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Dalita Navarro y Belisario Betancur, embajadores de Barichara

Dalita Navarro y Belisario Betancur, embajadores de Barichara

REVISTA JET-SET

Barichara, en Santander, es el refugio del expresidente y su esposa, quienes sienten tanto amor por este lugar que hoy son los promotores más comprometidos con su cultura y tradiciones. Ella dirige el Taller de Oficios donde en noviembre inauguró un museo con su colección privada de cerámica.
Dalita y su esposo, el expresidente Belisario Betancur, en el taller de encuadernación que tienen en su escuela en Barichara.
Por: Revista Jet-set.20/12/2016 00:00:00

La primera vez que Dalita Navarro pisó Barichara, Santander, fue hace 18 años cuando era diplomática de la embajada de Venezuela en Colombia y quedó enamorada de este pueblo colonial que ha sido catalogado como el más lindo del país por sus calles empedradas llenas de historia, sus blancas fachadas en tapia y su clima de tranquilidad.

Años después, cuando se casó con el presidente Belisario Betancur, él le propuso que compraran una casa allí para pasar sus días de descanso y aceptó encantada. “Cuando llegamos me di cuenta de las falencias que tenía esa comunidad y pensé en ayudar enseñándoles lo que yo sabía hacer. Les empecé a dar cursos de lavar, planchar, desmanchar, etcétera”, tareas en las que siempre ha sobresalido. “Si tú ves mis manteles cuando los pongo provocan”, dice, con su acento caribe bien marcado.

De esas enseñanzas nació hace nueve años el Taller de Oficios de Barichara, en el que capacita anualmente entre 180 y 230 lugareños. Dalita es la directora y se encarga de conseguir maestros experimentados de Colombia o el extranjero para que los capaciten en diferentes tareas. Hace poco trajo al mexicano Juan Manuel De La Rosa, quien les enseñó la técnica de hacer papel que aprendió en Japón.

En la escuela donde antes funcionaba un internado de señoritas, dan talleres de encuadernación, telar, música étnica, gastronomía, panadería y cerámica, que es la profesión de esta gestora cultural. En noviembre, inauguró en el segundo piso, un museo con su colección de cerámica de 200 piezas que incluye, además de sus obras, la de reconocidos artistas venezolanos, ingleses, españoles y americanos.

Dalita vive en Bogotá y viaja al pueblo cada tres semanas para supervisar el progreso de los alumnos, los felicita cuando hacen algo bien, pero con el mismo cariño los ‘regaña’ cuando hacen algo mal. Allí los días no le alcanzan para todo lo que tiene que hacer, le gusta cocinar e invitar a sus amigos, entre ellos el pintor David Manzur, quien vive a la vuelta de su casa, a probar sus recetas, mientras disfrutan de una animada conversación. El ‘Pre’, como le dice cariñosamente a su esposo, es el encargado de entretenerlos con sus anécdotas cargadas de sabiduría e historia. Los dos son generosos con su conocimiento y los une el amor por las letras y las artes.

La venezolana, quien vive en Colombia hace 21 años, y Belisario se han convertido en dos embajadores de Barichara y su labor ha servido para atraer a más turistas. Una de las cosas que mejor hacen es enseñar a los ‘patiamarillos’, como llaman popularmente a los nativos de esta región, a atender bien a sus visitantes. “Gracias a eso ahora hay más restaurantes, más hoteles y más actividades por hacer”, dice. Cada año, la Fundación Escuela Taller organiza el Festival Punto de Encuentro que incluye, entre otras cosas, un concierto de música clásica y colombiana. “En una ocasión invitamos a Teresita Gómez y nos pidió que le lleváramos un piano de cola completo. En la iglesia principal la gente se paraba a tomarse fotos con el piano y decía: ‘esto qué es tan largo’”, cuenta Dalita con esa sonrisa que siempre tiene dibujada en su rostro.

Por el trabajo que hace con la comunidad recibió este año en Nueva York el premio Women Together que les entregan a importantes líderes que con sus proyectos sociales han ayudado a mejorar las condiciones de vida de la gente. “Yo espero que el taller siga creciendo sin volverse ambicioso porque de a poquitos es que se logran las cosas”, dice, con la satisfacción del deber cumplido.

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