paseaba Caicedo, prácticamente desaparecieron del mapa.
La actriz antioqueña que creció en Santa Marta, Paulina Dávila, asumió el rol de María del Carmen Huerta, el personaje principal de ¡Que viva la música! La joven obtuvo el papel después de un viaje como mochilera en India, Camboya y Tailandia, entre más países.
Por: 8/10/2015 00:00:00
La adaptación cinematográfica de la novela ¡Que viva la música!, de Andrés Caicedo, dejó un sabor amargo entre los realizadores que trataron de rodarla en los lugares de Cali que enmarcaron la vida del joven suicida. En el recorrido que hicieron por la Sultana del Valle de los años 70, encontraron un rompecabezas sin muchas de sus piezas. Solo quedaban unos cuantos sitios, casi todos habían sido devorados por la modernidad o la narcocultura, como lo dijo el fotógrafo Eduardo Carvajal, amigo de Caicedo. 
El teatro San Fernando, donde funcionó durante diez años el cineclub del autor caleño, le dio paso a una iglesia cristiana; y el restaurante Los Mellizos, donde el escritor almorzaba, fue rebautizado como Balocco. Aún se mantiene en pie el edificio Corkidi –donde se suicidó– como recuerdo frío e intimidante de su prematura muerte. “La Avenida Sexta, para completar, es una vergüenza urbana, llena de bares sin carácter. Perdió el esplendor de aquel espacio en el que los muchachos se dedicaban a ver niñas bonitas, como Andrés lo describió en su novela”, explicó Carvajal.
La versión para el cine de ¡Que viva la música!, del director Carlos Moreno, el mismo del filme Perro come perro y de la serie Escobar: el patrón del mal, finalmente fue rodada en locaciones aisladas de los referentes urbanos que obsesionaron a Caicedo. Por ejemplo, las escenas de las rumbas se filmaron en los bares La Neliteca y El Chorrito Antillano, en el Barrio Obrero, que si bien son referentes de la ruta de la salsa bestial caleña, no formaron parte de las noches de excesos de Caicedo y de sus amigos Luis Ospina, Eduardo Carvajal, Carlos Mayolo y otros integrantes del grupo Caliwood, término que acuñó su afinidad con el séptimo arte.
De hecho, la imposibilidad de armar la ciudad de Andrés, obligó a los productores de la película a realizar una adaptación libre, pero sin irrespetar la historia central de la obra literaria. Para emprender esta misión, escogieron a la actriz antioqueña de raíces samarias, Paulina Dávila, luego de una extenuante convocatoria por las redes sociales. La artista que interpretó a María del Carmen Huerta, el personaje principal, fue contactada a su regreso al país, después de un largo viaje de introspección y yoga en India, Laos, Indonesia, Tailandia y Camboya. “Cuando la conocí, el productor Rodrigo Guerrero y yo supimos que se quedaría con el papel. Era exactamente igual a la niña rubia, angelical y sensual que retrató el escritor”, afirmó Moreno. 
María del Carmen, según entendidos, fue una metáfora de la vida del propio Caicedo: ambos niños bien de Cali que terminaron metidos en el mundo de la rumba, la música y las drogas. Es una historia de iniciación sexual y libertaria de una adolescente que estuvo marcada por el consumo de hongos alucinógenos en el río Pance, The Rolling Stones y la salsa de los sectores bohemios de la capital valluna. 
“Andrés fue anárquico como yo. Me recordó las situaciones difíciles que experimenté por ser una niña rebelde en Santa Marta. Me parezco a él y a María del Carmen porque he tratado de vivir sin los prejuicios de clase social. Es que tanta comodidad incomoda”, afirmó Paulina Dávila.
Andrés se suicidó a los 25 años, después de dos intentos, luego de provocar la moral caleña con sus relatos biográficos de ambigüedad sexual y de pregonar a los cuatro vientos que la vida no tenía sentido en la vejez. “Hablaba mucho de la muerte. En las rumbas sacaba una máquina de escribir para hacer los bocetos de sus cuentos. Por eso su fatal decisión no nos tomó por sorpresa”, recordó Eduardo Carvajal, quien le hizo las últimas fotos de su vida: una en el teatro San Fernando y otra burlesca con un sombrero de mago. El novelista y cineasta se tomó de un tajo 60 pastillas de Secobarbital, un ansiolítico e inductor del sueño que necesita prescripción médica. 
Ese 4 de marzo de 1977 publicaron ¡Que viva la música!, y sus amigos se entregaron al duelo entre canciones de The Rolling Stones y las melodías de Richie Ray & Bobby Cruz. Por eso la banda sonora de la película tiene la salsa bestial de aquella época.

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