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Conozca la verdad detrás de la transición de Bruce Jenner, ahora Caitlyn

Conozca la verdad detrás de la transición de Bruce Jenner, ahora Caitlyn

REVISTA JET-SET

La revista Vanity Fair fue el único medio que siguió los momentos culminantes de la transformación del atleta y empresario en mujer. Estos son los detalles más impactantes del proceso que dio origen a la nueva estrella del show business.
Para aquel 30 de julio de 1976, cuando se coronó como un ídolo al batir un récord y ganar una medalla de oro en los Olímpicos de Montreal en decatlón, ya era infeliz con esa fisonomía masculina, que lo consagró como símbolo de Estados Unidos. La gloria fue tal que ganó medio millón de dólares en un año y le ofrecieron el papel de Superman.
Por: 12/6/2015 00:00:00
Caitlyn sabe que vive en medio de seres prestos a juzgar a los demás en vez de hacerlo consigo mismos, quienes a esta hora la están destrozando por proclamar su conversión de hombre a mujer, con un despliegue nunca antes visto en una persona transgénero. A ellos les aclara: “No estoy haciendo esto para ser interesante sino para vivir”. Así le declaró a Buzz Bissinger, periodista ganador del premio Pulitzer y elegido por Vanity Fair para escribir el reportaje con que la revista de Nueva York presentó oficialmente a esta nueva mujer que hasta hace poco el mundo conocía como el ídolo del atletismo Bruce Jenner. Recientemente se había hecho popular como el padrastro de las hermanas Kardashian, reinas de los programas de realidad en Estados Unidos. Por tres meses, el cronista contempló, minuto a minuto, el paso final de una transformación que empezó tres décadas atrás. 

Bruce, quien saltó a la fama al batir un récord y ganar una medalla de oro en decatlón en las Olimpiadas de 1976, ya se había hecho algunas intervenciones, como dos rinoplastias y reducción de la manzana de Adán, para dejar atrás esa fisonomía masculina que rechazó desde los diez años, cuando empezó a ponerse la ropa de su madre, Esther. Fue la primera manifestación de un trastorno llamado disforia de género, por el cual siente que este último no corresponde a la anatomía sexual con que nació.

Hacia los 35, se retiró la barba, a través de un proceso de electrolisis, muy doloroso, que sobrellevó sin analgésicos. “El dolor forma parte de ser tú. Es lo que te toca por ser tú. Entonces, aguanta”, se decía. 

Para la reciente operación de feminización facial a la que se sometió con la intención de salir al ruedo como Caitlyn, se puso en manos del doctor Douglas Ousterhout, pionero en este campo. Él le corrigió los párpados, el nacimiento del pelo, el contorno de la frente, la mandíbula y el mentón, entre otros detalles. Así mismo, le aumentó los senos, que habían empezado a crecerle desde la década del 80, con ayuda de hormonas. Bruce entró al quirófano pensando que la operación tomaría cinco horas, cuando en realidad duró diez. Pero ya era Caitlyn. Su más caro anhelo era una realidad. 

La recuperación no fue fácil. Se recluyó en la casa de 3,6 millones de dólares que compró hace poco en Malibú, California, con una enfermera como única compañía, y pasaba los días en cama con bolsas de hielo en los ojos. Trataba de dormir, pero se despertaba sobresaltada. Esta vez sí tuvo que acudir a altas dosis de analgésicos, que le produjeron lo que nunca había sufrido en 65 años de vida: un ataque de pánico. Desesperada, caminaba de un lado a otro en la oscuridad, con un obsesivo pensamiento: “¿Qué hice?”. Una psicóloga de Los Angeles Gender Center la ayudó a calmarse y le explicó que sus dudas eran normales y temporales. En efecto, Caitlyn dice que no tiene remordimientos. 

En el reportaje ella clarifica el aspecto de su experiencia que suscita más curiosidad: ¿Sus médicos le reasignaron una vagina? No, ya que los especialistas recomiendan hacerlo solo un año después de la transición. Una cuarta parte, nada más, de los transgéneros acude a esta cirugía y, según Bissinger, se cree que este es un requisito para pertenecer a esta minoría, aunque la verdad es que los genitales no determinan el género de una persona.

Como Bruce, se sentía sexualmente atraído por las mujeres. Como Caitlyn, no sabe qué pasará, pero eso no importa ahora. “Si tuvieras que hacer una lista de las diez razones para hacer esta transición, el sexo sería la última”, argumenta. Los expertos, efectivamente, señalan que la preferencia sexual no tiene nada que ver con la identidad de género. 

La “metamorfosis” no fue un mero cambio extremo de imagen. Por ejemplo, por recomendación de su terapista y siendo aún Bruce, empezó a organizar en su casa unas girl’s nights (noches de chicas), comidas informales con mujeres, a quienes recibía vestida con ropa femenina, para aclimatarse entre sus nuevas congéneres. Fue en una de esas reuniones que la conoció Cassey Jenner, hija del primer matrimonio de Bruce con Chrystie Crownover. “Me preocupaba hacerla sentir incómoda “, le confesó Cassey a Bissinger. Pero ello se disipó apenas se saludaron. “Hablamos más que nunca. Fuimos dos mujeres juntas”, concluyó. 

El reportaje de Vanity, precisamente, explora una de las zonas más oscuras de la vida de Bruce Jenner: cómo abandonó a los cuatro hijos que tuvo con Chrystie y Linda Thompson, su segunda esposa. A cambio, se volcó en Robert, Kourtney, Khloé y Kim Kardashian, los hijos de su tercera exesposa, Kris Kardashian, con quien concibió además a Kendall y Kylie, y protagoniza el célebre reality Keeping Up with the Kardashians.

Sus hijos mayores aseguran que no lo vieron por cerca de 20 años, lo que Burt, el mayor de todos, agradece, pues cree que Bruce era un ser lleno de mentiras. “Caitlyn es mejor persona que él”, afirma, ahora que todos ven en la transición una oportunidad para sanar las heridas. Brody, hijo de Linda, por su lado, recuerda que cuando tenía 4 años vio salir a Bruce del baño y corrió a decirle a su madre: “A mi papá les están saliendo senos”. Hace unas semanas, fue Brandon, el otro hijo de Linda, quien se sorprendió cuando Caitlyn se levantó la camiseta para mostrarle cómo le había quedado el busto. “¡Oye, todavía soy tu hijo!”, le dijo. 

Caitlyn, así mismo, confiesa que mientras su país admiraba a Bruce como el símbolo del macho americano y fue candidato para encarnar a Superman y al hombre Marlboro, vestía brasier y pantis bajo sus trajes masculinos. Ahora que no tiene nada que ocultar, solo le resta seguir adaptándose a su rol. Sabe que no es fácil para la gente decirle “ella” y no “él”, cuando ella misma aún se confunde al saludar por teléfono: “Hola, soy Bruce”.

Tras este debut de primera plana, viene el estreno del reality show de Caitlyn, con el cual pretende bajar los suicidios entre los transgéneros de Estados Unidos, que ascienden a 41 por ciento versus 1,6 por ciento de la población general. Lenguas malévolas sostienen que solo quiere ganar más plata y fama. “No te cambias de género para protagonizar un programa. Pero si puedo hacer dinero con esto, no soy estúpida, tengo cuentas que pagar. No voy a dar excusas. Esto es un negocio”, responde.

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