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Cristina Plazas Michelsen: “En Colombia las mujeres no somos una minoría"

Cristina Plazas Michelsen: “En Colombia las mujeres no somos una minoría"

Revista Jet-Set

De abuelo banquero, Jaime Michelsen, y padre político, el liberal Édgar Plazas, esta joven es una de las fichas más importantes del gobierno Santos. Hace un mes, la alta consejera para la Equidad lanzó una política pública que busca defender a capa y espada los derechos de las mujeres en Colombia, y para lograrlo encontró el apoyo de la directora ejecutiva de ONU Mujeres, Michelle Bachelet.
La alta consejera para la Equidad de la Mujer asegura que la paz en Colombia solo se va a lograr cuando el país tome conciencia de que el peor enemigo que tiene la sociedad es la violencia intrafamiliar, antes no. Foto: Imagen Reina/12.
Por: 19/10/2012 00:00:00
Cristina Plazas es abogada de la Universidad Javeriana con especialización en derecho administrativo del Rosario. A los 23 años ocupó el cargo de edil de la localidad de Chapinero, fue secretaria privada de la Presidencia del Senado y concejal de Bogotá entre 2003 y 2007, desde donde impulsó la creación del Instituto Distrital de Turismo y denunció el carrusel de la contratación. Conoció a Juan Manuel Santos en la Fundación Buen Gobierno, durante la campaña presidencial fue su secretaria privada, y luego secretaria del Consejo de Ministros. Hace un año, Santos la nombró alta consejera para la equidad de la mujer. “Era un cargo que nadie quería, no es un tema prioritario para ningún funcionario, la gente se imagina a unas feministas gritando como locas, que por cierto ya soy una de ellas”. Dice que a muchos se les olvida que hace cincuenta años en Colombia las mujeres no tenían derecho a votar y que a veces es necesario tomar esas posiciones tan radicales para que les paren bolas. Eso sí, aclara que más que feminista es humanista.

Desde que la nombraron se ha vuelto monotemática y, como ella misma dice, hasta “intensa”, especialmente cuando se trata de convencer a sus colegas políticos de que las mujeres no son un tema secundario. “Hay que desvirtuar la teoría de que somos el sexo débil y una minoría. Nosotras representamos el 51 por ciento de la población. Los gobiernos no pueden seguir haciendo ‘proyecticos’ o ‘programitas’, tienen que empezar a pensar el país desde el punto de vista de mujeres y hombres.

En Colombia hay una brecha muy grande entre los dos sexos. Nosotros ganamos 20 por ciento menos de lo que ganan ellos en un mismo puesto pese a que trabajamos 10,8 horas más durante la semana. Las que usamos tacones en Bogotá vivimos surfeando porque los andenes no fueron pensados para eso, son cosas obviamente superficiales, pero que nos afectan día a día”, explica Plazas. Para cambiar esa realidad trabaja de la mano de los ministerios y de los presidentes de los partidos políticos, con los que hace poco logró firmar un acuerdo en el cual se comprometían a incluir el tema del embarazo en adolescentes en sus planes de desarrollo y su presupuesto. “La solución no es enseñarles a los jóvenes a usar un condón o un método anticonceptivo, sino darles la oportunidad de que puedan planear su futuro”.

Es consciente de que en Colombia, un país machista que justifica la violencia contra la mujer, su trabajo no es fácil, pero no está dispuesta a dejarse vencer. En el 2011 se presentaron 43.989 casos de violencia física de pareja, y de esa cifra el 85 por ciento de las víctimas son mujeres. Cristina cita un estudio reciente, que hizo la Alta Consejería, la Presidencia y Naciones Unidas, en el cual el 59 por ciento de los hombres encuestados cree que las mujeres que se “visten de manera provocativa” incitan a que las violen, otro 18 por ciento piensa que las que sufrieron violencia sexual es porque se lo merecían y el 41 por ciento cree que la mujer debe dedicarse a cuidar a los hijos y a cocinar.

A ella, que creció en un hogar de padres separados pero con mucho amor, se le arruga el corazón cada vez que escucha que una mujer es agredida física, sexual o mentalmente. Hace poco una funcionaria entró a su oficina y la encontró llorando por un caso de violencia intrafamiliar. La funcionaria le recomendó que se acostumbrara porque esas cosas pasaban diariamente en esa consejería. La respuesta de Cristina fue contundente: “El día que a mí me dejen de doler o de sorprender estas situaciones me fregué”. Eso es precisamente lo que la hace levantar todos los días de la cama e ir a trabajar.

Es una de las personas más cercanas a Juan Manuel Santos y forma parte de ese “kínder” de funcionarios que tiene en el gobierno el jefe de Estado. “Para mí es un elogio que me digan que soy política. A los dirigentes nos han estigmatizado como ladrones o rateros; en este gremio hay algunos que definitivamente merecen estar en la cárcel, pero también hay personas que trabajamos para mejorar el país”. No descarta la idea de ser presidenta de Colombia, pero para lograrlo —dice— hay que ir pasito a pasito. “Hace tres semanas lanzamos la Política Pública de Equidad de Género para las Mujeres. Viajamos a varias regiones, hablamos con más de dos mil y fueron ellas las que nos mostraron sus problemáticas y nos dieron soluciones”. En este proceso, Cristina se apuntó un hit al lograr el apoyo de la directora ejecutiva de ONU Mujeres, Michelle Bachelet.

Ahora su prioridad es presentar un proyecto de ley para que las mujeres tengan acceso a la justicia y crear en enero del 2013 la Subdirección de Género en el Departamento de Planeación Nacional. La nieta del banquero Jaime Michelsen no niega que sus apellidos le han abierto puertas, pero considera que está donde está por haber hecho un buen trabajo. “Mi papá vive frustrado porque antes me preguntaban: ‘¿Tú eres la hija de Édgar Plazas?’. Y ahora le preguntan a él: ‘¿Tú eres el papá de Cristina Plazas?’”.

De su padre precisamente heredó la vena política, pues Édgar Plazas fue presidente de la Comisión Nacional de Televisión, alcalde local de Kennedy y estuvo detrás del proceso de reestructuración de Acerías Paz del Río. Cristina es la consentida de la casa y la única hija mujer, su hermano menor es publicista. Tiene 35 años, es soltera y vive con su mamá, Juanita Michelsen, quien parece su roommate; se acaban de ir juntas de vacaciones a Miami y a Nueva York, donde recargará energías para regresar al país a seguir defendiendo los derechos de las mujeres.
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