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Daniel Samper Pizano es el escudero del idioma

Daniel Samper Pizano es el escudero del idioma

REVISTA JET-SET

El mordaz periodista fue nombrado en diciembre de 2016 como uno de los miembros de número de la Academia Colombiana de la Lengua que en cuatro años cumple 150. Es un defensor acérrimo del español, cuenta chistes con sus eruditos compañeros y se divierte jugando scrabble.
43Las reuniones con Daniel en la Academia Colombiana de la Lengua siempre están enmarcadas por el buen humor. En su discurso de posesión se refirió a la poesía burlesca de Quevedo, que es una de sus preferidas.
Por: Revista Jet-set.25/4/2017 00:00:00

En el estudio de su apartamento en Bogotá el periodista Daniel Samper Pizano tiene colgados tres diplomas de los que se siente orgulloso: el de bachiller del Gimnasio Moderno que le costó un trabajo bruto conseguir; el de miembro de número de la Academia Colombiana de la Lengua y el de Académico Correspondiente en Colombia de la Real Academia Española que le otorgaron por sus “conocimientos lingüísticos, méritos literarios y demás circunstancias favorables”. Y es que Daniel ha contribuido a salvaguardar la lengua a través de su Postre de Notas, sus numerosos artículos periodísticos llenos de humor y los libretos de series tan exitosas como Escalona y Dejémonos de vainas, que son un referente de la televisión nacional. Así habló con Jet-set.

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¿Qué significa hacer parte de la Academia Colombiana de la Lengua?

"La Academia de la Lengua de Colombia cumple 150 años en 2021 y está en marcha una gran campaña a favor del español. Vamos a demostrar que en Colombia se habla el mejor español del mundo. La del país es la primera Academia que se fundó en América Latina y por ahí han pasado lingüistas extraordinarios como Cuervo y el viejo Caro. Para una persona que quiera esta lengua, como es mi caso, porque me ha dado de comer a mí y a mis hijos y me permitió educar a mis nietas, no hay nada más honroso que trabajar por la lengua. En la Academia hay distintas especialidades: lingüistas, científicos, literatos, periodistas y lagartos como yo, que somos tipos que sabemos un poquito de muchas cosas y que aportamos entusiasmo y cariño".

¿Es verdad que somos el país que mejor habla el español?

"Pues cuando me pongo a ver la televisión, leo la prensa y oigo la radio digo es una fantasía creer eso. Diría que somos el país que tiene una historia más clara de identidad y amor por el español. Desde que en el bachillerato se abandonó el castellano como materia hemos echado para atrás duramente. Justamente lo que estamos promulgando es volver a picar el orgullo del colombiano por la calidad del español y el amor a la lengua".

¿Cómo son esas reuniones de la Academia?

"Hay comisiones, no he entrado todavía a ninguna porque soy muy nuevo, pero aspiro a participar en la de la defensa del español. Casi siempre los lunes hay una reunión en la que un académico presenta un trabajo. Hace unos días tuvimos a Vicente Pérez Silva, un experto en Cervantes. Después comenté que El Quijote de la Mancha era una obra maravillosa, pero que era un error gravísimo tratar de obligar a los niños de 12 años a que lo leyeran, porque acababan odiando la lengua española. Mi propuesta fue que buscáramos unos capítulos de El Quijote que fueran buenos para niños. Hay uno en el que Sancho está muy mal del estómago y empieza a generar unos olores horribles y unos ruidos extrañísimos y les echa la culpa a unos gigantes que no existen. Yo les puse a leer a mis hijos ese capítulo cuando tenían 11 o 12 años y les fascinaba y de ahí le cogieron cariño a El Quijote".

Daniel no recibe sueldo por ser miembro de número de la Academia Colombiana de la Lengua. Bromea con que tiene que entrar un político para que les empiecen a pagar. Foto: Karen Salamanca. Producción: Carolina Álvarez Tavera.

¿Para ser miembro de número hay que ser mayor de 50?

"Yo soy uno de los sardinos, ahí donde me ve con mis 71 años. Hay muchos académicos jóvenes pero que la gente no conoce. Algunos leen latín y griego como quien lee al doctor Uribe, con una facilidad extraordinaria".

