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Daniel Samper Ospina el hombre de los desnudos y las letras

Daniel Samper Ospina el hombre de los desnudos y las letras

Revista Jet-set

El director de SoHo celebra los 15 años de la revista más atrevida del país. Las fotos de mujeres desnudas alternadas con textos de los mejores escritores de América Latina transformaron el modo de pensar de algunos colombianos. Otros protestan. Y él dice que son su mejor agencia de publicidad.
Daniel Samper Ospina resalta que en SoHo siempre se cuidan de no violar la privacidad de los demás: “Nunca caeríamos en algo como lo que hizo la Negra Candela con el video de una actriz reconocida, por poner un ejemplo”. Foto: Imagen Reina/14
Por: Edición 29012/9/2014 00:00:00
Su primera revista como director de SoHo salió en octubre de 2001. La modelo Claudia Lozano fue la portada, y al lado, en letras negras y doradas, anunciaba una crónica de Roberto Fontanarrosa en la que el escritor argentino se preguntaba con su característico humor: “¿Cómo alguien, sin pagar por su atrevimiento, puede proponerme escribir un artículo titulado Si yo fuera futbolista?”. Por supuesto el atrevido era Daniel Samper Ospina, quien desde su sencilla oficina ha logrado persuadir a lindas modelos, grandes plumas y lectores de todo tipo de que hablar de sexo no es de mal gusto; de que un desnudo puede ser erótico y no vulgar; y de que los intelectuales no se relacionan nada mal con los asuntos cotidianos. Su consigna es “hacer una revista moderna y original, capaz de romper tabúes y ser una plataforma para publicar el mejor periodismo narrativo de Latinoamérica”.

Los 15 años de SoHo lo pillan con sus 40 recién cumplidos, “edad terrible en que los hombres forcejeamos de manera penosa contra el paso del tiempo”, dice. Hoy, después de 13 al frente de la publicación, insiste en que no tiene nada que ver con Hugh Hefner, el creador de Playboy, quien pasa sus días entre conejitas semidesnudas. De las Claudias que Samper conoce (Bahamón, Lozano, Perlwitz y Vásquez han posado para su revista), la única que le quita el sueño y le mueve la aguja es Claudia García, su esposa y madre de sus dos hijas.

Desde que fue nombrado director de la revista solamente ha ido al estudio de fotografía en cuatro ocasiones, y eso porque tenía que cumplir su rol de anfitrión y estar pendiente de sus invitados. Precisamente con ellos celebrará este aniversario y lo hará con una fotonovela en la que aparecerán más de 70 personas, entre deportistas, políticos, escritores y modelos, quienes, según Daniel, “han ayudado a hacer nuestra historia y cometieron la feliz travesura de ser nuestros cómplices”.



¿Cómo escogieron a los personajes? -La modelo de la portada, Natalia Silva, ganó un concurso de libre inscripción en el que participaron más de 600 mujeres, elegimos cinco finalistas y ella ganó con más de 30 mil votos. Quienes aparecen en la fotonovela que ella protagoniza son amigos de SoHo: desde Amparo Grisales y Natalia París, hasta Humberto de la Calle o Jorge Robledo, pasando por el escritor Martín Caparrós, el exmagistrado Carlos Gaviria, Oscar Córdoba, el gran Carlos Vives, entre muchísimos más.

Las fórmulas se agotan, ¿cómo mantenerse y seguir? -SoHo es una revista escrita por intelectuales para un público no intelectual; una publicación ligera con firmas sobresalientes. Esa fórmula no creo que se agote nunca. Pero es evidente que con el asunto de las fotografías eróticas sucede lo mismo que con los afónicos: mientras más esfuerzan la voz, más la pierden. Cuando el desnudo se nos vuelve habitual, hacemos la edición de los desnudos callejeros. Cuando esos están dominados, inventamos los desnudos de parodia, como la edición de cine en que Mockus aparecía como Lincoln o la de los apóstoles de la Última Cena. El desnudo en SoHo es un elemento para desacralizar aquellas cosas que nuestra sociedad, tan doblemoralista en muchos asuntos, considera sagrados.

¿Cuál ha sido el mayor escándalo o el artículo que más polémica ha causado? -Muchos, pero quizás esa edición de la Última Cena sentó un precedente en la libertad de expresión, que esperemos no se pierda jamás. El primer desnudo masculino hecho en el país, protagonizado por “el Tino” Asprilla, también rompió paradigmas. Y nótese que ya hablo con expresiones como esa de “romper paradigmas”… ¡Qué vida triste!

¿Todavía le preocupa que los demanden? -Al revés. Los grupos religiosos, que suelen demandarnos, conforman nuestro departamento de publicidad: sin sus ataques, SoHo no sería la revista famosa y célebre que es hoy.

¿A qué le suena la frase: “No es pornografía, son desnudos artísticos”? -A lo que dice el procurador Ordóñez cuando observa una buena edición de SoHo, o Nacho Vidal cuando visita la Capilla Sixtina.

Si para usted Hugh Hefner es “un lobazo, que envejece entre batas de seda como cualquier mafioso”… ¿Quién es el director de SoHo? - Un hombre felizmente casado que pretende que a la edad de Hugh Hefner lo único que se le pare sea el corazón.

La mujer a su lado tiene que andar muy segura de sí misma. ¿Cómo describe a Claudia en ese sentido? No sé, no estoy seguro. Tendría que preguntarle a ella, que es la segura de la casa.

¿Qué pasaría si a sus hijas, Guadalupe y Paloma, les diera por salir desnudas en la portada de una revista? -Espero que mis hijas sean personas de bien: que no persigan a nadie por sus credos religiosos o políticos; que sean tolerantes; que no sean tan fastuosas como para contraer nupcias en medio de adornos de oro del siglo XVII mientras personas cuestionadas les llevan fajos de dinero en sobres… Y que salgan en SoHo si se les da la gana.

¿A quién no ha podido convencer de aparecer en SoHo? -Ya es tradición llamar a Paola Turbay una vez al año para que diga que no acepta. Es casi un agüero. Lo mismo que pedirle un cuento a Quim Monzó y que nunca lo mande. El día que Paola salga en portada y en la edición venga un cuento de Monzó nos toca renunciar.

¿Es cierto que usted es tímido? -Más que tímido, desarrollé una fobia a los cocteles y eventos sociales que ya no tiene remedio. Es algo crónico. Pero por cortesía con quienes me invitan siempre mando a Jean Claude Bessudo a que me represente.
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