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Cristina Plazas Michelsen llora por los niños de Colombia

Cristina Plazas Michelsen llora por los niños de Colombia

REVISTA JET-SET

La directora del ICBF se enfrenta, cada día, a casos de violación, maltrato y desnutrición infantil en Colombia. Su más reciente batalla se centra en lograr que más personas adopten niños con condiciones especiales y que estos procesos se hagan en un plazo más corto.
Cristina Plazas heredó la vena política de su padre, Édgar Plazas, quien fue presidente de la Comisión Nacional de Televisión, alcalde local de Kennedy y estuvo detrás del proceso de reestructuración de Acerías Paz del Río.
Por: 22/10/2015 00:00:00
Su experiencia de un poco más de un año como directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar la mantiene en una montaña rusa de sentimientos. A Cristina Plazas unos días la invade la tristeza por la situación de los niños maltratados, que han sufrido de violencia sexual o de desnutrición. “Mi mayor frustración es que después de todo el esfuerzo por combatir la corrupción, en La Guajira y el Chocó, los niños sigan muriendo de hambre. Pero este no es un problema solo del Gobierno, sino de las comunidades indígenas que deben ser conscientes de que ellos también forman parte de la solución”. Sin embargo, se siente satisfecha al participar de historias tan conmovedoras, como la de familia de cinco hermanos que fueron adoptados justo cuando pensaban que por sus edades, entre 5 y 16 años, era imposible que alguien los quisiera, y mucho menos a todos juntos.
Con un tono suave, pero haciendo énfasis en cada palabra, Cristina aclara que la verdadera paz del país debe tener como base el respeto por los derechos de los menores. Ella, que empezó su carrera pública a los 23 años como edil de la localidad de Chapinero, hoy centra su lucha en que ninguno de los 9500 niños a cargo del Instituto sea calificado como de “difícil adoptabilidad”. La campaña que lidera, “Cuando das amor renaces”, incentiva la adopción a través de imágenes de niños mayores de 8 años, o con algún tipo de discapacidad, que vuelven a la vida cuando se encuentran con sus nuevas familias. “He sido testigo de finales felices. Como el de Paula, que llegó a la mayoría de edad esperando a que alguien la adoptara a ella y a Camila, su hermanita menor, y con una gran dosis de sacrificio la dejó ir a Estados Unidos con sus padres adoptivos para que tuviera un futuro diferente. O el caso de una adolescente, quien había sido violada siete veces, y ahora renace en su nueva casa”.
Para Cristina, su padre, Édgar Plazas, a quien le diagnosticaron cáncer pulmonar hace unos meses; su mamá, Juanita Michelsen, con quien comparte su casa, y su hermano menor, Camilo, han sido su soporte. “Tengo la bendición de una familia con un principio de solidaridad muy arraigado. Mis abuelos nos llevaban desde muy niños a la laguna de Tota a darles regalos a los niños en Navidad y en los días de las primeras comuniones”. Ella dice que en enero encontró al amor de su vida: un hombre que está dispuesto a cambiar el mundo a su lado. Aunque aún no es madre, es testigo de primera mano de la felicidad de tener un hijo adoptado. Su tía Carolina Michelsen trajo a la familia a Stefan y Martín, quienes hoy tienen 13 y 8 años. “Mis primos son la prueba de que los lazos no son solo de sangre, sino que pueden nacer de la grandeza del amor. Definitivamente uno de los días más felices de mi vida fue cuando los abracé por primera vez en ‘La casa de la madre y el niño’. Es una conexión inexplicable, Dios le manda a uno esos chiquiticos”.
Su tranquilidad se pierde cuando se enfrenta a las críticas por lo que ella llama “creencias erróneas acerca de la adopción”; por ejemplo, que los extranjeros tienen prioridad en cualquiera de las ocho Instituciones Autorizadas para Desarrollar el Programa de Adopción (IAPAS), en Colombia: “Lo que realmente sucede es que los colombianos quieren bebés recién nacidos y, aparte, piden que sean sanos. Mientras que las parejas que vienen de fuera del país solo pueden adoptar niños con características especiales”. Otra de las quejas es que los procesos se tardan entre dos y tres años, pero Cristina explica que esto se debe a que hay demasiadas solicitudes para niños chiquitos, que las cifras de abortos han aumentado en todo el mundo, y hay más parejas con problemas de infertilidad.
Hace solo dos meses vivió otro momento inolvidable, cuando les entregó un bebé de dos años a sus mejores amigos, Claudia Uricoechea y Javier Jaramillo, en FANA, otra de las fundaciones autorizadas en Bogotá. Pero aclara que para poder adoptar, todo el mundo, sin excepción, debe seguir un proceso riguroso. “En Colombia somos reconocidos por nuestras buenas prácticas. Los defensores de familia y el Comité de Adopción se cercioran de que los aspirantes tengan idoneidad física, social y mental”. Plazas resalta que muchas veces, después del primer taller sobre las responsabilidades, algunos reconocen que no están preparados para ser padres y desisten.
¿Las parejas homosexuales están preparadas? “En Colombia no está permitido. Pero independientemente de que la Corte o el Congreso lo aprueben o no, eso no cambia nada el proceso. Nosotros vemos la adopción como un derecho del niño, no de los padres”.
Esta abogada Javeriana, con especialización en Derecho Administrativo de la Universidad del Rosario, admite que en el tiempo que lleva en su cargo ha ganado muchos enemigos. “Cuando se hacen cambios estructurales y uno está en contra de tantas mafias, se expone. La gente estaba acostumbrada a abusar de la prestación de servicios para los niños y lo ven como un negocio. Ellos están en mi contra, porque en esta administración no tienen cabida”. Cada vez que puede, Cristina Plazas Michelsen, fiel devota de santa Marta, dice que quiere cambiar el mundo. Y cuando se le hace caer en cuenta de que puede sonar como un cliché, sonríe tranquila y recalca que los resultados de su gestión hablan por ella, dice que su mayor logro ha sido no ceder ante las presiones políticas y su lucha en contra de la corrupción: “Antes, el ICBF estaba invadido de políticos, ahora sus únicos dueños son los niños”, concluye.
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