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¿Ese amor de las letras viene de familia?

"No, en mi familia hay una tendencia clarísima hacia la arquitectura, la mayoría de mis primos y tíos son arquitectos. Literatos hay pocos, mi abuelo era el único de los hermanos Samper Ortega al que le interesaba leer y tenía una biblioteca importante. De él viene la línea de la literatura, que obviamente es la más pobre de la familia, pero a la cual pertenecemos cada día más. Mis papás eran buenos lectores y desde niño me compraban libros. En el colegio mi territorio no eran las matemáticas, la física o la química; pero había otras cosas para las que era bueno como mamar gallo, el fútbol y escribir, entonces me esmeré en hacerlo bien, porque no se puede ser malo en todo. Siempre tengo libros: en la mesa de noche, en el carro, etcétera. También hago crucigramas y juego scrabble".

Ahora está de moda decir las y los ¿qué piensa de eso?

"Ese es otro error que se han inventado, creen que la mujer dejará de ser explotada el día que digamos ciudadanos y ciudadanas. Así no se va a arreglar el problema de la igualdad de sexos. Soy enemigo absoluto de esa duplicación y al que quiera un ejercicio cómico que se lea la nueva Constitución venezolana, es casi divertida. Aquí se está poniendo de moda y lamentablemente la izquierda cree que esa es una manera de hacer visibles a las mujeres, y eso lo que hace es hacer invisible un tesoro que es nuestra lengua, que hay que proteger como se protege a los bosques o a los animales silvestres. Es un patrimonio de todos, no solo de la Academia de la Lengua. Lo que hace esta institución es recoger lo que la gente dice y ponerlo en los diccionarios y, luego sí, dar una serie de normas que tiene que ver con gramática u ortografía. Pero su misión no es sentarse a pensar un día cómo llamamos este aparatico y ver quién dice la palabra más rara".

Usted, un defensor del español, tituló uno de sus libros Breve historia de este puto mundo y su hijo Daniel usa la palabra puto en todo lo que hace.

"Puto hace parte del español y está en el diccionario. Si uno lee a Quevedo y a Cervantes la encuentra. Como decía Fontanarrosa en un Congreso de la Lengua ¿por qué les dicen malas palabras? ¿Por qué les pegan a las otras? Cuando uno se reúne con amigos de la Academia las dice y hasta echa chistes verdes".

¿A propósito ya vio Mi puta obra de su hijo Daniel Samper?

"La he visto dos veces y me encantó. Me parece que en Colombia, un país tan jodido y donde hay tantas discrepancias, es un lujo que haya libertad para hacer una sátira como la que hace Daniel y muchos otros".

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¿Daniel siempre dice que usted le recomienda no hacer el oso?

"Eso dice ese miserable, él desde que lo desheredé, se porta muy mal conmigo. Le dejé todo al Santa Fe porque merece mi apoyo. El humor de él es más sarcástico y el mío más costumbrista. Me gusta mucho lo que hace, es ingenioso, divertido, aunque yo no haría lo que él hace".

¿No le da temor de que le pase algo por ser tan satírico?

"Este es un oficio en el que da miedo todo. Yo hice investigación en El Tiempo muchos años y terminé pagándolo con el exilio. Pero creo que el humor, y el hecho de que se burla de todo el mundo, hace que sea una actividad menos hiriente de lo que hubiera sido si solamente enfilara para un lado. En la obra se burla de Santos, de Uribe, de su familia y de él".

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¿Ese humor viene de familia?

"Cuando nos reunimos es muy divertido, en mi familia todos somos muy ingeniosos y hay casi que un afán cariñoso por joder al otro. Nadie pide la palabra para echarse piropos, eso es ridículo, sino para ver cómo se burla del peinado o del vestido. Nos tiramos mucho rayo. Mi mamá era muy divertida y nos mamaba gallo a todos".

¿Ha pensado en hacer un stand-up comedy o volverse youtuber como Daniel?

