Suscríbase

Reciba en su correo nuestras noticias y entérese de lo último de los famosos.

Denise Ratinoff los secretos de una martillera de Christie’s

Denise Ratinoff los secretos de una martillera de Christie’s

Revista Jet-set

Es la mujer martillo más cotizada en el mercado del arte latinoamericano de Christie’s y la representante de esta firma en Chile, Perú y Ecuador. Como experta en subastas de beneficencia fue invitada al remate de la Fundación Corazón Verde, que tuvo lugar hace un par de semanas en Bogotá.
Denise fue una de las martilleras de la subasta del Castillo de Bendinat en Palma de Mallorca. El periódico Mercurio de Chile la eligió como una de las 20 mujeres más destacadas de su país. Foto: ©Imagen Reina/14.
Por: Edición 28925/8/2014 00:00:00
La martillera de Christie’s quedó asombrada con el buen momento que vive el arte colombiano: “En el camino del aeropuerto al hotel gocé con los grafitis que vi en las calles, la mayoría están muy bien hechos. Este país ha logrado revertir una situación de violencia dolorosa en un ejemplo. La gente es culta y quienes van a las subastas lo hacen para colaborar y no por sentarse a comer o beber champaña”. Se declara fanática de artBo y asegura que el prestigio de la feria se debe a que los curadores son profesionales y compran obras de artistas del país, algo que no ocurre en Chile. “El perfil del comprador colombiano se inclina por el arte latinoamericano y contemporáneo, joyas y relojes. Aquí son modernos los restaurantes y las casas guardan la carcasa de una ciudad colonial, pero en la intimidad desarrollan un concepto contemporáneo que va más con la época”, dice.

Hace 20 años, cuando le propusieron ser la representante de Christie’s en Chile, Denise era enfermera y madre de tres hijos adolescentes. Al principio rechazó la oferta, pero ocho meses después viajó a la sede de la casa de subastas en Nueva York y se enfrentó a 16 entrevistas que le hicieron el mismo día, en inglés, francés y español, sobre historia del arte, antiguos maestros, libros, relojes y más joyas artísticas. Ya en el cargo se propuso tres cosas: crear la mentalidad del coleccionista, recuperar el patrimonio e internacionalizar a los artistas de su país. “En Chile tuvimos pintores maravillosos en el siglo XIX que hoy en día no se venden porque en esa época nadie los conoció”.

Uno de sus primeros desafíos fue rematar una obra del chileno Roberto Matta. Estaba muy asustada pues era la primera vez que iba a ofertar en una subasta. “Finalmente compramos el Matta y cuando terminó el martillero que estaba conmigo me dijo: ‘La espero en la oficina’. Inmediatamente pensé: ‘Dios mío, qué hice mal’”. Pero lo que él quería era entrenarla. Estuvo a punto de rechazar la propuesta pero recordó las palabras de su padre quien siempre le decía que tenía que buscar un terreno fértil para hacer las cosas y así iba a tener éxito. “Si todo el mundo cosecha palma va a haber exceso de demanda y al final no vale nada. Yo no conocía otra mujer martillera en Chile y como soy desafiante dije: ‘Lo voy a hacer’”.

Así fue como terminó en Nueva York en una escuela donde sus profesores eran un martillero, un otorrino, un psicólogo y un profesor de teatro. “En esta profesión hay que tener condiciones histriónicas, saber leer detrás de la retina. Cuando me subo al estrado me meto en el papel de mirar a la gente para que se sienta motivada a levantar la mano y a comprar. Se necesita fineza y sensibilidad para saber cuándo parar de insistir”. Hay varias maneras de rematar: una es dejar una oferta escrita en el libro, otra por teléfono, en la sala con la paleta o por Internet. “Es complicado porque en un minuto, por lote, uno tiene que mirar la pantalla y estar pendiente del salón sin que se le pase ningún detalle, pues cualquier error se paga caro”.

Se especializó en subastas de beneficencia pero odia el dramatismo a la hora de vender. “Sirve más decir: ‘Para usted, señor, que cuenta con el privilegio de tener sus dos piernas, que puede hacer ejercicio e ir al trabajo todos los días, es un orgullo poder colaborar’. Hay que transmitir el concepto de que si uno vive con arte va tener en su vida un comportamiento positivo”.

Obtuvo su récord de venta por obra con La revolución de los contrarios del chileno Roberto Matta, que subastó por 5,5 millones de dólares. La gente muchas veces le pregunta por qué un cuadro se vende tan caro y su respuesta siempre es la misma: depende de la procedencia, la condición de la tela y la moda. “Lo más importante es no hablar enredado. El arte es muy simple: la obra tiene que hablarle a la persona. No se debe comprar para tener una imagen corporativa, o porque le dijeron que la firma es importante o por inversión”.

Insiste en que lo primero que tiene hacer alguien que no sabe mucho de arte, y desea adquirir un cuadro es leer a los expertos. Su recomendación para quienes no han tenido la oportunidad de ver un original es que investiguen, asistan a las subastas de beneficencia y visiten galerías y museos, “puede ser solo una sala pues tampoco vale la pena quedar con ampollas en los pies”, dice sonriendo. Los invita a perder el miedo y arriesgarse. “En Christie’s también vendemos cosas baratas”.

En su casa en Chile, tiene varias obras, pero asegura que no tantas como quisiera. Muchas veces en las subastas se siente tentada a bajar el martillo a su favor pero por ética no puede hacerlo. “En ese momento uno es juez y tiene que ser absolutamente transparente”. Su máxima es siempre hablar con la verdad: “Si no se vendió un cuadro, pues lo digo y no pasa nada, ya la comprarán en otra oportunidad”. En Bogotá, como siempre, lo vendió casi todo.
LO MÁS VISTO