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Camilo, Fernando y Ricardo Cano de periodistas a galeristas

Camilo, Fernando y Ricardo Cano de periodistas a galeristas

Revista Jet-Set

Los hermanos Camilo y Fernando Cano Busquets, y su primo Ricardo Cano Correa, herederos de la familia que fundó El Espectador, no crearon otro periódico sino la galería Casa Cano, en el norte de Bogotá. Los tres empezaron a trabajar en la empresa periodística familiar y luego se separaron. La vida los volvió a unir en función del arte.
Casa Cano, de los hermanos Camilo y Fernando Cano Busquets, y su primo Ricardo Cano, abrió las puertas en el barrio Quinta Camacho, de Bogotá. El ciclo de exposiciones comenzó con la obra del pintor y escultor Gustavo Vejarano. Foto: ©Gerardo Gómez/13
Por: Edición 2716/11/2013 00:00:00
El tiempo se detuvo entre las calles 68 y 72 y las carreras Séptima y Caracas, en el norte de Bogotá. Allí, el modernismo no pudo tragarse a la mayoría de las mansiones de estilo inglés de los años 30, parecidas a la sede de la galería Casa Cano que crearon los hermanos Camilo y Fernando Cano Busquets y su primo, Ricardo Cano Correa. Este nuevo espacio dedicado a la cultura funciona desde hace varias semanas en el primer piso de la casa de Fernando, por recomendación de su hija María Isabel, quien estudió Artes en la Universidad de los Andes. La joven y su papá decidieron pasar la sala y el comedor a la planta de arriba.

Los tres hombres de la dinastía Cano no solo comparten la afinidad generacional sino la vocación periodística que descubrieron como reporteros del periódico El Espectador, antes de que sus familias lo vendieran al Grupo Santo Domingo. Por ejemplo, Camilo y Ricardo trabajaron como cronistas y Fernando fue editor fotográfico del prestigioso matutino. Solo que ninguno de los tres quedó anclado en la sala de redacción y se dedicaron a oficios relacionados con el mundo de las comunicaciones.

Hace más de siete años, Ricardo y Fernando realizaron los documentales Expedición Natibo, el resultado de una aventura de siete meses entre los ríos que bañan a las poblaciones del departamento del Meta y los que cruzan el territorio argentino. Los dos recuerdan que la travesía comenzó en Puerto López, en el occidente llanero, y se extendió al sur del continente, en la ciudad de Buenos Aires. Después del recorrido, Ricardo Cano se dedicó a sus propios negocios y Fernando siguió involucrado con la Fundación Natibo, que implementa estrategias de responsabilidad social en las empresas que promueven la preservación ecológica.

Camilo Cano, por su lado, fue cónsul de Colombia en París, donde convirtió la sede diplomática en una sala permanente de exposiciones de arte y de conciertos de música clásica. Más tarde, a su regreso a Bogotá, estuvo en Caracol Televisión como promotor de los dramatizados de este canal en los mercados extranjeros. Cuando finalmente se independizó produjo el exitoso reality Expedición Robinson y la serie Escobar, el patrón del mal, que revivió las heridas del asesinato de su padre Guillermo Cano a manos del narcotraficante Pablo Escobar. Camilo también adquirió los derechos de las obras literarias La fiesta del chivo y Travesuras de la niña mala, de Mario Vargas Llosa, con el fin de adaptarlas a la televisión en un pool que conformó Televisa, de México; RTI, y su empresa Canokamedia. Cano Busquets también es uno de los dueños de Estrategias Asociadas, dedicada a la asesoría de comunicaciones y al manejo de imagen.

Después de dar tantas vueltas por la vida, los tres ejecutivos, pertenecientes a una de las familias más influyentes del periodismo nacional, volvieron a trabajar detrás de un mismo objetivo: la galería de arte Casa Cano, de la capital de la república. En este espacio no solo colgarán exposiciones, sino que realizarán ciclos de cine y conferencias relacionadas con el mundo de la plástica. Los Cano contrataron un comité de curadores y críticos que se encargará de la selección de los artistas.

La sala abrió sus puertas con los óleos de Gustavo Vejarano, un pintor y escultor colombiano que se conoció con Camilo Cano en la Ciudad Luz. Por sugerencia de él, Vejarano expuso su obra en la casa del consulado de nuestro país en la capital francesa.

Casa Cano nace en un buen momento para el arte en Colombia: la feria de Bogotá ya está posicionada entre las mejores de América; hay una ola importante de artistas colombianos que se empiezan a notar en galerías y subastas internacionales y los más jóvenes se mueven con eventos alternos que ayudan a promoverlos.

Los Cano y su grupo de asesores estudian los catálogos de unos 25 pintores para llevarlos a este nuevo templo del arte que abre sus puertas en la llamada Atenas Suramericana.
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