Suscríbase

Reciba en su correo nuestras noticias y entérese de lo último de los famosos.

Conozca a los famosos que prefieren los gatos

Conozca a los famosos que prefieren los gatos

REVISTA JET-SET

Estos mininos son más famosos que sus propios dueños, tienen cuenta en Instagram y un importante grupo de seguidores en las redes sociales. Sus amos se refieren a ellos como sus hijos y “sacan las uñas” cuando alguien se atreve a criticarlos.
Por: Revista Jet-set.25/6/2015 00:00:00

Clara López Obregón,
Atarván, Ambrosio y Rufino

La candidata a la Alcaldía de Bogotá por el Polo Democrático comparte su casa con cuatro gatos criollos que llegaron a su vida sin premeditación. Ambrosio, el mayor de la manada, ha sido el mejor regalo que ha recibido de su nieto Camilo Villa, quien la sorprendió con este peludo en la Navidad de 2008. Atarván apareció hace cinco años en una tienda de carretera, desgarbado y hambriento. Con la complacencia de su esposo, Carlos Romero, lo subió al carro rumbo a Bogotá. “Sentí que me lo había mandado mi padre desde el cielo. Es el más amoroso y consentidor. Antes de que me descubrieran el tumor benigno en el cerebro el año pasado, Atarvis se me acostaba siempre al lado derecho, cerca de la cabeza y hasta ahora descubro que él ya sentía que algo no andaba bien”. Por otro lado, Rufino y Gato con Botas, a quien no hubo poder humano que lo convenciera de salir debajo de la cama para la sesión de fotos, son los más pequeños. Los rescató de una banda delincuencial, después de que su madre gatuna murió atropellada por un carro. A todos les dice Gatuchis, y los cuatro duermen con ella y su esposo en la cama king size. “Si no los dejamos entrar, no paran de raspar la puerta con sus garritas”, confiesa Clara, quien en sus años de colegiala se enfrentó a una maestra que se atrevió a decir que los animales no tienen alma.

Vladdo y Nepal

Vladdo nunca pensó en ser papá después de los 50 y menos en adoptar un hijo. Hace aproximadamente un mes llegó a su casa un nuevo integrante de la familia: un gato criollo que lo tiene con el corazón realmente hinchado de amor. “Yo siempre había querido tener una gata y un día mi sobrina, que estudia veterinaria en La Salle, me llamó a decirme que habían ido a regalar una a la Universidad y que si me interesaba quedarme con ella. Me mandó una foto y me pareció divina. Cuando fui a recogerla me salió con la sorpresa de que ya no era gata sino gato”. Lo bautizó Nepal, pues acababa de ocurrir el terremoto y quería hacerle un homenaje a sus víctimas. “Es una gozque, en esta casa no hay nadie de sangre azul”, bromea. Al principio Vladdo tenía miedo de cómo iba a reaccionar Lina, su perra, con la llegada del peludo minino. “Hasta ahora no hemos tenido problema. Es muy gracioso verlos porque él la busca y la torea, ella le ladra y lo corretea hasta que él se encarama en un sitio alto”. Dice que curiosamente el gato, que tiene fama de independiente, ha resultado ser más querendón que Lina. “Siempre que llego me saluda mientras que la perra ni se mosquea”. Le habla como si fuera un bebé y él le responde con maullidos y ronroneos. “Aunque la gente no lo crea yo soy más gato que perro. Soy independiente, caprichoso, juguetón y hasta tengo ojos de gato”, dice el caricaturista. 

Iván Lalinde e Irene

Irene, la gata criolla del presentador Iván Lalinde es más famosa que él, ya incluso posó para una divertida sesión de fotos en la revista colombiana de mascotas 4 Patas. “Hace poco fui a un evento a Cúcuta y había gente con carteles que decían: ‘Amamos a tu gata’, eso me pareció muy divertido”. Pero a diferencia de su amo, Irene no es muy amiga de las cámaras y solo se relaja cuando el fotógrafo es Iván, quien le tiene toda la paciencia del mundo. A la gata la encontraron abandonada en la cancha de un colegio al norte de Bogotá con señales de maltrato y la llevaron a una veterinaria en Chapinero, donde la vio una amiga de Iván y le propuso que la adoptará. “Yo no era muy gatuno, pero apenas la vi me enamoré”. El primer día que la llevó al apartamento se dio cuenta de que era sorda y que por eso era tan nerviosa. “Se parece a mí en que es muy cusumbo sola y le gusta madrugar. A las 3:30 o 4:00 de la mañana empieza a maullar para que me levante. Apenas me paro de la cama, ella se sube en su rascador a ver el amanecer”. Irene le ha ayudado a Iván a superar el duelo por la muerte de su hermano, quien falleció de un cáncer a comienzos de año. “Los gatos son una gran compañía, ellos se chupan toda la energía mala de uno del día. Yo llego a la casa cansado o con rabia, veo a Irene y se me olvida todo. Me acuesto a mirar televisión y ella se me arruncha al lado y eso es una delicia”. 

Raffaello, Mattia, Carbón y Romeo Di Sauro

Romeo, el persa rojo del chef italiano Raffaello di Sauro y su hijo, Mattia, es todo un gigoló: ha tenido aproximadamente 12 novias y más de 20 hijos, que por lo general le regalan a sus amigos. De una de esas camadas, hace tres años, nació Carbón, a quien decidieron conservar para ellos. Los dos cuentan que padre e hijo se la llevan muy bien, juegan por toda la casa y parecen más perros que gatos. Cuando los amigos de Mattia del Colegio Campoalegre llegan a hacerle visita, los mininos no corren a esconderse sino que salen a saludarlos. “Romeo es amoroso, consentido y sociable; todo lo contrario a Carbón, el peludo negro, que es arisco y malgeniado”. Son muy apegados a Raffaello, esperan que él llegue frente a la puerta y lo acompañan mientras cocina para su empresa de catering, Per Sé. El chef está pendiente de alimentarlos con una comida especial para ellos, aunque de vez en cuando les permite comer prosciutto y el salame, dos bocatti di cardinale para sus mascotas. Mattia, de 11 años, cuenta que sus gatos son cazadores por naturaleza y que cada que un bicho se cuela por el jardín o las ventanas, ellos no descansan hasta atraparlo y llevárselo como trofeo. Los Di Sauro aman tanto a sus gatos que no descartan tener otro persa que llegue a hacerle compañía a Romeo y Carbón. “Lo estamos pensando”, dicen casi que en coro.
LO MÁS VISTO