"No, yo de redes sociales cero. Primero porque quitan mucho tiempo y segundo porque cada cosa tiene su edad. A mí me cuesta mucho trabajo meter un teléfono en mi agenda de contactos, duro una hora hasta que me toca llamar a una de mis nietas para que lo hagan. Lo mío es el puto periodismo y ahora también soy escritor e historiador; porque estoy dedicado a contar la historia colombiana y universal pero con gracia y de una manera más chistosa, porque creo que ese es un camino más expedito que el análisis fenomenológico de Hegel sobre la historia".

¿En qué lo supera su hijo Daniel?

"En la calvicie y cuando dirigía SoHo en muchas cosas más, ya estamos igualados. En la época en que dictaba conferencias siempre había al final seis o siete muchachas que querían que las palanqueara para salir en la revista. Yo pedí ese puesto, hacer la selección de las modelos, pero me lo negaron por nepotismo".

¿Las redes sociales degradaron el lenguaje?

"Crearon otro lenguaje en el cual la vulgaridad es mucho más frecuente y se acortaron las palabras porque solo se puede escribir en 140 caracteres. El punto es hasta qué dimensión ese nuevo lenguaje llega a influir en lo cotidiano".

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Ser miembro de la Real Academia de la Lengua suena como a ser caballero de la Mesa Redonda.

"A muchos les parece que la Academia es como una especie de masonería. Yo voy a las reuniones sin corbata y nadie me ha dicho que me la ponga. Los que creen que es una cosa adocenada no saben de qué se trata. En la española hay unos tipos extraordinarios, escritores jóvenes muy buenos como Pérez Reverte o Marías, gente divertidísima a los que he conocido yendo a fútbol".

Disfrazado con la máscara de Messi y la camiseta de la Selección Colombia, señala los diplomas que le dieron en diciembre en las Academias de la Lengua de Colombia y España. Las dos pasiones de Daniel son las letras y el fútbol. Foto: Karen Salamanca. Producción: Carolina Álvarez Tavera.

En su primera intervención como académico aprovechó para mandar un mensaje de apoyo a los taurinos.

"Sí, sinceramente creo que ahora es muy cómodo ser animalista y esas cosas, pero a mí no me sale de los cojones serlo. Me ha parecido muy lindo cuando he visto torear bien, sin que tenga que ser taurófilo como Antonio Caballero, quien ha escrito cosas maravillosas sobre los toros. Ese día dije que sentía que el toreo es un arte. Ver a César Rincón citar a un toro a la mitad de la plaza en un silencio absoluto y recibirlo sin mover un centímetro los pies, es una cosa emocionantísima coño".

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¿Para qué sirve el diploma de la Academia de la Lengua?

"Para descrestar a periodistas y para entrar a la Real Academia Española. La de ellos tiene más mañas que la colombiana en el sentido en que hay reuniones a las que no pueden ingresar sino los académicos y el rey Felipe, yo siempre quise ser rey para poder entrar. Ahora soy correspondiente en Colombia y puedo participar en esas sesiones".

¿Qué dijo Daniel de su nombramiento?

"Allá estaba de lagarto envidiándome, claro. Él estudió literatura y fue profesor de esa materia y, a pesar de que tenga que ganarse la vida deshonrosamente como ahora, no se le pasa que existe todo un mundo maravilloso al que ha tenido acceso. Él escribió un ensayo muy bueno sobre Carranza y lo leyó en la Casa de Poesía y tiene una vinculación honda con la literatura. El día de la posesión estaban hasta mis nietas, durmieron todo el tiempo, pobrecitas; pero cuando leía un texto de Quevedo en el que decía palabras como culo o caca les parecía graciosísimo y decían: ‘¡Ese es mi abuelo!‘".

El día de su designación hicieron mención a su abolengo.

"Sí, alguien dijo que venía de una familia muy linajuda y le dije linajuda nada. El primer Samper que llegó a Guaduas, como en 1870, o por ahí no sé, se enamoró de una señorita de Bogotá muy distinguida, y el suegro les preguntaba a sus amigos: “Y este de dónde viene, ala”, y le decían: “Es gente bien de tierra caliente”. Lo que pasa es que alguien me hizo un atentado ni el verraco y publicó en Wikipedia que venía de una familia de condes y marqueses y no lo he podido borrar. Algún amigo mío, de puro hijueputa, puso eso, pero ya tengo un tipo especialista en internet viendo a ver quién me hizo ese daño".

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